De marcha por Madrid

La incertidumbre de su noche es uno de los encantos de la capital española. Chueca, Malasaña, La Latina y Salamanca son algunos de los sectores imperdibles para bailar, tapear y tomarse unas cervezas.

La Gran Vía es una de las principales calles de Madrid y la postal favorita de los turistas. Comienza en la calle de Alcalá y termina en la plaza de España.iStock.

No importa si es invierno o verano. Madrid siempre está despierta, de fiesta, de juerga. Algunos consideran que lo único que le falta a esta ciudad para ser perfecta es estar cerca del mar, pero es un lugar, diría Joaquín Sabina, “donde el mar no se puede concebir”. Sus calles, invadidas por terrazas, atiborradas de gente y decoradas con luces que para el resto del mundo sólo lucirían bien en Navidad, la vuelven acogedora, amable, atractiva.

Madrid parece ser una gran casa y todos los que la habitamos alguna vez la recorremos seguros, tranquilos y maravillados. De tanto en tanto aparecen pequeñas placas que adornan los típicos edificios de tonos claros y narran a cuentagotas una historia: “Aquí falleció Federico García Lorca”, “Aquí vivía dentro de una caja de galletas, en la confitería Prast, Ratón Pérez”.

Aunque la mayoría de planes recomendados deben hacerse antes de las 5:00 p.m., como visitar el Museo del Prado o pasear por el Parque del Retiro, el verdadero encanto de Madrid está en la incertidumbre de su noche. Irse de marcha, como dicen los españoles; divertirse de bar en bar probando comida, buenos tragos y, por qué no, bailando.

No hay una sola zona de Madrid que no tenga un local para tomarse un tinto de verano (vino y soda) o unas cañitas (cerveza). Tal vez los mejores sitios para compartir unos tragos y comer unas picadas de charcutería, patatas bravas o tapas están en las plazas y sus calles aledañas. Muchos prefieren Plaza Mayor por estar en el corazón de la ciudad y ser el epicentro de la zona histórica, pero también hay otras plazoletas, como Santa Ana, que a pesar de ser pequeñas, son muy concurridas y llamativas.

Cerca de Santa Ana, en la calle Huertas, la música y las letras son protagonistas. En el suelo están plasmados fragmentos de textos de grandes escritores españoles. Lope de Vega, Miguel de Cervantes, Luis de Góngora, Gustavo Adolfo Bécquer acompañan a los transeúntes hasta llegar a un bar, como Cardamomo, ojalá con espectáculos de flamenco en vivo.

Para quienes tienen un gusto más alternativo está Malasaña, un espacio adornado con arte urbano, donde conviven en paz todos los gustos. Hay bares para los románticos, los metaleros o para quienes prefieren escuchar lo que está de moda. También decenas de restaurantes y tiendas de curiosidades y ropa.

Otro rincón divertido de la ciudad es Chueca, que en la década de los noventa se convirtió en el barrio de la comunidad gay. Poco a poco, se instalaron librerías, discotecas, restaurantes y almacenes, y los vecinos aceptaron compartir sus calles con este movimiento que impulsaba la tolerancia y la modernidad. En Chueca no hay prejuicios o exclusiones y por eso hoy es considerado uno de los referentes más importantes del movimiento LGBTI en el mundo. Black & White, Delirio, Why Not, Truco, Fulanita de Tal y el Long Play son algunos de los bares más famosos.

La Latina también es otro barrio al que en los fines de semana no le cabe un alma, porque es uno de los preferidos por los madrileños para tomarse unas cañas. La mayoría de locales se concentran en sus dos calles principales: Cava Alta y Cava Baja. Pero lo más bonito de este lugar son sus pequeñas y tranquilas plazas, como La Cebada, La Paja, la del Humilladero, la de San Andrés o la de Puerta Cerrada. La Musa Latina, Juana La Loca y Matritum son establecimientos sugeridos para comer y beber a buen precio.

Pero no siempre hay que entrar a un bar o restaurante. Si algo se aprende en Madrid es a gozarse la ciudad solo con contemplarla. Caminar de noche por la Gran Vía o Sol y detallar el movimiento frenético de la capital española es como gasolina para contagiarse del buen ambiente que la caracteriza. Si no le gustan las multitudes, hay decenas de terrazas, como la del Círculo de Bellas Artes, donde se toman increíbles panorámicas.

Para finalizar el viaje hay que dedicarle una noche a Salamanca, la zona más exclusiva de Madrid. La moda y el lujo pasean por las calles de Alcalá, María de Molina y Francisco Silvela, Serrano, Goya y Ortega y Gasset. Si quiere divertirse en este barrio famoso por sus coctelerías, el Teatro Barcelo o Kapital son hoy en día los lugares más frecuentados. Pero recuerde que hay que tener un buen presupuesto, porque pasarla bien en esta ciudad vale, y no solo la pena.

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