"Yo imito, no ridiculizo a los personajes": Hugo Patiño

hace 7 horas

Descubra los paisajes de la ruta libertadora

Recorrido por los departamentos que los ejércitos de Bolívar y Santander atravesaron en busca de la independencia. Su riqueza histórica y natural los ha posicionado como interesantes atractivos turísticos.

Simón Bolívar y Francisco de Paula Santander reunieron un ejército de más de 4.000 hombres. /Flickr

Han pasado casi dos siglos desde que el ejército de Simón Bolívar emprendió su viaje en busca de la libertad de la Nueva Granada. Un recorrido que abarcó cinco territorios del país cuyas características geográficas eran radicalmente distintas y le impondrían retos al Libertador en su valiente causa: Arauca, Casanare, Boyacá, Cundinamarca y Bogotá.

Todo comenzó en mayo de 1819, después de que Bolívar decidiera partir de Venezuela hasta Bogotá para emprender una lucha de 77 días para liberar a la Nueva Granada, un anhelo que se agudizó el 20 de julio de 1810 con el episodio del Florero de Llorente.

En junio de 1819, Bolívar se encontró con Francisco de Paula Santander en Tame (Arauca), para sellar una alianza que consistiría en que más de 4.000 hombres partieran rumbo a Bogotá para enfrentar las tropas españolas que estaban a cargo del coronel José María Barreiro.

De ahí en adelante, la historia ya la conocemos: las batallas de Paya, de los Andes, del pantano de Vargas y, finalmente, la de Boyacá, que terminó con la ejecución de Barreiro y 37 oficiales españoles sobrevivientes. Luego de la derrota, el virrey Juan de Sámano huyó rumbo a Cartagena, mientras que Bolívar arribó a Santa Fe de Bogotá.

Cada uno de los lugares por donde pasaron las tropas alberga monumentos, objetos y edificaciones que invitan a conocer o recordar cómo ocurrió ese momento histórico. Aunque seguir la ruta completa es algo complicado, es posible descubrir estos territorios a través de circuitos por los departamentos.

Una forma de hacerlo es a través de la Alianza Turística Ruta Libertadora, diseñada por instituciones públicas, empresas privadas y agencias de viajes. El primer circuito recorre Bogotá y Cundinamarca, el segundo visita los paisajes y pueblos de la campiña boyacense donde se libraron decisivas batallas, el tercero consiste en hacer la travesía hacia los Llanos Orientales y el último parte de Bogotá, pasa por Villavicencio y de allí se dirige a Casanare y Arauca, donde se concibió la campaña emancipadora y se organizaron las tropas.

Un paseo por el lago de Tota, en Boyacá; un recorrido por la imponente y única catedral de sal de Zipaquirá, en Cundinamarca; tardes de música llanera en Arauca, y las memorias que guardan los museos del centro de Bogotá son algunos de los planes que valen la pena y que, además de un rato ameno, evidencian que el esfuerzo de Bolívar no fue en vano y hoy somos un país que, en medio de sus dificultades, progresa.

Arauca
 
El 12 de junio de 1819, en Tame, se encontraron los hombres de Simón Bolívar y los que lideraba Francisco de Paula Santander para conformar un ejército de más de 4.000 valientes que protagonizarían una campaña de 77 días para pelear por la independencia de la Nueva Granada.
 
Se dice que en esta población, ubicada a 343 metros sobre el nivel del mar, en una meseta de la cordillera Oriental, nació el Ejército Nacional de Colombia. De hecho, ese día en que se encontraron, Bolívar y Santander dieron un emotivo discurso en el que nombraron a Tame como la cuna de la libertad.
 
Un honor que ha intentado aprovechar para atraer visitantes que no sólo quieran adentrarse en su historia sino disfrutar de los paisajes y las manifestaciones culturales de este departamento.
 
Su capital, Arauca, está a orillas del río que lleva el mismo nombre, en la frontera con Venezuela. Es una ciudad llanera que sorprende con atractivos como el parque de los Poetas, el velódromo, el coliseo y el Museo de la Cultura. A cinco minutos sobresale el puente José Antonio Páez, que une los dos países y desde el cual se contemplan atardeceres inolvidables.
 
El malecón, remodelado en 2002, es otro escenario ideal para admirar el paisaje. En el centro se encuentra el parque de Bolívar, con un busto del Libertador que les recuerda a locales y viajeros que Arauca fue por un día la capital del país.
 
Recorrer la Av. Ciudad de Arauca es la oportunidad de contemplar la arquitectura típica de la región y, aunque no es muy grande ni vistosa, la laguna La Madrevieja, en pleno centro, se ha vuelto muy concurrida por cuenta de una leyenda que dice que quien tome de sus aguas jamás se irá de estas tierras.
 
Además de las ciudades de Tame y Arauca, quienes se aventuren a recorrer esta zona del oriente colombiano podrán elegir entre lugares como el acuaparque Las Toninas, con toboganes, piscina de olas y canchas deportivas; las dunas de arena de Los Médanos, en el municipio de Cravo Norte; el Parque Ecológico del Llano; Puerto Rondón, por donde pasó Simón Bolívar, y Saravena, un municipio en el que se exhiben las costumbres llaneras y es posible ver chigüiros, venados, micos, guacharacas y garzas.
 
Casanare
 
La inmensa llanura colombiana también fue testigo de los pasos de Simón Bolívar y Francisco de Paula Santander. En diciembre de 1818, Pore fue nombrado por 48 horas capital de la República de la Nueva Granada, para la firma de un documento que daría paso a la gesta libertadora.
 
En junio de 1819, luego de una larga travesía desde Arauca, el ejército de Bolívar cruzó Casanare en busca de una entrada a Boyacá que lo llevara hasta Santa Fe.
Pore recibió nuevamente al Libertador y sus hombres para  iniciar el ascenso por la cordillera Oriental, un viaje que los llevaría a la conquista del fuerte de Paya, en Boyacá.
 
Hoy Pore no es la capital de la Nueva Granada, ni siquiera es capital de Casanare, pero sí ostenta el título de Patrimonio Histórico y Cultural de la Nación desde 2014.
 
En su casco urbano aún se aprecian los vestigios de lo que fue una iglesia jesuita que data del año 1644 y un centro penitenciario creado por españoles en la época de la Colonia. En verano se pueden visitar las trincheras de Corozopando en el suroriente de la población.
 
Las calles empedradas y las viejas casonas del pueblo son una ventana al pasado para los ojos de los turistas que visitan la tierra que albergó a los ejércitos de Bolívar y Santander en su camino hacia la independencia. Del 6 al 8 de agosto se realizan las Fiestas de la Libertad, en honor a la campaña libertadora y a la Colonia.
La Reserva Natural Zamaricote, la laguna de Piña Corozo y el río Pauto Pore son algunos de los parajes naturales que enamoran a sus visitantes año tras año.
 
La ruta libertadora de Simón Bolívar en Casanare, antes de llegar a Pore, pasó por los poblados de Hato Corozal y Paz de Ariporo, dos municipios reconocidos por su belleza y valor histórico en la región.
 
En Hato Corozal se recomienda visitar la reserva natural La Aurora, que tiene la mayor población de chigüiros de la zona, mientras que en Paz de Ariporo los turistas pueden conocer el Resguardo Indígena Caño Mochuelo y las ruinas de Moreno Viejo.
 
Ya de paseo por las vastas llanuras casanareñas, los más aventureros pueden salirse del recorrido que hizo Bolívar y visitar municipios como Maní, Aguazul y Villanueva, poblaciones que ofrecen distintas alternativas para que la estadía sea un experiencia para recordar.
 
El Festival de la Bandola Llanera, en Maní; el Festival de la Llanura, en Paz de Ariporo; el Reinado del Arroz, en Aguazul; las fiestas patronales de San José de Pore, y las fiestas de Yopal son las festividades más importantes del departamento y cada año congregan a cientos de turistas.
 
Casanare, capital insurgente de la gesta libertadora. Una tierra de valientes que apoyó la lucha de Bolívar por romper las cadenas del yugo español, es hoy destino de ecoturismo, historia e inversión por su potencial económico y cultural.
 
Boyacá
 
Las batallas memorables de la independencia se libraron en Boyacá: la del Pantano de Vargas o la de Boyacá, con la que finalizó el dominio español en la Nueva Granada. Todas dejaron plasmadas sus huellas en lugares emblemáticos que hoy son recorridos por decenas de viajeros en busca de conocer la historia de Colombia. Sin embargo, este departamento, además de sobresalir por haber sido el territorio por donde cabalgó Bolívar junto con sus tropas, también lo hace por sus inigualables paisajes.
 
Por un lado, el lago de Tota, que sorprende a los visitantes debido a su magnitud. Es el más grande de Colombia y tiene playa, una rareza en el ecosistema de bosque alto andino.
 
El nevado del Cocuy es otro escenario que no puede faltar en una excursión por Boyacá. Está ubicado en el ramal oriental de los Andes colombianos y hace parte de los veinticinco picos cubiertos de nieves perpetuas que conforman la Sierra Nevada de Güicán, El Cocuy y Chita. Buena parte del nevado puede recorrerse a pie.
Al bajar de semejante altura, el municipio de Paipa recibe a los curiosos con otro fenómeno natural: las termales, aguas provenientes de capas subterráneas que están a una mayor temperatura y que tienen poderes curativos por contener minerales como azufre, dióxido de carbono, calcio y magnesio, entre otros. Este plan es recomendable para aquellos que sufren de estrés y quieren recargar baterías.
 
Boyacá también ofrece diversión para quienes les gusta apreciar la arquitectura colonial. Villa de Leyva y Monguí están en la lista de los pueblos más bonitos de Colombia y hacen parte de la Red de Pueblos Patrimonios. Albergan construcciones y reliquias que dan cuenta de cómo fue la época en la que reinaba España. Son poblaciones que por su uniformidad en el estilo resultan curiosas para los viajeros.
 
En el caso de los municipios de Ráquira y Nobsa sobresale la venta de artesanías y de ruanas. Como dato curioso, Nobsa tiene el récord Guinness de la ruana más grande del mundo. En Ráquira es más común ver productos de arcilla, como las vajillas, que eran trabajadas en la región desde antes de la llegada de los españoles y se convirtieron en el eje de la economía. Hoy, esta pintoresca población es considerada la capital artesanal de Colombia.
 
Cundinamarca
 
Aunque en Cundinamarca no se libraron batallas importantes durante la campaña libertadora, el departamento sirvió como escenario de paso en el que tuvieron lugar momentos emblemáticos de la época. Es el caso del puente del Común, ubicado en el municipio de Chía, por donde entró victorioso el ejército de Bolívar a Santa Fe. Pero este es sólo un ejemplo, pues realmente son varios los pueblos cundinamarqueses por los que anduvieron los libertadores y que, gracias a las riquezas naturales con las que cuentan, hoy permiten rememorar la historia a través del turismo.
 
La travesía para conocer el recorrido que hicieron las tropas patriotas por este territorio puede empezar en Villapinzón. Un municipio ubicado en la provincia de Almeida, en el que se encuentra el nacimiento del río Bogotá, en medio de frailejones, silencio, quiches y una brisa fría. En la misma jurisdicción está Chocontá y en él el reconocido embalse del Sisga, donde se practican deportes acuáticos y cuyo paisaje deslumbra. Ideal para hacer caminatas, pasar un día de campo o navegar.
Más adelante, los turistas se pueden encontrar con un lugar que cautiva por su autenticidad: la mina de sal de Nemocón. En ella pueden vivir una aventura de 60 metros bajo tierra con un recorrido de 2.500 metros. Formaciones de sal, espejos de agua, un pozo de los deseos, la capilla de la Virgen del Carmen y el corazón de Nemocón son algunos de los imperdibles. Aunque el proyecto está sólo terminado en su primera fase, pues existe un plan estratégico para convertirlo en uno de los sitios turísticos más importantes del país, son cientos de visitantes los que llegan mensualmente.
 
El recorrido puede finalizar en Zipaquirá. Aquí los atractivos turísticos corren por cuenta de la plaza de la Independencia, una obra que se estrenó en el marco del bicentenario y que cuenta con una escultura de Antonio Nariño, y la mina de sal, considerada una maravilla arquitectónica, religiosa, cultural y turística de especial significado a nivel mundial.
 
Pueblos y municipios que con sus atractivos han logrado movilizar a colombianos y extranjeros que quieren reconocer los territorios que recorrieron las tropas en busca de la independencia.
 
Bogotá
 
Todo termina en la actual capital colombiana, que, así como el 20 de julio de 1810 fue testigo del nacimiento de la puja por la libertad, también lo fue de la victoria  el 10 de agosto de 1819, cuando Bolívar entró triunfante a la ciudad. Vestigios de esos momentos de euforia todavía se pueden visitar en el centro, donde permanece en pie el Museo de la Independencia Casa del Florero, que resguarda los restos del ornamento que sirvió de excusa para avivar el anhelo anticolonialista entre los criollos.
 
La casa se encuentra ubicada en el marco de la Plaza de Bolívar, corazón administrativo del país y uno de los principales atractivos turísticos de Bogotá, gracias al interés arquitectónico que despiertan edificios como la Catedral Primada de Colombia, el Palacio de Liévano, donde funciona la Alcaldía Mayor, el Capitolio Nacional y la Casa de Nariño, hogar del presidente.
 
Quienes buscan planes más alejados de la política no tienen que andar mucho, pues a unas cuadras comienza a escalar sobre la colina el tradicional barrio de La Candelaria. El aire colonial que se respira por sus calles angostas se equipara con el espíritu cultural que lo rodea, pues en esta zona del centro bogotano es común encontrarse con todo tipo de museos, deliciosos restaurantes y cafés y bares que hacen juego con el sentimiento bohemio. En la cima se encuentra el Chorro de Quevedo, lugar de nacimiento de Bogotá, que hoy sirve como imán para quienes quieren reunirse alrededor de un vaso de chicha bien fermentada, la bebida prehispánica más tradicional de la región. La visita a este sector de la capital no se puede acabar sin ir a lo más alto de la torre Colpatria o del cerro de Monserrate, donde se disfrutan las mejores panorámicas de la ciudad.
 
Aunque son muchos los lugares de interés que hay en el centro, no son los únicos de Bogotá, una de las urbes más grandes de América Latina. Para conocerla a profundidad hay que dirigirse a lugares como el Parque Metropolitano Simón Bolívar, el pulmón verde que llama a los amantes de la naturaleza y a todos aquellos que quieren ejercitarse al aire libre; o a Maloka, un  museo interactivo, y el parque de diversiones Salitre Mágico, para quienes buscan experiencias más extremas.
 
Más al norte está el Parque Museo El Chicó, un espacio tranquilo rodeado de hermosos jardines en el que se pueden contemplar exposiciones salidas de lo común, como la que está en exhibición actualmente: “Cucharas, la cultura en un objeto”, que repasa los modelos de este utensilio usado en diferentes épocas y sociedades. Luego de visitarlo, no está de más dirigirse a la Zona G, en Chapinero, para comer en los mejores restaurantes de la ciudad y, si el tiempo y la energía lo permiten, pasar un rato en los bares cercanos a la calle 85.