Diamante español

Increíbles discotecas y exclusivos hoteles hacen de este paraíso el destino predilecto de celebridades y estrellas del deporte.

Antes de convertirse en la isla favorita de los famosos, en la capital de la rumba electrónica y el refugio de quienes anhelan unos días de descanso en medio de playas blancas y aguas cristalinas, Ibiza fue paso obligado de comerciantes y flanco de los piratas. Su ubicación estratégica sobre el Mediterráneo, a sólo 80 kilómetros de la península Ibérica, la convirtió en un puerto perfecto para embarcar y desembarcar mercancía.

Sin embargo, con el descubrimiento de América se trazaron nuevas rutas por el Atlántico, luego vinieron la peste de 1652 y la guerra de sucesión de la corona española entre austriacos y borbones. El resultado: pobreza, tensiones sociales y una isla que parecía condenada al olvido. Para fortuna de España, a mediados del siglo XX todo cambió con el despertar turístico de las Islas Baleares, un extraordinario archipiélago al que pertenece Ibiza.

Inmensas discotecas abiertas hasta el amanecer, imponentes hoteles y exquisitos restaurantes, además del desfile de cuerpos esbeltos y bronceados por las playas, rápidamente posicionaron este destino como el imperdible de quienes buscan unas agitadas y divertidas vacaciones. En el imaginario colectivo se afianzó la idea de Ibiza como una isla para exacerbar los sentidos y disfrutar de los placeres mundanos.

Las presentaciones de reconocidos DJ y las anécdotas de míticas e inolvidables fiestas entusiasmaron a cientos de turistas jóvenes. Aunque las discotecas son indispensables para la actividad turística de Ibiza, las autoridades locales se han esforzado por mostrarle al mundo que sus atractivos van más allá, que este también es un edén para la relajación, el descanso y las vacaciones familiares.

Claro, de quienes tienen poder adquisitivo. Desde 2007, los empresarios con negocios en la isla se dieron a la tarea de invertir para renovar los hoteles, abrir nuevos clubes de playa, discotecas y restaurantes. Los modernos y llamativos diseños de los establecimientos comenzaron a atraer viajeros acostumbrados a un turismo de primer nivel. Las autoridades locales se sintonizaron con esta tendencia y no tardaron en mejorar el aeropuerto, las vías y el puerto, al que periódicamente arriban decenas de cruceros.

Uno de los hoteles más exclusivos es el ME Ibiza. Con una inversión de 18 millones de euros, la cadena Meliá y su socio el británico Ian Livingstone transformaron la antigua edificación en un extraordinario complejo cinco estrellas de 201 habitaciones. Además de los servicios de spa, las clases de yoga, el barco y el jet privado, el hotel cuenta con uno de los tres famosos clubes internacionales de playa Nikki Beach que hay en España.

* Pueblos, playas y calas

 Cuando se ocultan las estrellas y el cielo comienza a teñirse de amarillo, se abre un mundo de posibilidades para disfrutar de Ibiza. En primer lugar están las playas y calas, pequeñas ensenadas rodeadas de rocas. La playa d'en Bossa es la más famosa y animada de la isla. Sin embargo, para disfrutar de arena blanca y aguas cristalinas no es la mejor opción. La playa de Las Salinas, dentro del Parque Natural de Ses Salines, tiene fama de ser una de las más hermosas del Mediterráneo.

Las calas también son un paraíso. Por sus aguas turquesa y el exuberante paisaje que las rodea, brillan especialmente cinco: la cala Salada, la Conta, la Vadella, la de San Vicente y la Gracioneta. Quienes deseen alternar los baños de sol y las mañanas junto al mar pueden emprender excursiones por algunas de las poblaciones más coloridas y transitadas.

Está San Antonio, un viejo poblado de pescadores y campesinos que cautiva con su interminable paseo marítimo y con los conmovedores atardeceres que se contemplan desde el Café del Mar. El casco antiguo de Santa Eulalia del Río, el tercer pueblo más habitado de Ibiza, sorprende con las casas blancas amontonadas alrededor de la colina del Puig de Missa, en cuya cima se encuentra la iglesia principal. Y qué decir de Santa Gertrudis, repleto de tiendas de artesanías, locales de antigüedades, esculturas y pinturas donadas por artistas para embellecer las calles de este pequeño centro urbano.

Para los espíritus aventureros, un atractivo imperdible es la cueva de Can Marçà, un asombroso enclave natural en el norte de la isla, con más de 100 mil años, descubierto por un grupo de contrabandistas que lo utilizaban como refugio para esconder su mercancía. En los años 80 se convirtió en atractivo turístico y desde entonces son decenas los visitantes que se animan a explorarlo durante los 40 minutos que dura el recorrido.

Y para rematar está la magnífica gastronomía. Pescados, mariscos, licores de hierbas, quesos, embutidos, mermeladas y miel son los ingredientes principales de las recetas más tradicionales. No se vaya sin probar la borrida de rajada, un plato a base de raya, papas, huevo, perejil, ajo, pan frito, almendra tostada, azafrán y aceite de oliva; el pescado aderezado y secado al sol, el estofado de atún y el arroz con cerdo. Tampoco deje este paraíso sin haber experimentado la vida nocturna que lo llevó a la fama. Las fiestas en la famosa discoteca Pacha, en Amnesia y la piscina del Ushuaia Beach Hotel son memorables.

 

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2014-10-21T23:10:34-05:00

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2014-10-23T14:45:41-05:00

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Redacción Buen Viaje

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