En el corazón de los manglares

Pescadores cartageneros lideran un proyecto de turismo sostenible para preservar este ecosistema. Con recorridos en lancha de una hora, turistas y locales descubren el encanto de las especies de la zona.

En la canoa La Garza comienza el recorrido por la Cueva del Manglar. / Cortesía Paola Manzi Comunicaciones

Javier Góngora es uno de los 20 pescadores que ahora dedica sus días al manglar de la Ciénaga de la Virgen. Conoce a profundidad la historia de estas aguas, las que considera suyas y en las que ha estado varias décadas. Es por eso que desde hace 12 años se embarca en un recorrido que parte desde un pequeño puerto ubicado en la parte posterior del centro de Convenciones del Hotel Las Américas.

Cada una de sus embarcaciones está hecha con tan solo una pieza, un gran tronco de madera de ceiba blanca o roja y en algunos casos del conocido caracolí, un árbol que alcanza los 35 metros de altura. Los dos se dan en selvas muy espesas y se usan porque son los más resistentes para este tipo de terrenos. Esto es lo primero que aprenden los turistas en este recorrido natural por las aguas cartageneras.

Eliécer, compañero de Javier, lleva 30 años navegando y explica que los maderos sirven porque son una pieza única que dura mucho. Los suyos, por ejemplo, ya tienen ocho años y se conservan en buen estado.

Entre nidos de termitas, junto a loros silvestres y osos hormigueros, pasan los días los 20 pescadores que conforman Eco Manglares EAT (Empresa asociativa de trabajo), una institución que crearon luego de que en el 2000 recibieran capacitaciones del Sena y el apoyo de la Fundación Proboquilla.

Antes, la mayoría se dedicaba a las ventas ambulantes. Ejercían la pesca pero de manera artesanal, poniendo en práctica los conocimientos que han pasado de generación en generación, con los que crecieron. Góngora es el representante logístico de Eco Manglares EAT, pero también se ha encargado de ser un promotor ambiental dentro de su comunidad y les enseña a los niños sobre el avistamiento de aves, el cuidado de los manglares y la clasificación de basuras para no deteriorar el ecosistema.

En las capacitaciones que recibieron del Sena aprendieron que estas aguas también necesitan descansar y por eso sólo realizan cuatro viajes al día. El recorrido dura una hora y el pasaje por persona cuesta $42.500. De esta manera, turistas y locales pueden conocer las 60 especies de animales que habitan en la Ciénaga de la Virgen como las mojarras, el chipichipi, las jaibas, los cangrejos y los patos buzos entre otras. Además de la fresca brisa que corre en el Túnel de la Conquista, en honor a la historia de Cartagena.

Este ecosistema se surte de las cuencas de aguas dulces mezcladas con las saladas. Sus cuevas están formadas por tres tipos de manglares: los rojos, que nacen de arriba para abajo, sus raíces no brotan de las aguas sino que se suspenden de las alturas formando zancos; los negros y los blancos que crean una muralla que controla las corrientes.

De este territorio se benefician 15 veredas de La Boquilla, 400 mil pescadores y sus familias, que viven de la pesca, el turismo y la venta de artesanías. Por eso Javier Góngora se atreve a decir que es el lugar más importante que Dios les ha podido regalar.

Para John Karakatsianis, consultor en Gestión Sostenible, la Ciénaga es el eje del desarrollo del sector, en el que se mezclan las dos realidades de Cartagena. Por eso resalta que sean las personas de la misma comunidad quienes protagonicen este proceso y recalca que lo más importante de este tipo de proyectos es contar con la participación de la gente local y no tener que buscarla en otros países.

A bordo de estas embarcaciones para máximo ocho personas y al ritmo de los movimientos del agua, se escuchan las historias de los manglares y de sus habitantes. En el Túnel de la Fantasía, un lugar mágico, los turistas pueden caminar sobre los troncos y las raíces y volver a sentirse niños jugando a ser Tarzán para lograr captar las mejores imágenes de este paraíso natural.

Los últimos 10 minutos de la expedición son amenizados por la voz de Javier, quien entona un par de melodías de su autoría, un hombre agradecido con la vida, con sus padres, a los que les compuso una canción, y con los encantos de su pueblo, su comida y bailes. Pero sobretodo con La Boquilla por darle a su hijo, quien ya se dedica a lo mismo, a promover el cuidado de las 750 hectáreas de vegetación de la Ciénaga de la Virgen, un tesoro de Cartagena que está comenzando a brillar.

 

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