El paraíso Santa María

A 386 kilómetros de La Habana se encuentra un lugar que cumple con las más altas expectativas del Caribe: los cayos de la provincia cubana de Villa Clara.

Es sólo una pequeña porción de los 10 kilómetros de playa que tiene el cayo Santa María, en la provincia de Villa Clara, y tiene todo lo que se le puede pedir al Caribe: un mar entre azul y verde desde afuera y transparente desde adentro. La arena blanca y fina que se levanta cuando la pisan en el agua, el horizonte despejado y el viento que lo armoniza todo. Desde la playa del hotel Memories Paraíso todo se ve bien, todo está en su lugar y pocas son las ganas de irse.

Son 10 kilómetros en los que la historia se repite, metro tras metro en la bahía. Si se mira al mar, a la espalda estará un hotel, con un bar enclavado en la playa para atender a los turistas y una serie de ofertas para cuando se esté apartado de la arena: gimnasio, piscinas, restaurantes, todo incluido. Siéntese en una silla cubierta por un kiosco, tome lo que le plazca: un vaso de agua, un mojito, un daiquirí, una soda, y entonces recuerde su viaje y cómo llegó a donde está, donde todo parece perfecto.

El viaje comienza después de las tres horas que se demora el avión en conectar a Bogotá con La Habana. Quizá sea indicado que se tome un tiempo en la ciudad para visitarla y conocerla, para ver el centro y entender por qué la Unesco la considera Patrimonio de la Humanidad. Será común ver edificios en restauración y calles antiguas —el Gobierno destina alrededor del 45% de sus ingresos para estas obras que la hacen única—; caminará por la calle Obispo y podrá escuchar grupos de son que recorren los bares y restaurantes; verá los balcones y marcos de las ventanas azul habanero, la imponente fachada de la Catedral, la estructura anaranjada del hotel Dos Mundos, y sabrá que en la habitación 501 se alojó Ernest Hemingway.

Si indaga por los cayos de la provincia de Villa Clara, le dirán que son varios, que está Santa María, pero también Ensenachos y Las Brujas. El primero de ellos se encuentra a 386 kilómetros de La Habana, por una carretera en excelente estado y un trayecto que toma alrededor de cinco horas a una velocidad prudente. Entonces es posible que considere que algo no concuerda: ¿cómo llegar por tierra a un cayo que al fin de cuentas es una pequeña isla, tierra rodeada de mar?

Usted podrá ver entonces cómo los últimos 48 kilómetros del viaje se recorren en una carretera que atraviesa el mar. La obra recibió el Premio Puente de Alcántara a la mejor obra civil iberoamericana y es la etapa final del recorrido: las playas inmaculadas de los cayos ya se encuentran muy cerca.

En ese punto, es posible que usted haya hecho una parada en la ciudad de Santa Clara, a 105 kilómetros de los cayos, en el trayecto desde La Habana. A la entrada de la ciudad podrá tomarse fotografías en el Complejo Escultórico Comandante Che Guevara, una enorme plaza con una gran estatua de bronce de 6,8 metros de altura que resalta la figura de Ernesto Guevara.

El Che es un señor en Santa Clara, uno de los padres de la Revolución triunfante en el 59 a la que algunas personas llaman la “Liberación Definitiva”. Los guías le explicarán que en la víspera de la caída del presidente Fulgencio Batista, los comandantes Ernesto Guevara, Camilo Cienfuegos y alrededor de 300 hombres, se tomaron la ciudad para continuar su avance revolucionario. Precisamente dentro de ella tendrá ocasión de ver cuatro de los 22 vagones originales del tren que Guevara y sus hombres acorralaron a finales de 1958, acción que determinó el golpe definitivo contra Batista.

Después de un paréntesis de turismo histórico, el trayecto final en medio del agua indica que el paraíso está cerca. Se instalará en una de las 5.600 habitaciones de las que disponen los cayos actualmente, calificadas entre cinco y cuatro estrellas. Las proyecciones que entrega su majestuosidad los hacen ver como un destino importantísimo de Cuba para los próximos años. Los planes del Gobierno dicen que en la próxima década ya no serán 5.600 habitaciones sino 45.000 en total y los trabajos ya están en marcha.

Ahora podría ir a tomar un nuevo trago, regresar al mar, nadar en la piscina o ir al Delfinario cercano para tener otro tipo de diversión. En los pueblos de La Estrella y Las Dunas, construidos para el acceso fácil de los condominios de Santa María, comprar recuerdos de su viaje, escuchar algún grupo de son o en la noche ir a bailar a un club. El viaje hacia los cayos hasta ahora está empezando.

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