Getsemaní, el barrio cartagenero que vive entre la tradición y la modernidad

Uno de los barrios más representativos de Cartagena se ha convertido en una de las zonas más visitadas por los turistas que llegan a La Heroica en busca de una experiencia diferente a las típicas vacaciones de playa.

El corazón de Getsemaní es la Plaza de la Trinidad, en donde se desarrollan diferentes muestras que realzan la riqueza cultural de Cartagena. / iStock

Sentados en las bancas de la Plaza de la Trinidad, los abuelos getsemanisenses han sido testigos de cómo su barrio se convirtió con el paso de los años en el centro de las miradas de turistas e inversionistas y una de las zonas de mayor crecimiento económico y valorización de Cartagena.

Muchos de los habitantes que crecieron en sus calles decidieron vender sus casonas coloniales ante las jugosas ofertas que recibían, pero otros, los más enamorados de sus coloridas fachadas, se quedaron y mantienen encendida la llama de la tradición cultural e histórica de uno de los primeros barrios del Corralito de Piedra.

Hoy la transformación de Getsemaní continúa. Lo que antes fue un barrio residencial, poco a poco se ha convertido en uno de los sectores comerciales más importantes de la ciudad, con una oferta que cumple la demanda de turistas y cartageneros por igual.

Parte de la magia que esconde este barrio se puede ver en el tradicional Cabildo que se realiza cada noviembre durante las Fiestas de la Independencia, y que recorre las principales calles del Paseo Bolívar, el Centro Histórico y Getsemaní.

Año a año, cientos de personas se reúnen para ver las coloridas personificaciones, comparsas y músicos que componen una experiencia que reúne lo mejor de la cultura cartagenera en un solo lugar.

Ya de vuelta a la actualidad de Getsemaní, cada una de sus calles esconde un mundo de sabores, olores, ritmos y tonalidades. La oferta gastronómica y de entretenimiento es tan variada que cualquier persona puede encontrar su sitio ideal para comer, beber o bailar; o simplemente tomarse un tiempo para enamorarse de los murales que se esconden en sus estrechos callejones.

Anímese a salir de Bocagrande, el Centro, las islas o Los Morros y como recompensa podrá encontrar en este barrio un bocado de la verdadera Cartagena, más allá de las luces y letreros de la zona comercial. Sus hoteles y hostales ofrecen una mirada diferente a la cultura del consumo, donde la tranquilidad, la fraternidad y las nuevas vivencias son el principal atractivo.

Getsemaní es un barrio donde sus habitantes se sientan en la puerta de su casa y comparten un trago con el vecino mientras juegan ajedrez o “le echan un ojo” al pequeño que patea un balón en la calle. Sí, en este lugar aún se juega fútbol montando dos piedras como portería, aún se comparte entre vecinos, que más que eso son familia, y aún se moja la garganta con una fría cerveza mientras suena champeta africana en un picó. El Caribe y la colombianidad en su máxima expresión.

Si algo se destaca del cambio que vivió Getsemaní en los últimos años, es la manera como salió de la sombra de la inseguridad. Golpeado por la prostitución, la indigencia y la venta de drogas, gracias a la inversión del gobierno local y la empresa privada logró resurgir y posicionarse como uno de los sectores de mayor valor de Cartagena. Atrás quedaron los días en que ningún cartagenero o visitante se atrevía a adentrarse por sus calles, y hoy, potenciado desde la cultura y un estilo bohemio, se realza sobre los demás símbolos de Cartagena al convertirse en una joya más de la capital de Bolívar.

Así es Getsemaní, un barrio que se moderniza pero soporta el castigo del tiempo para no perder su identidad. Tan cerca del Centro Histórico que cualquier turista puede llegar al dar unos cuantos pasos, y tan cargada de vida que cada día se llena de visitantes que solo quieren hablar y tomarse un café a la sombra de la Iglesia de la Trinidad.

En su próximo viaje a La Heroica, probablemente esta semana para las Fiestas de la Independencia, no pierda la oportunidad de conocer uno de los lugares más representativos. Un mundo nuevo que se abre ante sus ojos y del que, con toda seguridad, se enamorará. Al final de cuentas, quizás podría ser su primera vez en la verdadera Cartagena.

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