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La historia de las cosas

En ciudades como Nueva York, Bruselas, México, París y Roma, los mercados de las pulgas se han convertido en una ventana al pasado. Hell’s Kitchen, Marché aux Puces o el Bazar de CuaCuauhtémoc exhiben objetos sorprendentes.

El mercado de las pulgas de la ciudad de Bruselas se realiza todos los domingos desde 1919. / 123rf

Escenario de la sabiduría popular, punto de encuentro o espacio para el intercambio. Eso es un mercado. Esas zonas comerciales muchas veces anteceden el surgimiento de las ciudades y se convierten en el lugar para acceder a los objetos más curiosos de cada destino. Es allí donde se descubre la identidad de la urbe, su historia, su pasado.

“La relación entre espacio público y mercado, la calle como punto de reunión para el intercambio de objetos es una forma ya presente en las primeras ciudades”, afirma Vladimir Melo Moreno en su libro La calle: espacio geográfico y vivencia urbana en Santa Fe de Bogotá. Con esto confirma que incluso desde épocas anteriores a Cristo ya existían en ciudades romanas y griegas mercados callejeros que lucían bastante parecidos a los actuales. Tal parece que en la medida en la que aumenta la población, más necesaria es la construcción de un mercado.

En distintas ciudades del mundo son un atractivo turístico que hoy acapara la atención de los visitantes. Es el caso del Hell’s Kitchen en Nueva York, un mercado de pulgas situado en la calle 39, entre las avenidas 9ª y 10ª, un lugar ideal para encontrar ropa de décadas pasadas, estilos que ya no están disponibles en las tiendas, pero que se quedaron tatuados en la memoria. Algo parecido sucede en Soho Antique Fair and Collectibles Market, ubicado entre Brodway y Grand Street. De nueve a cinco de la tarde, los fines de semana, estas calles se convierten en el laberinto de los tesoros perdidos.

En París, el Marché aux Puces es uno de los mercados más grandes del mundo. Allí es posible hallar de todo: jaulas vintage, ropa, accesorios, comida, platos de porcelana, instrumentos musicales o uniformes de la Primera Guerra Mundial. Surgió en la década de 1970 y sigue siendo uno de los más concurridos del planeta. Tal vez es el único en el que se puede caminar en silencio. Curiosamente, aquí los vendedores no se la pasan vociferando ofertas y promociones.

Por su parte, el Bazar de Cuauhtémoc, en Ciudad de México, es una auténtica plaza popular en la que se puede viajar por la cultura del país. Películas tradicionales, libros viejos, juguetes que remiten a la infancia o muebles para casas de muñecas son algunos de los objetos con los que puede toparse un visitante. Este lugar es la prueba de que cada ciudad, de acuerdo con su pasado, pone el sello que caracteriza su mercado.

Por ejemplo, aunque cumple con la misma función de ser un punto de encuentro cultural, el mercado Puerta Portese, en Roma, no se parece en nada al de Ciudad de México. Todos los domingos, desde la seis de la mañana, se mezclan las voces de los comerciantes: mercaderes italianos, turcos, indios o rusos que se acomodan en más 4.000 puestos de venta. En esta zona del barrio de Trastévere se encuentran telas, tejidos y platos sorprendentes.

Recorriendo sólo los mercados de cada gran ciudad en el mundo, se podría conocer toda la cultura de una región. Se podría escribir, con ellos, una gran historia de las cosas. Así lo demuestran estos ejemplos en Nueva York, París, México y Roma, espacios encantadores que esconden innumerables historias detrás de cada vitrina, de cada objeto.

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2014-10-21T23:10:32-05:00

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Redacción Buen Viaje

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