Joyas del pacífico

Gorgona y Malpelo, dos islas del Valle del Cauca, se convierten, poco a poco, en destinos apetecidos por los amantes de la aventura y la naturaleza. Especies únicas, corales coloridos y buceo hacen parte de su atractivo.

Cortesía Colectivo Unidos por Gorgona

El Pacífico Colombiano bien podría llamarse paraíso. El contraste de las montañas tupidas de verde, frente al azul brillante de un mar poblado de ballenas, su exuberancia y biodiversidad, casi vírgenes, han convertido a esta región colombiana en un atractivo de esos que llama a las almas aventureras y a los amantes de la naturaleza.

Esta belleza, que cruza la barrera impuesta por el mar, se extiende hasta islas como Gorgona y Malpelo, destinos ideales para aquellos que prefieren desconectarse, alejarse de la civilización, practicar deportes como el buceo y vivir una experiencia singular. Además, al ser ambos parques nacionales, la seguridad y la autenticidad no serán problema. El primer reto, en cambio, es llegar.

La primera, una antigua prisión ahora devorada por la selva, es ahora un patrimonio inmaterial de la humanidad ubicado a 35 km de la Costa Pacífica colombiana. Para llegar existen dos vías: desde el municipio de Guapi, en el Valle del Cauca, se puede contratar un viaje en lancha de aproximadamente dos horas; o desde Buenaventura un servicio expreso similar, que se tarda cuatro horas en llegar o un barco de cabotaje con destino a Satinga. Este último trayecto dura doce horas. 

Una vez en la isla –el ingreso está entre los $11.000 y los $19.000– las actividades están a la orden del día. Desde el muelle, se llega al Poblado, antiguo albergue de las oficinas de la cárcel, convertido hoy en las oficinas del personal de Parques Naturales y del único hotel de la isla. Una vez acomodados se puede partir hacia alguno de los tres senderos ecológicos de la isla: El Penal, que lleva hasta la prisión, el de Playa Palmeras (5 km) conduce hasta una de las mejores playas de la isla, y el de Yundigua (3 km) que va hasta la zona nororiental de Gorgona.

En tierra está la posibilidad de cruzar la jungla húmeda, observar gran variedad de animales como lagartos azules, babillas, 16 especies de serpientes, tortugas, cangrejos y más de 140 especies de aves como fragatas y pelícanos; visitar el museo arqueológico Payan y relajarse en exóticas playas de arena blanca. Sin embargo, es bajo el agua donde se encuentra la verdadera magia de Gorgona. 

Desde el centro de buceo (donde también prestan los equipos) es posible salir hacia El Planchón (una vieja embarcación hundida), La ventana y La cueva, Montañitas y La Camaronera, La Tiburonera y La plaza de Toros y el Horno. Se trata

de puntos de inmersión de diferentes niveles de dificultad, pero excelentes para observar los corales que rodean a la isla, y su colorida población de peces, delfines y tiburones ballena. Son más de 380 especies marinas por descubrir.

La travesía al Santuario de Flora y Fauna de Malpelo, por su parte, es un poco más exclusivo y exigente. Sólo se llega en fechas programadas por el Sistema de Parques Nacionales Naturales de Colombia, o en embarcaciones turísticas que cuente con permiso de este último, desde el puerto de Buenaventura en un viaje que dura poco más de 30 horas. Después de todo se trata del punto más occidental y el tesoro mejor escondido del país.

Se trata de una zona realmente privilegiada pues no solo es patrimonio natural de la humanidad, sino que es la novena área marina protegida más grande del mundo y uno de los cinco lugares del planeta donde se puede bucear con tiburones martillo (inofensivos). Esta actividad, sin embargo, solo la pueden practicar grupos de no más de seis buzos con certificación avanzada y mínimo 25 inmersiones, liderados por alguien que conozca el sitio como la palma de su mano.

Corales, tiburones ballena, estrellas de mar, mantarrayas, piqueros enmascarados, gekos, iguanas y lagartos punteados y varias especies de peces pequeños completan la galería de fauna de la isla, ideal para hacer observación y fotografía. Hay que recordar que esta no cuenta con alojamiento, por lo que hay que dormir y comer en los barcos, no obstante, se trata de una experiencia guerrera que verdaderamente vale la pena.  

 

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