La mágica seducción de Guanajuato

Estado enclavado en el corazón de México y destino cultural del país, visitar Guanajuato es vivir una experiencia única e inolvidable. En él se reúne la magia y el hechizo de un país fascinante y seductor.

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Hay quienes dicen que quien visita San Miguel de Allende se enamora y siempre regresa. Y no se equivocan. Por algo, en 2008, la Unesco la distinguió como patrimonio cultural de la humanidad, bajo el título de “Villa Protectora de San Miguel y Santuario de Jesús Nazareno de Atotonilco”. Y este mismo año, la revista Travel+Leisure de Nueva York, en la edición 22 de su encuesta World’s Best Awards, la calificó como la mejor ciudad del mundo para vivir por la amabilidad de su gente, su gastronomía, su limpieza, su belleza arquitectónica, su movilidad y las múltiples opciones de diversión.  

San Miguel es hoy uno de los destinos más anhelados de Guanajuato, estado enclavado en el corazón de México, donde es posible hacer turismo de negocios, religioso, de compras, de aventura, ecoturismo, gastronómico y de bodas. En él se reúne toda la magia y el hechizo de un país fascinante y seductor. Por algo se afirma que el viajero que recorre Guanajuato no visita un destino, sino que asiste a un espectáculo, donde conviven el pasado y el presente. De hecho, ciudades como la misma San Miguel o Dolores Hidalgo fueron escenario de las primeras luchas de la independencia mexicana y conservan el esplendor del Virreinato y la arquitectura novohispana, con sus casas coloridas, calles empedradas, balcones arbolados, plazas, caminos, paisajes, haciendas, templos y tradiciones.

Caminar por San Miguel es contagiarse de su tranquilidad única. De visitar la parroquia de San Miguel Arcángel, un precioso templo ícono de identidad de la ciudad, se puede pasar al centro cultural Ignacio Ramírez, contiguo al templo de las monjas, recinto en el que se ofrecen cursos y talleres de bellas artes, pintura, escultura, cerámica y música, y donde se puede disfrutar de sus jardines y de las diferentes salas de exposición, con pinturas de grandes muralistas mexicanos. O ir a La Aurora, una antigua fábrica textil convertida en centro de arte y diseño, cuyos amplios espacios han sido transformados en algunos de los mejores estudios y galerías de arte, antigüedades y tiendas de decoración.

A solo 14 kilómetros del casco urbano se encuentra el Santuario de Jesús Nazareno de Atotonilco, templo barroco del siglo XVIII inspirado en el Santo Sepulcro de Jerusalén, donde en la mañana del 16 de septiembre de 1810, el cura Miguel Hidalgo y Costilla tomó el estandarte de la Virgen de Guadalupe como primera bandera del movimiento insurgente contra el dominio español. Miles de personas lo visitan cada semana atraídas por su increíble arquitectura y sus hermosos murales. Ahora, si se quiere escapar de la historia, hay hoteles boutiques y spas, además de ranchos, haciendas, casonas, jardines y salones que han hecho de San Miguel uno de los lugares preferidos por cientos de parejas en el mundo para sellar su amor en matrimonio.

Saliendo de la ciudad, las opciones se multiplican. Se puede visitar, por ejemplo, el viñedo Cuna de Tierra, donde más de 50 mil vides plantadas en 20 hectáreas constituyen un invaluable tesoro y donde, de manera artesanal, se producen los mejores vinos de la región: exquisitos cabernet sauvignon, merlot, tempranillo o malbec, entre otros. O, si se quiere, hacer circuitos turísticos como el del Tequila, el del Nopal, el del Mezcal, el de la Cajeta (dulce de leche) o la Ruta PiCaSo (Piel Calzado y Sombrero).  

Muy cerca está Dolores Hidalgo Cuna de la Independencia —su nombre completo—, uno de los llamados “Pueblos Mágicos” de México, programa con el que se busca revalorar las poblaciones del país que han sabido guardar para todos su riqueza cultural e histórica, representando alternativas frescas y diferentes para los visitantes nacionales y extranjeros. Fue aquí donde se gestó la independencia nacional y hoy es famoso por su colorida cerámica de Talavera, por los exóticos sabores de sus nieves (helados) y porque fue donde nació y vivió José Alfredo Jiménez, el más grande cantautor de música ranchera, a quien se le rinde homenaje con su propia casa-museo.

Más allá se llega a la vibrante Guanajuato, capital del Estado, con su fantástica combinación de recursos naturales, históricos, gastronómicos, arquitectónicos, y, por supuesto, culturales, que crean una experiencia única e inolvidable a quienes la visitan. Los festivales que allí se realizan son pieza clave que brinda momentos memorables y aunque son muchos, como el del Globo o la Cumbre Internacional de Gastronomía, sin duda el de más relevancia es el Cervantino, que desde hace 42 años muestra lo mejor de la música, el teatro, la danza contemporánea, las artes visuales, la literatura y el multimedia de México y el mundo, en homenaje al gran Miguel de Cervantes Saavedra.

Guanajuato parece un colorido laberinto de alegría, con túneles que atraviesan la ciudad y callejones que se abren y se cierran, donde se tejen múltiples historias que, en las noches, amenizan las estudiantinas en las llamadas “callejoneadas”. Se trata de unas caminatas por el centro de la ciudad amenizadas con música, bromas y cuentos, en medio de las risas, los bailes y los cantos de los turistas. La mayoría de ellas terminan en el callejón del beso, donde se cuenta la leyenda del amor prohibido de Ana y Carlos, quienes se veían todas las noches en las ventanas contiguas de sus casas, hasta que el padre de ella, que se oponía a la relación, los sorprendió y le dio muerte a la doncella enterrándole una daga en la espalda.  

Desde el centro de la ciudad, levantando la vista, se puede admirar un colosal monumento que domina todo Guanajuato. Está en la cima del cerro San Miguel y se erige en honor al minero Juan José de los Reyes Martínez Amaro, a quien le decían “Pípila, héroe de la independencia mexicana cuando en la noche del 28 de septiembre de 1810, con una tea en la mano y protegiéndose la espalda con una losa, logró llegar hasta la puerta de la Alhóndiga de Granaditas, donde se apertrechaban las tropas españolas, y prendiéndole fuego permitir el ingreso de los insurgentes. La vista desde allí es magnífica y permite dimensionar la belleza de la ciudad y sus principales edificios en el Centro Histórico, como la Basílica de Nuestra Señora de Guanajuato, El Teatro Juárez, el edificio central de la Universidad de Guanajuato y el Jardín Unión.

La última parada es en León, conocida como la capital mundial de la piel y el calzado, en cuyas calles contrastan los añejos edificios de la época colonial con la moderna arquitectura y amplias avenidas que configuran la imagen de una ciudad en continuo progreso, dinámica, donde se combinan tradición con modernidad. Reconocida por tener la mejor red de ciclovías del planeta, en 2012 fue nombrada “ciudad campeona del agua”, debido a sus avances tecnológicos en el sistema de saneamiento y utilización de las aguas residuales como fuente de energía. León ocupa un lugar relevante en la economía estatal y nacional, pues se la considera la capital social, comercial y de servicios del Estado. Sí, definitivamente, Guanajuato es un destino que, sin tener mar, seduce. 

Qué comer: la gastronomía es toda una experiencia por la gran variedad de deliciosos platillos típicos de la región, como las carnitas de Vicente en Dolores Hidalgo, patitas de puerco, pacholas guanajuatenses (frituras de carne molida de res), pan de Acámbaro, fiambre estilo San Miguel de Allende (mezcla de diferentes tipos de carne de res, pollo y cerdo, con frutas y verduras en aceite y vinagre), además de las clásicas enchiladas mineras, las gorditas (tortillas rellenas de carne o pollo) o el molcajete (cerne de res, cerdo, pollo o pescado, preparada en un mortero de piedra volcánica). Un menú suculento que bien puede acompañarse con agua de betabel, cebadina, licor de fresa, agua de mezquite o, por qué no, un buen tequila.

Hospedaje: las opciones son múltiples, para todos los gustos y todos los presupuestos. La Puertecita en San Miguel de Allende, Casa Pozo del rayo en Dolores Hidalgo, Hotel Villa María Cristina en Guanajuato y el Hotel Hotsson en león son magníficas opciones.

Cómo llegar: el vuelo desde Bogotá hasta el Distrito Federal dura 4:30 horas aproximadamente. De ahí se hace conexión con el aeropuerto de El Bajío, que sirve a todo Guanajuato, en un vuelo de solo media hora. También se puede llegar vía terrestre hasta San Miguel de Allende, en un recorrido de tres horas y media por muy buenas carreteras. 

Invitado por la Oficina de Turismo del Estado de Guanajuato, México

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