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hace 3 horas

Los colores del lienzo

Recorrer el país es toparse con distintos entornos para la contemplación. Destinos que evocan los cuatro elementos.

Todo comienza por un viaje. Sea por una extensa carretera o un corto trayecto en avión, las imágenes que quedan grabadas en la memoria son un indicio de lo variada que puede resultar una aventura por el país.


Nada más piense en las tonalidades que uno percibe apenas se sube al carro y arranca desde Bogotá hacia la Región Caribe. Los bosques, con un verde casi condensado, se van desvaneciendo para dar lugar a esos árboles aparentemente frágiles, y los amarillos y los naranjas salpican el paisaje como jugando a ser artista y cada minuto es un boceto marcado por la admiración.


Lo mismo ocurre con el cielo. Nubes de pálidos azules que han sido el fondo de varios de los saltos de parapentes le dan paso a los atardeceres de playa, esos que no se sabe si fotografiar o quedarse contemplando para no perdérselos.


Lejos del bullicio ensordecedor que impide un buen descanso, zambullirse en aguas de la bahía Gairaca en el Tayrona, hacer una exploración a las cuevas de La Lindosa en el Guaviare, donde también las cascadas se desbordan a su antojo, perderse en la inmensidad de la Laguna Verde del volcán Azufral en Pasto, tratar de observar la caída del sol, allá, en un punto del norte, en la Guajira y luego darse una vuelta por el desierto de la Tatacoa, resulta ser simplemente irresistible. Cada sitio del mapa tiene una historia que contar y, por fortuna, un recuerdo hecho imagen.

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