La magia de la Patagonia

En la boca de entrada a la selva patagónica se encuentra una reserva natural llamada Huilo Huilo: 100 mil hectáreas de una tierra privilegiada por su biodiversidad, que ofrece un paisaje deslumbrante a quienes la visitan.

Panorámica desde San Martín de los Andes, pueblo argentino.
Panorámica desde San Martín de los Andes, pueblo argentino.

Son siete los bosques templados lluviosos que quedan en el mundo, y es el sur de Chile, más exactamente Valdivia, la zona que tiene el privilegio de albergar uno de ellos, en cuyo corazón se encuentra una reserva biológica llamada Huilo Huilo, que en la lengua de los indios mapuches significa ‘gran gruta’ o ‘gran surco’. Es un espacio de naturaleza producto de la quiebra de una empresa maderera a finales de los 90, cuyo propietario hizo de su infortunio una llamativa atracción turística en medio de la selva patagónica.

Es un lugar de belleza deslumbrante. Para empezar, está en medio de un cinturón de picos de nieve que hacen parte de la cadena montañosa de los Andes, en los que se pueden realizar varias actividades como esquiar, andar en moto o hacer largos recorridos a pie, para observar los volcanes y lagos de alrededor. Por estar en la Patagonia, la nieve está presente casi todo el año. Y la experiencia de montar en una moto hecha para ese terreno, caerse sin lastimarse y echarse a reír por el frío que se siente y por la dificultad de dar una curva en esos aparatos, también es bastante recomendable.

Huilo Huilo, declarada reserva de la biosfera por la Unesco, ocupa unas 100.000 hectáreas en las que se encuentran lagunas, volcanes, nacimientos de ríos y saltos de agua. Durante décadas, la región dependió económicamente de la explotación forestal, pero, para beneficio de la humanidad, su fauna y flora siguen siendo un tesoro. Se sabe de 81 especies de aves que habitan este ecosistema, como el carpintero negro, el más grande de los tres tipos de carpintero que hay en Chile, o el chucao, un diminuto pájaro de plumaje gris y anaranjado que sólo vive en esta parte del mundo. Y además de las aves hay mamíferos, marsupiales, anfibios y otros tipos de animales para ver.

El concepto de esta reserva es no romper con el equilibrio natural que allí se impone y, por eso, las actividades que se pueden programar van en sintonía con el ecohábitat. Se organizan caminatas, cabalgatas, canopy, ciclismo de montaña, navegación, kayak, pesca con mosca y baños termales, siendo estos últimos una atracción curiosa en medio de un frío lago. Las actividades dependen, principalmente, de las condiciones climáticas y se espera que en un año se hayan desarrollado más propuestas para el verano relacionadas con el lago Pirehueico, localizado muy cerca del complejo hotelero.

Desde ese lago es posible tomar un ferry y llegar a Argentina aproximadamente en una hora y media. Son 90 minutos para admirar el majestuoso paisaje que las formaciones geológicas crearon en este lugar del mundo. Se llega entonces al paso fronterizo de Chile, que se llama Hua Hum, ‘lugar húmedo y lluvioso’ en lengua mapuche. A unos minutos está el puesto fronterizo argentino, donde revisarán el equipaje y sellarán el pasaporte. Un par de horas más tarde se arriba a San Martín de los Andes, un pequeño y encantador pueblo cuyas tradiciones son bastante similares a las del reputado Bariloche: chalés al estilo suizo, turismo de nieve y chocolates por doquier. Y, por supuesto, la fantástica comida argentina.

Este complejo turístico fue pensado para no afectar al lugar donde se encuentra. La construcción es casi toda de madera y hasta los jabones y el champú se hacen allí mismo. Desayunos, almuerzos y comidas se preparan con alimentos cultivados por los habitantes de las localidades que rodean el hotel, empresa que además es la principal generadora de empleo del lugar, de manera directa e indirecta. Las opciones incluyen cabañas de lujo o lugares para acampar, con un factor común: la ausencia de televisores, lo cual no es más que una invitación a conectarse con la naturaleza que se impone.

En esta región todo tiene un nombre mapudungun. Panguipulli, que es el municipio más cercano por tierra, se traduce como ‘cerro de los pumas’. Neltume, otra pequeña localidad vecina, significa ‘irse libremente’ o ‘libertado’. Dicen en esa zona, además, que existen seres mágicos que cuidan de la naturaleza y hacen parte del círculo de la vida. Están los duendes, que recogen frutos, semillas y hongos; los elfos, los sanadores del bosque, y las hadas, que recolectan néctar y rocío y ayudan a cuidar a los animales heridos. Por estos meses, los impulsores del proyecto Huilo Huilo andan emocionados con el interés de una productora de hacer una película sobre esa temática.

Llegar a Huilo Huilo toma tanto tiempo como desplazarse a Europa. Primero hay que volar, por supuesto, a Santiago de Chile. Ese trayecto lo cubre Avianca, que ofrece por lo menos tres vuelos diarios a la capital chilena y allí conecta con su socio Sky Airline, con la cual se puede llegar a localidades ubicadas a una distancia de dos a tres horas de Huilo Huilo para seguir por carretera, llegar a Panguipulli, bordear el lago Pirehueico y alcanzar el destino final. Algunas otras aerolíneas con las que se puede llegar a Chile son el consorcio Latam, AirCanada y Taca. Es un trayecto largo y agotador, pero lo que Chile tiene para mostrar en ese pedacito de su geografía vale la pena.

Temas relacionados

 

últimas noticias

¿Donde nadar con tiburones?

Aventura en los desiertos del Perú

Una aventura 4x4 por Quindío