Nueva York, el mundo en cinco distritos

La multiculturalidad es el atractivo de la ciudad. A través de sus barrios, ferias, restaurantes, parques y calles es posible disfrutar de lo mejor de cada uno de los rincones del planeta.

En esta época los árboles de Central Park se tiñen de rojos y ocres. Así despiden el verano y se preparan para afrontar el frío del invierno, que se extiende por dos meses. / Fotos: 123rf

Frenética, caótica, sucia, ruidosa, congestionada y repleta de gente. Pero así mismo imponente, tolerante, luminosa y con la posibilidad de probarlo y hacerlo todo, a cualquier hora del día y de la noche. Desde sobrevolar en helicóptero el río Hudson y comer en un restaurante croata, hasta contemplar una exhibición de fósiles y dinosaurios en tamaño real, recorrer en bicicleta el parque urbano más grande del mundo, irse de compras a la medianoche, adentrarse en los bares alternativos de Soho, caminar por un pedacito de China o contemplar la ciudad desde uno de los rascacielos más altos del planeta, escenario de la famosa película King Kong.

Nueva York es un lugar al que vale la pena regresar. No importa la época del año, siempre será grato visitarlo y sumergirse por unos días en su agitado ritmo, perderse entre las enormes edificaciones, plazas, cuadras y puentes en donde se graban por los menos 40.000 producciones de cine y televisión cada año. En un primer viaje vale la pena dedicar tiempo a los sitios representativos y por supuesto más turísticos: la Quinta Avenida, el Rockefeller Center, el Empire State, Central Park, Times Square, museos como el MOMA, el de Historia Natural o el Metropolitano; Seaport, Broadway, Chinatown, Little Italy, Columbus Circle, Lincoln Center y Wall Street.

Sin embargo, cuando se regresa, lo mejor es comenzar a descubrir la Gran Manzana dejándose llevar más por la intuición que por las reseñas de los libros de viajes. Eso sí, siempre con la compañía de un mapa para no extraviarse y poder desplazarse sin inconveniente, caminando o en metro. Durante estas excursiones por el asfalto se aprende, por ejemplo, que para ver la Estatua de la Libertad no necesariamente hay que pagar un tour. El ferry gratuito que sale cada rato hacia Staten Island pasa cerca de este monumento obsequiado por Francia en 1886 para conmemorar el centenario de la Declaración de Independencia de los Estados Unidos.

También se encuentran otras vías igual de atractivas e incluso más encantadoras, aunque no tan famosas, que la Quinta Avenida. Por ejemplo, Park Avenue. Pasear por ella de noche y ver en uno de sus extremos el resplandeciente edificio Chrysler, toparse con la estación Grand Central —que está festejando sus cien años y en cuyo interior sorprende un techo aguamarina con los signos del zodiaco y un coqueto supermercado gourmet que cambia de look según la estación—, y en medio de elegantes construcciones residenciales y una pequeña senda de árboles entretenerse con las vitrinas.

Otro tesoro neoyorquino que para muchos turistas pasa desapercibido es Eataly. Un gigantesco local sobre la Quinta Avenida en el que se encuentran todo tipo de productos italianos y en medio de neveras con quesos y jamones, góndolas de pastas, panes y aceites de oliva o balsámicos sobresalen mesas y barras para degustar tradicionales y exquisitas recetas. Un paraíso para los amantes de la comida en el que cerca a la salida se adecuó estratégicamente la zona de los helados.

El restaurante de hamburguesas y malteadas Shake Shack, ubicado en Madison Square Park, es otra grata sorpresa en medio de una extenuante caminata, como las que se suelen hacer en Nueva York. Y es que en esta ciudad, a diferencia de las demás urbes estadounidenses, no resulta indispensable el automóvil y muchas veces la congestión del metro y lo entretenido que es pasear por sus convulsionados andenes hacen que visitantes y locales terminen optando por caminar, hábito que se evidencia en la apariencia de sus habitantes. Ver a alguien obeso es toda una proeza.

Para quienes tienen planeado recibir el año 2014 en Nueva York, ni se les ocurra, a menos que compren el mejor plan, atreverse a esperar la medianoche en Times Square. A pesar de ser un sitio emblemático para esta celebración, famoso por los shows musicales y la bola, está absolutamente atestado de gente y es tremendamente aburrido si no se está justo al frente del espectáculo. Son decenas de cuadras cercadas por la policía con vallas que sólo es posible traspasar a las 12:01 y desde las cuales con binóculos y algo de suerte se alcanza a ver un punto, la bola, pero en medio de un silencio absoluto y un frío bestial.

Central Park y el Puente de Brooklyn, desde donde se ven los juegos pirotécnicos, comer en algún restaurante de Soho, Nolita o Tribeca, o preparar la cena en el apartamento donde se esté hospedando (para una estadía larga es la alternativa más práctica y económica) son planes perfectos para comenzar la noche y luego rematar en un club o discoteca. Diciembre, con la nieve, las vitrinas y los parques adornados de luces es una época especialmente mágica para dejarse cautivar por Nueva York.

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@MarySua