Nuquí entre la selva y el océano

La tranquilidad de las playas de arena oscura y la variedad de planes para divertirse son los principales atractivos de este destino natural.

Antes de tomar la avioneta que nos llevaría a Nuquí ya estaba emocionada por conocer Chocó. Varias personas que habían visitado el departamento me dieron muy buenas referencias y justo antes de abordar la aeronave escuché una opinión que corroboraría lo impactante del lugar al que estaba a punto de llegar. Fue una extranjera quien dijo aquellas palabras que retengo en mi memoria: “¿Preparados para conocer el paraíso?”.

Cincuenta minutos después comprobé que lo dicho por mi compañera de viaje era cierto. Las olas de color esmeralda rompiendo contra la playa de arena oscura y la selva de fondo son los paisajes más espectaculares que he visto. Cuando bajamos del avión y embarcamos en la lancha me di cuenta de que visitar esta zona del país es un plan muy diferente al de ir a alguna ciudad del Caribe con su amplia oferta de resorts. En Chocó lo que hay son pequeños hoteles que invitan a relajarse, disfrutar de la naturaleza y alejarse del ruido.

De hecho, para muchos turistas la tranquilidad es el mayor encanto de este lugar, pues en sus playas no hay vendedores ambulantes y en los hoteles y posadas se recomienda oír música con audífonos. Para viajar a Nuquí es necesario acudir a una agencia de viajes que maneje planes ecoturísticos o diseñar el plan con el hotel. No es recomendable llegar sin tener concertado el hospedaje ni el transporte, pues la mayoría de alojamientos quedan alejados del casco urbano.

Las caminatas ecológicas para observar aves, ballenas yubartas o delfines, surfear, montar en kayak o bucear son algunos de los planes más solicitados, aunque hay otra alternativa igual de fascinante: hacer un recorrido en canoa por el río que comienza en el municipio de Joví y termina en una cascada de agua dulce.

Otro programa para la tarde es almorzar en una de las hospederías de la zona de Termales, un pequeño corregimiento ubicado a la orilla del océano, y luego bañarse en las aguas tibias y azules en medio de la selva. Después se puede recorrer la playa y pasar por varias desembocaduras de ríos. Para terminar con un coctel de carambolo y la espectacular vista desde el mirador de la hostería Piedra Piedra, donde hay una piscina de agua natural que se pierde en el mar.

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