Paipa, más allá de los termales

Disfrutar del majestuoso lago Sochagota practicando todo tipo de deportes naúticos, visitar el monumento del Pantano de Vargas y saborear las riquezas gastronómicas de la región, los planes imperdibles.

La emoción y adrenalina se apoderan de los competidores en el embarcadero. Gritos, voces de euforia, urras y vivas se escuchan por doquier. Los mecánicos trabajan a toda marcha y sin descanso para tener listos los equipos de los participantes. El tiempo corre y, en menos de 10 minutos, iniciará la competencia.

Todo está listo. Los botes y motos acuáticas flotan sobre la orilla del lago de Sochagota, los pilotos y copilotos ocupan sus posiciones, llegó la hora de demostrar quién es quién en el campo de juego. Aunque al final lo de menos es el premio, la mayor satisfacción es saber que día a día se maniobra mejor, se consigue más estabilidad en el agua y los giros se hacen despacio, pero con intensidad, para realizar cruces perfectos y dejar atrás a los rivales.

“Lo mejor de competir en esta clase de eventos es la adrenalina que se quema segundo a segundo, es algo realmente indescriptible, no tiene precio”, puntualiza el concursante Andrés Camargo.

La emoción que causa la competencia en los espectadores y participantes es la razón por la cual cada año se realiza el Festival del lago Sochagota, un concurso en el que se lleva a cabo la modalidad de velocidad en circuito en cuatro mangas en las categorías de motor fuera de borda, inflables, semirrígidos y motos acuáticas.

El escenario natural de la competencia es una laguna artificial construida en 1953, con 8.150 hectáreas, para la práctica de esquí acuático, velerismo, kayak, canotaje o simplemente hacer ejercicio dando un paseo en un bote de pedales.

Alrededor del inmenso espejo de agua sobresalen grandes hoteles en medio de una tupida vegetación que deja ver las montañas enmarcadas por árboles.

Al final de la competencia los turistas, que llegan de todas partes del país a observar la destreza de los deportistas, recorren la plazoleta principal de las artesanías en busca de algún souvenir y degustan las tradicionales almojábanas, masatos, colaciones, arepas y quesos.

Pero Paipa es más que paseos, artesanías y deportes náuticos. Desde 1825 ostenta fama nacional por sus fuentes y piscinas termales que tienen propiedades curativas y dieron paso a la creación del centro de hidroterapia termominero-medicinal que brinda grandes beneficios a la salud.

El ciclo comprende seis actividades con una duración de 20 minutos cada una. Inicia con la piscina de hidromasaje, dotada de diversos chorros, altos y subacuáticos con distintas presiones para estimular las diferentes zonas del cuerpo. Continúa con la cama de burbujas, una estructura ergonómica con un sistema de presión de aire que regalan al turista un micromasaje de relajación. En seguida está el jacuzzi, el cual permite la absorción de minerales por la acción de los chorros. Luego viene el sauna, un espacio natural en el que se disfruta de agradables aromas. El circuito finaliza con la terapia de lodo, una sustancia que se pone en el cuerpo y que permite que la piel elimine toxinas y renueve las células.

Después del recorrido de relajación, los visitantes salen como nuevos a seguir disfrutando de Paipa. El monumento de Los Lanceros sería la siguiente parada, ya que esta obra, del maestro Arenas Betancur, es digna de apreciar, pues rinde homenaje a la Independencia, cuando Simón Bolívar libró la batalla en el Pantano de Vargas, ocurrida en 1819.

Aunque muchos visitan Paipa interesados en sus famosas aguas medicinales, al llegar los turistas se encuentran con un mundo de atracciones y sabores que no tiene límite.

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