Parque sagrado

El 80% de las más de ocho millones de personas que integran la población de Bogotá consume el agua que genera el Parque Nacional Natural Chingaza, que abarca porciones de 10 municipios de los departamentos de Meta y Cundinamarca.

Trío de límpidas lagunas conocidas como de Siecha en Guasca./ Flickr: Luis Alejandro Bernal Romero

Algunas de sus más de 40 lagunas, empotradas en las montañas y rodeadas de frailejones, fueron lugares sagrados para la desaparecida civilización muisca, que las adoptó como epicentros ceremoniales. Al norte, en jurisdicción del municipio de Guasca, se encuentran las lagunas de Siecha, un trío de espejos de agua rodeado por una formación montañosa. Allí, los indígenas acudían en peregrinaciones, realizaban festividades y situaban ofrendas. Otra laguna sacra, la de Chingaza, abarca 88 hectáreas y está alojada en la forma de herradura que genera la Serranía de los Órganos. En ese punto, los muiscas reverenciaban la vida y la fertilidad, protegidos por el Cerro de San Luis, el más alto del parque.

Además, el ecosistema de páramo que predomina en la zona alberga más de 380 especies de plantas, entre las que se encuentran ocho clases de musgo que contribuyen a conservar la humedad. En medio del paisaje, frío y opaco, se observan de vez en cuando mariposas de montaña, venados, dantas, cóndores, pavas, anfibios y reptiles. El parque también es el hogar de osos de anteojos, pumas, tucanes, tigrillos y monos nocturnos, que lo convierten en un escenario privilegiado para la investigación de la biodiversidad y el avistamiento de fauna silvestre. Cerca de 15 mil personas acuden anualmente a estas tierras, en las que se han trazado cuatro senderos para ejercitarse y admirar la naturaleza. El camino de las Lagunas de Siecha, con una longitud superior a cuatro kilómetros, también permite apreciar quebradas y pantanos.

El área cuenta con una cabaña para el alojamiento de visitantes, apostada en el sendero Lagunillas y con capacidad para 30 personas, que es administrada por Parques Nacionales Naturales. Si de establecer mayor contacto con los ecosistemas se trata, existe la posibilidad de pasar la noche en una zona de camping, que está dotada de parqueadero, energía eléctrica, hornillas de carbón, servicios sanitarios y agua potable. Con una temperatura que oscila entre los 4 y los 21,5ºC, se recomienda llevar chaqueta, guantes y pasamontañas, entre otras prendas adecuadas para el clima de páramo.

Para llegar al parque se debe tomar un desvío en el segundo kilómetro de la vía La Calera-Guasca. Una carretera destapada conducirá al retén de Piedras Gordas tras 35 kilómetros de recorrido, donde se encuentra ubicado el Centro Administrativo Monterredondo, que marca la entrada a la zona. Un punto de partida para dejarse atrapar por la solemnidad del ambiente y apreciar la sacralidad que supieron reconocer los indígenas en la conjunción de lagunas y serranías que constituyen este territorio de 76 mil hectáreas.

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