Por la ruta de la achira

El Huila es ese paisaje colombiano lleno de misticismo, gastronomía y aventura. Los opitas siempre están dispuestos a recibir a todos sus visitantes para recorrer desde Neiva, capital del río Magdalena, el maravilloso mundo de la cultura huilense.

La arena rojiza adorna el desierto de La Tatacoa, lugar perfecto para la observación de los cuerpos celestes.Cortesía Naventura

Para ayudar a la campaña libertadora de Simón Bolívar, en Neiva se fundó de forma clandestina la Organización Patriótica, un grupo de espías e informantes que para entendimiento entre ellos se nombraban con el santo y seña de su sigla, Opa. Luego del grito de libertad en 1819, en la región se siguió utilizando esta palabra como saludo y al hijo menor de quienes ostentaba ese honor se le comenzó a decir “opita”.

Así, visitar el municipio de Villavieja, primera capital de Huila y puerta de entrada al desierto de La Tatacoa, es empezar el contacto con la cultura del paisaje árido, su ritmo de vida y sus costumbres gastronómicas para disfrutar de un estofado de ovejo, plato tradicional de la región. Allí también se puede visitar el Museo del Totumo, donde se elabora todo tipo de artesanías con ese material.

Al desierto se puede llegar por la vía carreteable desde Neiva a Villavieja, en una distancia aproximada de 38 km. Sumergirse en el desierto de La Tatacoa, ligeramente ondulado y de laberintos de franjas rojas grisáceas, da al espectador el ambiente adecuado de una experiencia sensorial única y privilegiada para observar los fenómenos astronómicos. Los tres sitios de interés a los que llegan todos sus visitantes son: La Venta, punto de investigación y de recursos paleontológicos; El Cusco, donde se aprecian las tierras grises y pardas doradas por el sol, y Los Hoyos, sector donde la arena por efectos de la erosión forma enigmáticas figuras.

Esas mismas siluetas desérticas inspiran las originales cerámicas que se encuentran en el municipio de Campoalegre, capital arrocera del Huila, donde el barro cobra vida en vasijas y utensilios adornado con flores y ornamentos regionales.

De la arena rojiza inhóspita se pasa a un verde de diferentes tonalidades y el agroturismo se hace presente para interactuar con las fincas cafeteras de Garzón y Gigante. Allí, un grupo de emprendedores producen y comercializan el producto tipo exportación, haciendo de la cotidianidad del campo toda una experiencia donde se puede sumergir en el proceso del cultivo para obtener ese grano de gran calidad. Garzón es conocido también por la arquitectura religiosa con sus majestuosos templos, seminarios, monasterios y capillas que hacen un sitio predilecto para el recogimiento y la oración.

Al igual que el panorama, también la gastronomía es variada. Cabe resaltar que por tradición familiar se mantiene una alimentación única, el plato tipo del lugar es el “arroz tapado”, una porción de arroz que está acompañado de pollo en salsa bechamel y champiñones cubierto con tiritas de papa dorada.

A 20 minutos de Garzón está la represa El Quimbo, un sitio imperdible. Allí se encuentra el viaducto Balseadero, el más largo de Colombia, con una longitud de 1,7 kilómetros, que conecta los municipios de Garzón y El Agrado.

A 5 kilómetros de Garzón está un poblado enigmático: La Jagua (tierra entre ríos), hospitalario, de arquitectura singular y calles empedradas, sitio lleno de encanto, mitos y leyendas, importante centro artesanal de productos de fique que orgullosamente dan la vuelta al mundo y donde se realiza cada año en septiembre el Festival de Brujas.

La puerta del viento se abre en Paicol, al suroccidente del Huila, con unos escenarios naturales perfectos para grandes dosis de adrenalina; sentir el vértigo haciendo torrentismo en la cascada La Serpiente; hacer recorridos de espeleología en la Caja de Agua, donde se hallan hasta cinco especies de murciélagos; o dejarse llevar por el agua practicando rafting en el río Páez y caminatas ecológicas.

Empacado en hojas de plátano, que mantiene su exquisito sabor, sale a relucir el quesillo, un queso no madurado de suave consistencia, con una elaboración típica que refleja las costumbres gastronómicas de tradición, producto insignia del municipio de Yaguará, ubicado a una hora de Neiva, donde además se elaboran el bizcocho de achira, cuajadas y diferentes productos de reconocimiento local. Este pueblo está ubicado a orillas del embalse de Betania, conocido por ser una de las fuentes de energía más importantes de Colombia y un atractivo natural ideal para la práctica de deportes náuticos.

Agua, sol, naturaleza, arqueología, tradición cultural, gastronomía, astrología, aventura y diversión en un destino emergente con una gran oferta turística lo esperan en una tierra de gente emprendedora y amable, la tierra opita.

*Invitación Cotelco

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