San Juan Comalapa: tierra de ritmos, sabores y colores

Un pequeño municipio en el interior de Guatemala conserva la memoria de la civilización maya. Con imágenes y figuras dan vida a las tradiciones de la etnia kakchiquel.

El 97% de sus habitantes pertenecen a la etnia kakchiquel. Rolando Estrada Cuevas

Un mural cuenta una historia en San Juan Comalapa. Una que se divide en varios capítulos, que se expande a lo largo de diferentes períodos y etapas en el tiempo, y cuya sumatoria da como resultado los orígenes y la evolución de un tradicional pueblo guatemalteco.

Es una historia de liberación. De una inquebrantable búsqueda por mantener las tradiciones, por seguir adelante, por vivir. Se inicia con los orígenes de la civilización maya y la etnia kakchiquel, sus costumbres, creencias y tradiciones. Se encuentra con una invasión de hombres vestidos con prendas brillantes marcados por un símbolo, presente en banderas y cascos: una cruz. Refleja la vida colonial y la pérdida de ciertas costumbres. Recuerda y conmemora a las víctimas de una guerra civil que les costó la vida a casi 200.000 personas.

A una distancia aproximada de 80 kilómetros de la capital de Guatemala se encuentra un municipio cargado de color, figuras y tradiciones. Los caminos y paredes que componen sus calles rebosan expresiones artísticas. Pequeñas pinturas, en las que priman el verde y el ocre, adornan los postes que anuncian el ingreso a Comalapa.

Varias mujeres transitan por una empinada carretera. Sobre sus hombros, y con ayuda de sus manos, cargan bultos de lo que parece ser maíz. Son de estatura media, piel canela, y visten una colorida falda que les llega a los tobillos. En su torso hay una especie de chal rojizo y con verdes grabados. Al escuchar el sonido del motor del vehículo levantan sus rostros y sonríen a los pasajeros.

Son las vías de ingreso a este poblado, y lo que en algún momento fue una carretera pavimentada, rodeada de plantaciones de este grano, ahora es una en piedra, gris y húmeda. Es el segundo semestre del año y las nubes empiezan a apoderarse del territorio guatemalteco.

El sol, que en ocasiones se impone sobre la densa y borrosa capa de nubosidad que recorre sin prisa el cielo, se refleja sobre una masa en las manos de las mujeres que instalan una diminuta parrilla de carbón a las afueras de sus casas. El palmoteo es constante. Cuando el auto se detiene en un semáforo, aparecen los aplausos, que no son más que el fruto de la elaboración de las tradicionales tortillas de maíz, hechas al aire libre y que se venden a un precio no superior a los cuatro quetzales ($1.500 aproximadamente) por tres unidades.

Hay diferentes locales. Ofrecen internet, alimentos y arte. Las casas parecen pequeñas y en su interior es común ver un radio o un televisor encendido, sillas y algunos bultos de maíz. Afuera de una de ellas hay un letrero que invita a ingresar a una galería. Es el hogar de Iván Gabriel, un artista de la zona cuya obra se expande al campo de la gastronomía, la literatura y la música.

El alma grita en Comalapa. Pintura, música, escultura y poesía son algunas de las formas como sus pobladores liberan sus pensamientos. Es tierra de la imaginación, un espacio donde las creaciones que algún día merodearon el mundo de las ideas traspasan el limbo entre lo real y lo imaginario para plasmarse en lienzos, piedras, madera y papel.

“Cuando pensamos en este municipio, pensamos en arte y color. El talento es innato en sus pobladores”, dice José, nuestro guía, mientras un joven no mayor a los 15 años, con camisa y pantalón blanco, nos da la bienvenida a su hogar. Adentro, su padre, Iván Gabriel, alista la mesa. Dos copas con cusha (bebida fermentada a base de frutas) y una canasta con tortillas acompañan un plato sobre el que hay arroz, carne y yuca, bañados sobre una espesa salsa marrón. Es su más reciente creación.

Nuestro anfitrión es uno de los hombres más reconocidos de la región. No tenía más de diez años cuando el alcalde del municipio llamó a su humilde puerta para preguntar si era el autor de una pintura que cautivó a unos turistas alemanes durante una feria. Ese día supo que “el Ser Supremo” tenía algo preparado para él, y desde entonces se ha dedicado a crear. Sacar de su imaginación todo lo que se le ocurre, ya sean situaciones para sus cuadros, sonidos para su música o bebidas como la que brindó a sus invitados esa tarde.

Como él, hay una amplia lista de artistas nativos de San Juan Comalapa. Resaltan Andrés Curruchich, Santiago Tuc Tuc, Silverio Sotz y Rafael Álvarez Ovalle, compositor del himno nacional de Guatemala.

Comalapa es un lugar ideal para quienes buscan explorar lo autóctono y las tradiciones dentro de un destino. Es también, sin duda, una parada imperdible cuando se viaja de la capital, Guatemala, al lago Atitlán, un cuerpo de agua cargado de misticismo cuya magia se siente en el aire apenas abandonamos las coloridas y empedradas calles de esta población del departamento de Chimaltenango.

* Invitación del Instituto Guatemalteco de Turismo (Inguat).