Tesoros naturales

En medio de las altas edificaciones, del rojo ladrillo que resalta en la ciudad y de las largas filas de carros, un paraíso se esconde.

Desapercibido y compuesto por varios parajes, abraza a la urbe y pinta de verde el paisaje. Lugares vibrantes para escapar un fin de semana y respirar aire puro. (Vea en imágenes los Siete tesoros naturales por redescubrir en Bogotá)

Parques, reservas, humedales y páramos son algunos de los imperdibles para visitantes y locales y a través de ellos Instituto Distrital de Turismo invita a descubrir lo mejor de la naturaleza de la capital. Hasta el próximo viernes, los bogotanos podrán votar por sus sitios favoritos ingresando a la página www.tesorosnaturalesbogota.com.
Conozca cinco de los catorce lugares finalistas que guardan la vida, la riqueza y la diversidad natural de la ciudad.


Humedal La Conejera

Veinte años duró su recuperación. Hasta 500 volquetas de escombros y basura y cinco millones de litros de aguas residuales llegaron a parar a este humedal. Para ponerle fin al daño ambiental se creó en 1993 la Fundación Humedal La Conejera (FHLC). Gracias al esfuerzo conjunto con la comunidad de Suba Compartir, que bordea el lugar, hoy se preservan ocho especies de mamíferos y más de 30 de aves, entre las que se encuentran la endémica tingua bogotana, el cucarachero de pantano, el chamicero y el pato pico rufo. Cada año llegan alrededor de 16 mil visitantes, que observan la formación natural alimentada por las aguas de la quebrada La Salitrosa y el río Bogotá.


Jardín Botánico José Celestino Mutis

El jardín botánico más grande del país le rinde honor al director de la Expedición Botánica y al primer estudioso de las ciencias naturales en la Nueva Granada. Con un área de 19 hectáreas, promueve la investigación de la diversidad de la flora colombiana, tiene muestras de bosque andino y de niebla y de plantas que carecen de flores. Además, cuenta con circuitos de invernaderos con vegetación de todos los climas.


Quebrada La Vieja

Hasta 1984 esta fuente hídrica no era más que un elemento del entorno. En ese entonces, los vecinos del barrio Rosales unieron esfuerzos para recuperar la zona y convertirla en el espacio ideal para madrugar a hacer ejercicio. El bambú delgado, que abunda y sirvió en la época de la Colonia para hacer pisos y cubiertas, cubre a quienes recorren la quebrada y sus alrededores desde las 5:00 a.m. hasta las 10:00 a.m. El olor a eucalipto y pino, especies traídas por Jorge Eliécer Gaitán cuando era alcalde de Bogotá para reforestar los cerros orientales, está presente por los senderos. A través de un túnel transcurre el agua del acueducto de la ciudad y cada vez se siembran más especies locales, como los cedros y los nogales. El camino de ascenso es el que usaban los indígenas para llegar a lo más alto de la montaña.

Páramo de Sumapaz

Boca Grande, Larga, Guitarra, Cajita y Chisacá son las lagunas de origen glacial que protagonizan el paisaje de este páramo. Con 178.000 hectáreas es el más grande del mundo y alberga animales como osos de anteojos, venados, águilas y cóndores. Considerado un lugar sagrado para los aborígenes muiscas se ubica entre los departamentos de Cundinamarca, Huila y Meta, sobre la cordillera oriental.

Parque Simón Bolívar

Cuatrocientas hectáreas de zona verde se extienden por este parque, el más frecuentado por los bogotanos. El espacio predilecto de Rock al Parque y el Festival de Verano fue construido en 1968 para la visita del papa Pablo VI. Tiene capacidad para 60.000 personas y ofrece actividades como paseos en bote de remo, pedal y canotaje; recorridos en bicicleta a lo largo de sus cuatro kilómetros y juegos en la arena.

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