Un pueblo que invita a volver

La arquitectura colonial, las calles empedradas y unos habitantes que conservan las tradiciones han convertido a esta población en una de las más bonitas del país.

Lo más seguro es que cuando esté dejando Monguí, una población de menos de cinco mil habitante situada a casi 90 km de Tunja, en Boyacá, lo comprometan a regar la voz a donde quiera que vaya para que los visiten. Una tarea que cualquier viajero hará con todo el gusto, una invitación para regresar.

Sin embargo, Monguí no es simplemente un pueblito bonito, hace parte de la red de pueblos patrimonio de Colombia, una lista que integran 17 poblaciones más, como Villa de Leyva, Ciénaga, Salamina, Jardín, Barichara y Mompox, entre otros.

Monguí es un pueblo colorido que conserva varias calles empedradas, techos rojos y gente que camina arropada en tejidos, y en el que, a pesar de su pequeña extensión (no más de diez calles y diez carreras en el casco urbano), no basta un día para conocerlo por completo.

Es hogar de la Basílica Menor de Nuestra Señora de Monguí, edificada entre 1694 y 1760, considerada la referencia religiosa más importante de la población. Caminando unas cuantas cuadras se llega al puente Calicanto, sobre el río Morro, construido en la época de la Colonia para traer la piedra con la que fue levantada la basílica.

Y no se puede hablar de este municipio sin mencionar que es uno de los principales productores de balones del país, en el que se reparten decenas de fábricas y almacenes que exponen en sus fachadas las piezas manufacturadas.

A través de esta galería podrá darse una idea de su encanto y llenarse de argumentos para no dejar a Monguí por fuera de cualquier paseo.