Un viaje en el tiempo

A 20 minutos de Bucaramanga se esconde la ciudad blanca. Calles empedradas, puentes de calicanto y casas con grandes balcones hacen parte de su tesoro histórico.

La Basílica Menor San Juan Bautista, ubicada en la plaza principal de Girón, es una réplica de la iglesia de Santa María La Mayor de Roma. /Vanguardia Liberal

Un grupo de gitanas en la plaza principal leyendo la mano de los transeúntes, varias ventas de raspados, dulces, mochilas tejidas, artesanías propias de la región y el recurrente sonido que producen las ocho campanas de la catedral, dan la bienvenida a Girón.

La ciudad blanca de Santander, ubicada a nueve kilómetros de Bucaramanga, aún conserva sus tradiciones, arquitectura e historia. Calles empedradas, faroles, construcciones coloniales y puentes de calicanto hacen que los visitantes viajen unos siglos atrás por la historia del país.

No es un destino de aventura, tampoco de desorden o de extremos, es un paraje de tranquilidad que incita al descanso, a la relajación y al encuentro con la espiritualidad, principalmente en Semana Santa, cuando peregrinos de Colombia y el mundo veneran la imagen del Señor de los Milagros ubicada en la Basílica Menor San Juan Bautista, una replica de la iglesia de Santa María La Mayor de Roma en Italia.

Los 26°C de temperatura promedio hacen que, casi todas las tardes, lugareños y extranjeros descansen bajo las sombras de los árboles en el parque central mientras disfrutan de un tinto y una conversación. Otras actividades familiares son visitar sitios turísticos como el Humedal del Pantano, el Parque Gallineral de Girón, el Peralta, Las Nieves y el Calicanto.

Si el plan es cultural, la recomendación es pasar por el Museo La Mansión del Frayle, lugar donde se firmó el Acta de Independencia de Colombia; por el Museo de Arte Religioso, donde se encuentran los mejores productos artesanales, pinturas del siglo XVIII y elementos religiosos; recorrer el Malecón es otra buena opción si el municipio está en ferias: allí se consiguen las tradicionales casetas y ventas de fritanga, o visitar la Casa de la Cultura, donde se ofrecen cursos de música, artesanías y manualidades, clases de danza, deportes y las mejores exposiciones artísticas.

Pero más allá del atractivo arquitectónico que convirtió a Girón en un Monumento Nacional de Colombia, este municipio de casas blancas y amplios balcones marrones es un destino gastronómico. El cabro, la carne oreada y las hormigas culonas son solo la carta de presentación que ofrecen tantos restaurantes santandereanos. Otras propuestas tienen que ver con mute, parrillada y pepitoria, si se trata de almuerzo. Para las onces lo más apetecido es el sabajón acompañado de tamal, pan, una taza de chocolate gironés, queso, mantecada, pandebono o galletas.

En cuanto a dulces, el abanico de posibilidades incluye cocadas de mora, piña, maracuyá, guanábana, arequipe, borojó, guayaba y chocolate, así como alfandoques, maní tostado, bocadillos y el tradicional chocolate casero.

De esta manera, San Juan Girón sigue luchando por mantener la esencia histórica y patrimonial que por años ha conservado alrededor de sus 46 manzanas de zona colonial y por enseñar, a través del museo al aire libre, el legado que hace miles de años dejaron sus fundadores. Mientras lo logra, continúa posicionándose como uno de los pintorescos pueblos más llamativos que tiene Santander.

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