Villa Epecuén, ?el agua que se tragó una historia

A siete horas de Buenos Aires se encuentran los vestigios de lo que fue un concurrido pueblo, uno de los primeros de Argentina en especializarse en turismo de la salud, gracias a las propiedades del lago que lo rodean. ?Hoy, además de recorrer sus ruinas el atractivo es relajarse en sus famosos spa.

Los vestigios de la ciudad, ubicada a siete horas de Buenos Aires, son visitados cada año por centenares de turistas.
Los vestigios de la ciudad, ubicada a siete horas de Buenos Aires, son visitados cada año por centenares de turistas.

10 de noviembre de 1985. 3:00 de la mañana. Las sirenas de los bomberos se vuelven una sola para anunciar el comienzo del desastre. Entre el caos de los más de 1.500 hombres, mujeres y niños que saltan de sus camas esa madrugada, que se lanzan a las veredas en medio de la oscuridad, alguien susurra el primer comentario que pronto se hará una verdad común: el lado este del terraplén de piedra y tierra acaba de ceder. Y ese murmullo, ese gorgoteo que nace de la parte más negra del pueblo, no es más que agua deslizándose como una serpiente líquida sobre las primeras calles cercanas al lago. ?

Apenas una hora después, Villa Epecuén, aquella localidad turística fundada en 1920 a orillas de un espejo lacustre célebre por las propiedades curativas de sus aguas, se hace un trazado de canales agitados por cientos de vecinos, tanto de dicho pueblo como del cercano Carhué, desesperados por salvar de esa inundación que llegaría para quedarse los muebles de las casas, ropa o cuando menos un recuerdo familiar.?

La crónica oficial destaca que la evacuación del pueblo resultó exitosa y sin víctimas fatales. Para los protagonistas de ese verdadero éxodo algo murió para siempre entre las aguas del lago, que entre 1950 y 1970 llegó a atraer hasta 25.000 turistas por temporada. Hacia 1986 el pueblo, como un Titanic de cemento y asfalto soldado a la tierra, yacía a cuatro metros de la superficie. En 1993, diez metros de agua mantenían sepultada a la villa. Sus habitantes, instalados en su mayoría en la vecina Carhué, a 12 kilómetros de Epecuén, poco a poco iniciaban el reclamo judicial por una catástrofe que pudo evitarse.?

Situada a un poco más de seis horas de Buenos Aires, la capital de Argentina, y famosa por ser una de las primeras exponentes del llamado turismo de salud, Villa Epecuén floreció durante la primera mitad del siglo XX gracias a la riqueza natural del lago homónimo; dueño de propiedades minerales y una concentración salina similar a la del reconocido Mar Muerto que comparten Israel y Jordania. Según diversos estudios, el agua de Epecuén contiene una salinidad hasta cuatro veces por encima de la que ostenta el océano.?

Hoy, ya totalmente descubierta aunque deshabitada, la localidad es un auténtico cementerio de edificaciones en ruinas que da testimonio de una de las páginas más tristes de la historia provincial. ?

No faltan los toures o recorridos de visita a los escombros del que fuera un lugar signado por el lujo y el esparcimiento. Tampoco, los exhabitantes que, provenientes de distintos puntos de la Argentina, peregrinan al pueblo en búsqueda de un pasado dorado ahora blanco de sal y desolación. Porque algo murió para siempre en la profundidad de ese lago que un día rugió hasta ahogarlo todo. Sin embargo, en cada hombre, mujer y niño que alguna vez habitó Villa Epecuén, todavía sobrevive ese deseo de salvarlo todo.