La fórmula de la felicidad

Dicen que es cuestión de genética. Sin embargo, la actitud parece ser la clave. Dar otorga más satisfacción que recibir. Y comprobado: el dinero, no la compra…

Suele pasar que confundamos los estados de ánimo con las emociones, por eso, lo primero que hay que aclarar es: una cosa es estar alegres y otra es ser felices.

El primer caso habla de una emoción, que aunque intensa, es pasajera. La segunda, es toda una ciencia, pues es el reflejo de nuestra vida. Alcanzarla no es nada fácil, por eso desde hace varios años médicos, psicólogos, sociólogos, economistas, nutricionistas y una larga lista de expertos buscan la manera de conseguirla, pero sobretodo de mantenerla.

El tema ha tomado tal importancia que el pasado 20 de marzo se celebró en todo el mundo el “Día Internacional de la Felicidad”, según explicó el secretario general de la ONU, Ban Ki-moon, para “reconocer la relevancia de la felicidad y el bienestar como aspiraciones universales de los seres humanos y la importancia de su inclusión en las políticas de gobierno”.

Sin embargo, el único país que le da tal relevancia a la felicidad es el reino de Bután, en donde no se mide el Producto Interno Bruto sino el Producto Interno de Bienestar.

Naciones Unidas determinó que “la búsqueda de la felicidad es un objetivo humano fundamental”.

Un objetivo cada vez más esquivo, según revelan las estadísticas, pues “la gente se ha concentrado en tener, en llenarse de cosas materiales, buscar su satisfacción personal y olvidarse de los demás, la sociedad es cada vez más individualista, menos generosa y muy egoista”, explica la psicóloga argentina Mariela Grynblat. Los estudios señalan que vamos por mal camino.

El último informe publicado por la revista American Economic Review reveló que hay más felicidad en las causas nobles y altruistas y en cosas como dormir bien, que en comprar carros, ropa y hasta bienes raíces. Sin embargo, la mayoría de personas está dispuesta a sacrificar cosas, por dinero.

“Lo que la gente elige hacer y lo que esas mismas personas que los haría más felices normalmente no coincide, pues ahora hay cosas más importantes que la felicidad y eso marca nuestras decisiones”, explicó Alex Rees-Jones, autor de la investigación.

Sonja Lyubomisky, de la Universidad de Stanford, escribió en Reveiw of General Psychology que “la gente feliz no es egoísta, los más colaboradores, caritativos y que se preocupan más por los demás tienen niveles de felicidad mucho más altos que aquellos que piensan primero en ellos”. Tal vez por eso, reportan mayores niveles de bienestar los casados, que los solteros.

Y aunque no hay una fórmula infalible para alcanzarla, resulta que sí hay factores que hace más fácil conseguirla. Años de estudios determinaron que la felicidad es cuestión de género. Las mujeres (hasta los 48 años) son más felices que los hombres, aunque tiendan más a deprimirse.

La edad también influye: la época más feliz de todos es sin duda la infancia, pero para quienes piensan que todo tiempo pasado fue mejor, malas noticias, la felicidad plena se alcanza a los 60 años, cuando tras lo aprendido se da más valor a lo básico, a lo realmente importante.

La felicidad se ha convertido en un tema tan importante que hay gobiernos que dedican millones a su estudio. La Unión Europea, por ejemplo, financió el proyecto Hapiness, una investigación que tomó tres años y que analiza cómo influyen el clima, la salud, la educación y otros factores en el bienestar.

El premio Nobel de Economía de 2002, Daniel Kahneman escribió hace ocho años en una revista científica que “si la felicidad es el motor del comportamiento humano, hay que empezar a medirla”.

Y es por eso que hoy se mide el nivel de felicidad por países en varias encuestas y el resultado es contrario a lo que todos pensarían: los países con más conflictos y pobreza, reportan los niveles más altos de felicidad. Colombia, por ejemplo, ocupa el segundo lugar de lugares más felices del mundo. La paradoja, según economistas, es que “el dinero no compra la felicidad, como pensamos en algún momento de nuestra vida”.

En general, hombres y mujeres, reportan que lo que más las hace felices es su trabajo (si está bien remunerado), luego su familia, su pareja, los amigos y relajarse. Según un estudio de los psicólogos Edward y Carol Diener, un desengaño amoroso afecta significativamente nuestro estado general pero solo durante tres meses. Seis meses después, volvemos a estar en nuestro nivel medio de felicidad. Claro, si quien vive “la tusa” es un ser con tendencia al bienestar.

Otro estudio mostró que la felicidad viene determinada en un 50% por nuestros genes y la crianza. Si hay maltrato durante la niñez, es muy difícil que esa persona crezca y busque la felicidad.

El otro porcentaje importante lo marcan las cosas que decidimos hacer: buscar una buena pareja (hay muchas equivocaciones en este punto) o hacer lo que siempre queremos (son pocos los que trabajan en lo que los hace felices). Y finalmente, lo más importante es la capacidad de resiliencia (recuperarse), adaptarse a las circunstancias, es decir la resistencia emocional, la capacidad de levantarse luego de una situación difícil. Ellos vivirán más felices por más tiempo.

La receta de la felicidad de Deepak Chopra

Para el doctor, escritor y conferencista indio, la fórmula de la felicidad es P+C+A: es decir la suma de la predisposición, condiciones de vida y actividades voluntarias.

  • La predisposición (40%): viene en los genes, pero también en la infancia y la conducta de los padres. Si un niño crece rodeado de adultos infelices, su sistema nervioso quedará programado para la infelicidad
  • Condiciones de vida (7 a 12%): más que tener una vida sin limitaciones o con muchos inconvenientes, lo que ayuda es la capacidad de adaptación a las experiencias negativas o positivas.
  • Actividades (50%): lo que elegimos hacer y ayudar a otros. Hacer felices a otros o ayudar es lo que más satisfacción personal otorga.

Las siete claves

La estrategia para ser feliz según Chopra:

1. Tomar conciencia del cuerpo: mantenerlo sano, sentirlo, escucharlo y responderle da paz, armonía y alegría.
2. Autoestima: descubrirla cada día y no dejarla en manos de las opiniones de otro. Es cimentar el ser verdadero, no la imagen pública.
3. Desintoxicación: el estado natural debe ser la alegría, tranquilidad y realización. Salir de hábitos, relaciones y emociones tóxicas ayudan a limpiar el ser.
4. Razón: hay que renunciar a tenerla, pues daña cualquier relación. Cada uno ve las cosas de maneras diferentes y gastamos mucha energía tratando de defenderla.
5. Presente: es lo que importa y hace que todo se renueve constantemente. No hay que quedarse en el pasado ni preocuparse por el futuro. Vivir el momento actual.
6. El mundo interior: Si hay temor en tu ser eso se reflejará en todo. Hay que vibrar en el amor, la buena actitud: eso ayudará a dejar fluir la felicidad y la abundancia.
7. Iluminación: volver a lo básico buscando en tu ser interior: tu hogar está lleno de amor, tranquilidad y alegría. Hay que regresar a él. La felicidad siempre ha estado allí.

El menú del buen humor

Somos lo que comemos, dice el refrán popular. Y la ciencia lo ratifica: resulta que los alimentos influyen en el estado de ánimo. Los neurobiólogos encontraron que la producción de serotonina y endorfinas (hormonas que generan sensaciones de felicidad, bienestar, buen descanso y alivio) en el cuerpo aumenta cuando consumimos ciertos alimentos.

Por eso una buena dieta (que incluya todos los grupos alimenticios) nos puede dar mucho bienestar. “Los alimentos de color naranja y rojo estimulan; los azules, calman; los amarillos animan, los verdes ayudan a la concentración, por eso nuestros platos deben ser muy coloridos”, dice la nutricionista Diana María López.

Estos son los alimentos de la felicidad

  • El banano: tiene un efecto calmante sobre nuestro sistema nervioso. Ayuda a aquietar el sistema nervioso.
  • El chocolate: el mejor es el negro, pues no aporta tantas calorías. Potencia el rendimiento y estimula la circulación.
  • Piña: aliado contra la frustración. Da sensación de vitalidad y optimismo. Ayuda a la concentración y la motivación.
  • Picantes o chiles: combate la depresión y la frustración. El ardor es percibido como dolor por el cerebro y lo contrarresta produciendo endorfinas.
  • Dicen que también la leche, los pescados con omega 3, las fresas, las espinacas, la avena, semillas de girasol, las lentejas, la cafeína y el requesón favorecen el optimismo y el buen humor.
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