Escribir para creer en valores democráticos

Con 23 libros académicos, el columnista “on line” de este diario Hernando Roa Suárez escribe para la democracia. Sus dos últimos aportes: una semblanza política sobre Darío Echandía y una reflexión sobre el maestro universitario.

Hernando Roa Suárez, catedrático, autor de 23 libros y periodista de opinión. Archivo El Espectador

A sus 79 años, Hernando Roa Suárez no para de escribir y de enseñar. Por más de dos décadas lo hizo en la Escuela Superior de la Administración Pública (ESAP). También en los Andes, Rosario, Externado, Javeriana y La Salle en Bogotá, y como catedrático invitado en varias ciudades de Colombia. Es autor de 23 libros académicos y ya perdió la cuenta en los que ha participado como coautor o editor. Actualmente oficia como periodista de opinión, sintetizando en cada escrito su amplio conocimiento de la historia y de la ciencia política.

Él afirma que esa vocación la heredó de sus padres de origen boyacense. Su madre fue maestra y, desde niño, junto con sus cuatro hermanos, su padre les inculcó la lectura diaria de los editoriales de El Espectador y El Tiempo. Por eso, cuando obtuvo su grado de bachiller en el Liceo Cervantes, tuvo claro que quería hacerse abogado. Lo hizo en la Universidad Javeriana, por un tiempo fue consultor de temas financieros, hasta organizó oficina como litigante. Pero pronto entendió dónde quería desarrollarse como profesional: en la cátedra.

En 1964 empezó a dictar clases, pero a los pocos años se le atravesó una beca de la Unesco, y tuvo el privilegio de vivir en Chile la transición al socialismo de la era Allende y la hora amarga del golpe de Pinochet en 1973. El día que regresaba al país, desde la escalinata del avión, gritó a todo pulmón: “Viva el pueblo de Chile”. El personal de la tripulación lo regañó, pero fue su forma de exteriorizar el malestar de ver la democracia aplastada. Una vez en Bogotá, asumió que esa experiencia sería parte de sus enseñanzas en ciencia política.

Se presentó a un concurso de profesores en la ESAP, fue escogido entre 300 aspirantes y se quedó 22 años en la institución. Aunque sus cátedras básicas fueron metodología de la investigación e instituciones políticas, pronto fructificó su disciplina de escritor. Primero con su libro Colombia dependiente y no participante, después con La teoría política sistémica y, en adelante, una sucesión de títulos sin desatender sus clases. En 1996 llegó a ser Director Nacional de la ESAP y ese mismo año comenzó a incursionar en el periodismo.

Inicialmente en Lecturas Dominicales de El Tiempo, luego en El Mundo de Medellín, y, finalmente, en El Espectador. En 1987 hizo una pausa en su quehacer intelectual para oficiar como secretario privado del gobernador de Boyacá, Carlos Eduardo Vargas, pero luego regresó a las universidades, los eventos de divulgación, las conferencias internacionales y sus reflexiones sobre el devenir de la democracia, el desarrollo del Estado o la gobernabilidad. Al mismo tiempo, emprendió otra encomiable tarea: exaltar la figura del maestro.

De hecho, en su último libro, “En torno al maestro universitario, hoy”, con base en la evaluación de los aportes de grandes maestros de la historia, concluye que el mejor educador es aquel que “fertiliza la realidad compleja e inagotable de lo humano”, y con su ejemplo constituye el mejor de sus discursos. En criterio de su prologuista, el historiador Fabio López, en estos tiempos de escamoteo político-ideológico del conocimiento histórico a través de la posverdad, es importante el llamado de Hernando Roa a recobrar hoy la investigación científica.

Y a recobrar la vida y obra de quienes supieron honrar el ejercicio de la política, como describe su reciente trabajo, con apoyo de la Universidad Libre, Darío Echandía, colombiano ejemplar. Un libro que, en palabras del economista Carlos Gustavo Cano, “no se trata de un mero tributo a su memoria, sino esencialmente de una guía de excelencia y ejemplo para las nuevas generaciones, con el fin de animarlas a contribuir a la restauración de la moral y las buenas costumbres a través del ejercicio de la política y el servicio público en el más noble de los sentidos”.

En criterio del propio autor, “saber de la vida y obra de Darío Echandía Olaya es de gran utilidad, especialmente para las juventudes universitarias demócratas, necesitadas de conocer ejemplos de juristas éticos”. Además, ante la profunda crisis de liderazgos políticos en la actualidad, Roa sostiene que también resulta hoy pertinente examinar la trayectoria de tres estadistas que suman el verdadero paradigma liberal en Colombia: los expresidentes Alfonso López Pumarejo, Alberto Lleras Camargo y Carlos Lleras Restrepo.

Respecto a los liberales que llegaron después del Frente Nacional, Hernando Roa, también liberal, tiene sus definiciones: “López Michelsen tuvo indelicadezas. Turbay fue un espléndido politiquero que supo ganar elecciones. Virgilio Barco fue un tecnócrata, pero también un hombre ético que enfrentó el momento más difícil en la historia contemporánea de Colombia. Luis Carlos Galán fue el político más importante de su generación, pero fue traicionado por el neoliberalismo que impulsó César Gaviria cuando llegó al Ejecutivo”.

En cuanto a los siguientes mandatarios de origen liberal, manifestó: “Ernesto Samper cometió el error de permitir que los Rodríguez Orejuela intervinieran en su campaña y eso acabó su vuelo como estadista. Álvaro Uribe ya dejaba dudas desde su mandato como gobernador de Antioquia y, a partir de él, quedó claro que el Partido Liberal dejó de ser la colectividad más importante de Colombia. “En general, en el país se abandonó la bandera de los cambios sociales y se impuso la politiquería. Y el enriquecimiento indebido”, comenta.

Hernando Roa habla con la convicción de haber estudiado la historia política de Colombia. De hecho, en su libro “Construir democracia, 45 años de periodismo de opinión”, documentó el origen de las ideas liberales, sus realizaciones mundiales, sus voces influyentes y, por supuesto, sus dirigentes básicos. Su conclusión es que aún no es tarde para recobrar la ruta del liderazgo centrado en la institucionalización de los principios democráticos, propiciando cambios estructurales que faciliten el surgimiento de nuevos ciudadanos.

Y, en su criterio, quienes tienen en sus manos esa urgente tarea son los maestros. “Son ellos los llamados a facilitar la comprensión de la realidad social, a potenciar el ser histórico de los educandos, a convocar a los jóvenes a ser constructores de paz, a entender que ser maestro es ser buscador de conocimiento para facilitar caminos”. Al menos ese es el legado que quiere dejar después de más de medio siglo en la cátedra, como creador de libros o como permanente difusor de ideas a través de su otra disciplina: el ejercicio periodístico.

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