"Quitar toda la maleza para dejar la nuez"

Luis H. Aristizábal, reseñista y escritor, publicó en la red un catálogo extenso de citas de autores colombianos.

“A los 20 años —dice Luis H. Aristizábal, reseñista y escritor— yo era una especie de viejo erudito. Me había leído cuanto libro pasaba por mis manos”. Además de leer desde la niñez, Aristizábal tenía la sana costumbre de subrayar. A su casa llegaban los suplementos dominicales y fue entonces que comenzó a coleccionarlos. Los libros, plenos de anotaciones, estaban guardados en la biblioteca. “Un buen día se me ocurrió reunir esas notas en forma de citas —cuenta— . Sabía que había muchos diccionarios de citas de muchas partes del mundo, pero no existía un diccionario de frases colombianas”.

Compuso, pues, un diccionario de citas que tiene entre sus filas a presidentes, escritores y poetas colombianos. Lo presentó a varios editores, pero ninguno mostró interés. En 1997, mientras conversaba con Jorge Orlando Melo, en ese tiempo director de la Biblioteca Luis Ángel Arango, comentó su proyecto y Melo quiso publicarlo de inmediato en la página web. Aristizábal ya había transcrito sus apuntes al computador, de modo que sería sencillo convertirlos en un documento que todos pudieran consultar. Pero, en realidad, no fue tan sencillo. “La edición no fue del todo fiable. Tiene muchos defectos y con el tiempo se han multiplicado. El problema de siempre fue la poca difusión. Estaba en una página de difícil acceso”.

Así que el diccionario pasó casi desapercibido. Katherine Ríos, una estudiante que por ese tiempo tuvo contacto con Aristizábal, le propuso crear una página web dedicada al tesauro. La idea quedó en el aire. Sin embargo, en septiembre de este año —casi quince años después de la primera publicación— , nació el sitio del Diccionario Aristizábal de frases colombianas.

“Hace quince años —afirma Aristizábal— nadie se dio cuenta. Siento que ahora me cayeron todas las felicitaciones que no me cayeron antes. Además, no existe una obra parecida. La idea de hacerlo fue ponerlo al alcance de los estudiantes”.

Lo que se puede consultar en la red es un diccionario que en papel ocuparía 2.000 páginas con más de 15.000 citas. Desde cartas de Santander hasta fragmentos de las novelas de José Manuel Marroquín, ya olvidadas, pasando por trozos poéticos de Darío Jaramillo Agudelo.

Es el trabajo, sobre todo, de un lector. “En un niño curioso — dice— , que desde los ocho o nueve años empieza a leer esos libros y queda maravillado, surge una pasión casi inmoderada por la lectura”.

Pero, ¿con qué objetivo se dedica a coleccionar citas? “No sabría decir. Es una cosa innata. Hay personas que somos cazadores de citas. O aforistas involuntarios, armadores de frases. Somos unos lectores abusivos. Me he vuelto especialista en buscar una cita en una novela quitando toda la maleza para buscar la nuez misma de la frase. Eso no lo enseña nadie”.

 

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