Educación y cultura en tiempos digitales

hace 5 mins
Por: Fernando Araújo Vélez
El Caminante

¿Y si te pido que volvamos a conversar?

¿Y si te digo que nuestras cadenas más fuertes provienen del amor, y que el amor en gran parte no es más que una abstracción, y que las abstracciones son inventos humanos? ¿Si te digo que de tanto usar la palabra amor hemos acabado por prostituirla, como estamos prostituyendo los conceptos libertad, paz, feminismo, hasta el punto de que los convertimos en los más grandes de los negocios? ¿Si te digo que ayer, mientras caminaba del trabajo a la casa, conté 17 letreros de amor que vendían amor y prometían amor en hamburguesas, helados, zapatos, franelas y hasta en un bufete de abogados cuyo lema era “Arreglamos lo que el amor rompió”? ¿Y si te digo que los negocios del amor comenzaron con los negocios del capitalismo y se afianzaron con las carreras de marketing y el gran descubrimiento de que había que vender sensaciones, experiencias?

¿Si te digo que cada vez estamos más presos de nosotros mismos? ¿Que por no enfrentar al otro, por no ser capaces de dirimir nuestras diferencias, nos inventamos a un montón de personajes y de profesiones para que actuaran por nosotros, millones de pesos de por medio? ¿Si te digo que por eso surgieron los abogados, intermediarios entre lo que llaman justicia y nosotros, y también los visitadores sociales, que deciden quién es buen padre o buena madre en un solo día, y las oficinas de reputación, y las otras, de conciliación? ¿Y si te digo que cada día que pase va a aparecer un intermediario más que se va a hacer millonario por nuestra incapacidad de solucionar nuestros asuntos, y que las nuevas tecnologías y las nuevas modas de la denuncia están haciendo que esa incapacidad se multiplique?

¿Si te digo que cada vez vamos a hablar menos y a denunciar y linchar más, y que incluso vamos a odiar más, pues lo que más seguidores y likes y demás atrae es el odio, y eso bien que lo saben los marketineros? ¿Si te digo que el odio es otra de nuestras cadenas, y que solemos odiar porque hay unos titiriteros a los que les conviene que odiemos? ¿Si te digo que odiando y linchando y tuiteando odio les damos poder a esos titiriteros, que lograron dividirnos? ¿Si te digo que hablando de divisiones, el otro día me encontré con una frase de Evita Perón que decía algo como “No me hablen de feminismo mientras las condiciones sociales sean las que son?”. ¿Y si te admito que todas estas y otras razones son solo pretextos para que volvamos a conversar?

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