"A la Santamaría regresa la tortura legalizada": Natalia Parra

La directora de la plataforma Animales Libres de Tortura (Alto), el grupo que lidera las movilizaciones contra el retorno de las corridas de toros a Bogotá, reitera que se mantienen las iniciativas ciudadanas y legislativas para proscribir esa práctica.

¿Qué significado tiene el regreso de los toros a Bogotá después de cinco años, tras un fallo de la Corte Constitucional?

No solamente quienes somos animalistas, sino una serie de ciudadanos que ha venido entendiendo que la forma de comportarnos con los animales no debe estar mediada por la tortura, asumimos esto como un retroceso moral. También es un golpe al discurso de paz y de no violencia porque a la plaza regresarán la violencia y la tortura legalizadas. Y eso es aún más fuerte viniendo la orden de la Corte Constitucional, porque representa todo lo que una sociedad moderna no debería hacer: reunirse a ver cómo se tortura a un ser sintiente.

(Lea aquí la postura a favor del regreso de las corridas de toros por parte del presidente de la Corporación Taurina) 

La Alcaldía de Peñalosa sentó su posición contra el regreso de los toros, haciendo la salvedad de que debe cumplir el mandato de la Corte. ¿Cómo analizan los animalistas esta administración, en contraste con la anterior, que fue más proactiva con estos movimientos?

Cuando Petro entró a la Alcaldía (2012), tenía un contexto legal favorable a la decisión que tomó de revocar el contrato de arrendamiento de la Santamaría que mantenía el Distrito con la Corporación Taurina de Bogotá. Algunos dicen que fue arbitraria, pero no fue así. Un fallo del Tribunal de Cundinamarca había dicho que la plaza había sido asignada de manera ilegal a la Corporación Taurina, y que el IDRD debía administrarla. Pero cuando ya apareció la sentencia de la Corte que ordenaba devolver la plaza (2013), más unos autos sucesivos, el panorama cambió y fue cuando entró el nuevo gobierno. Peñalosa ha sido enfático en que no comparte las corridas. Algunos creemos que es cierto, pero más allá de eso sabemos que en el gobierno hay tanto funcionarios que las apoyan como otros en contra. Sin embargo, más allá de la posición del alcalde está la orden de la Corte, y en esa medida entendemos la postura del gobierno.

Ustedes se manifestarán en las afueras de la Santamaría. ¿Por qué hacerlo, si la fiesta brava sigue protegida por la legislación vigente?

La movilización social es fundamental para nosotros porque representa el descontento público. El reclamo público debe salir a la calle y demostrar que estos espectáculos son anacrónicos. Por supuesto que hay personas que se identifican con ellos y van a la plaza, pero no vienen al caso en las teorías modernas de compasión hacia el otro y de comportamiento distinto con la naturaleza. Haremos un cortejo fúnebre para simbolizar nuestro luto. No es para frenar las corridas, porque eso no lo podemos lograr con una manifestación, pero le pediremos al Congreso, que tiene la decisión en sus manos, que actúe. También a la Corte, que todavía tiene algunas decisiones en sus manos, como la consulta antitaurina que estuvimos moviendo hace más de un año y las demandas que están corriendo en esa instancia.

Después de los intentos de la anterior Alcaldía de Bogotá por sacar las corridas de la ciudad quedó claro que la decisión la tiene el Congreso. ¿Cómo van allá las iniciativas animalistas?

El Congreso es la instancia fundamental para prohibir las corridas o cambiarles algunos aspectos, pero a través de los años se ha mostrado reticente. Hemos llegado con proyectos de ley que hablan de toda clase de animales, y simplemente se nos hunden los proyectos por hablar de toros. Por eso la recientemente aprobada Ley 1774, que castiga el maltrato animal, no lleva el artículo que abolía las corridas de toros. Aunque sabíamos que se hundiría, era necesario penalizar el maltrato de, al menos, algunos animales. La lucha, entonces, ha sido muy dura porque si es difícil hacerle entender al Congreso que los animales deben ser protegidos, mucho más complicado que entienda que los toros también. Hay congresistas relacionados directamente con el negocio de la tauromaquia en sus regiones.

¿Qué proyectos cursan allá relacionados con la limitación o eliminación de las corridas?

En la pasada legislatura se hundió un proyecto del senador Armando Benedetti (Partido de la U) para abolir las corridas de toros. También se cayó la proposición del senador Carlos Fernando Galán (Cambio Radical) en medio del debate sobre la reforma tributaria para ponerles IVA a las corridas de toros. Y en este momento cursan tres proyectos de ley muy importantes: dos que van dirigidos a que no se torture al animal y otro para que los territorios en los que se mantiene la tradición de la tauromaquia puedan decidir por medio de un cabildo abierto en sus concejos si esa práctica continúa. Eso es darles la oportunidad de decidir a las entidades territoriales, y no dependan del Congreso.

Además, hay un proyecto que hace cumplir el convenio que firmó Colombia sobre los derechos del niño, para evitar que niños, niñas y adolescentes sean llevados a corridas. Las víctimas de la tauromaquia no solo son el toro y el caballo, sino también los niños, que cuando van a una corrida viven una experiencia que genera afectaciones psicológicas. Esto lo han dicho psicólogos en diferentes partes del mundo. Tampoco deben ser entrenados como toreros. Hay menores empleando armas cortopunzantes y aprendiendo cómo matar adecuadamente una vaquilla. El Ministerio del Interior, por otra parte, ha anunciado su intención de presentar un proyecto de ley para prohibir las corridas de toros.

¿Y ustedes le apuntan a limitar lo que se hace en las corridas o a su abolición?

Nuestro objetivo es la abolición de todas las formas de crueldad con los animales. Colombia debe terminar de una vez por todas no solo con las corridas, sino con las corralejas y las peleas de gallos. Ahora bien, entendemos la postura que en algún momento asumió la Corte cuando se vio enfrentada a una tensión entre dos derechos: uno, el de las personas a las que, efectivamente, les gustan las corridas; y otro, la protección de los animales a cargo del Estado. La Corte, entonces, dijo: por ahora, es exequible el artículo de la ley que permite que se celebren, pero también está el deber del Estado de desestimularlas. Una buena forma de hacerlo hubiera sido que Gobierno y Congreso hubieran aceptado el IVA para las corridas. Nosotros no nos oponemos a que se reúnan y hagan peñas taurinas, a que hagan toreo de salón, a que tengan museos y expongan las armas con las que torturan a los animales. Siempre hemos planteado que se pueda hacer una tauromaquia del siglo XXI en la que, por ejemplo, a los toros lo tengan en dehesas, en una especie de santuario para ir a verlos, ya que dicen que los aman tanto. No nos oponemos a una tauromaquia que no les haga daño a los animales.

Un argumento de quienes defienden la fiesta es que si se acaban las corridas, se acaba el toro de lidia

Es una gran falacia. Primero, porque el toro de lidia no es una especie, sino una raza como tantas que han existido en la tierra y que, por selección natural, aparecen y desaparecen. Lo que han hecho los taurinos históricamente ha sido seleccionar artificialmente una raza de toro para sus intereses. Y eso, además de ser un atentado contra el animal, es rechazado desde la bioética, porque está mal reproducir un animal para un fin tan específico, cometiendo endogamia y haciendo cruces genéticos nocivos. Si desaparece el toro de lidia dentro del contexto de la selección natural, simplemente es la ley de la naturaleza.

¿Pero ustedes sí creen que se logre abolir la tauromaquia en Colombia?

A largo plazo puede ocurrir que, definitivamente, se acabe el público, y sabemos que está descendiendo. Las nuevas generaciones entienden que no es ético comportarse de esa manera con los animales, y que hay muchas formas como nos podemos divertir. Por supuesto que sigue habiendo gente a la que le gustan las corridas, que hay jóvenes a los que asisten por una tradición familiar, pero lo cierto es que llegará un punto en que, seguramente, no haya más. El problema es: ¿cuántos animales tienen que morir hasta que lleguemos hasta allá? Por eso hay que agilizar esos procesos y seguiremos en el activismo. Estamos acostumbrados al fracaso, porque nos estamos enfrentando al estatu quo, a personas que manejan mucho poder público y empresarial. No es fácil. Vendrán muchas derrotas, pero poco a poco ese monstruo del maltrato animal se irá desmembrando.