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Paz 1 Feb 2013 - 3:18 pm

¿Podría la Celac ayudar al proceso de paz en Colombia?

Recién terminadas las festividades de la reciente cumbre de la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños (CELAC), que tuvo lugar en Santiago de Chile el fin de semana pasado, muchos observadores volvieron a plantearse la misma pregunta de hace dos años cuando se creó esa organización inter-gubernamental bajo el impulso de Venezuela: ¿para qué sirve la CELAC?

Por: Frédéric Massé*
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Foto: EFE
Los asistentes a la cumbre de la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños (Celac) posando para el retrato oficial, el pasado domingo, en la Plaza de la Ciudadanía en el Palacio de La Moneda, en Santiago de Chile.

La cuestión es legítima, aun más cuando se trata de una organización recién creada, pero lo cierto es que la respuesta no es tan evidente.

Según sus detractores, la nueva organización que reúne a 33 países de América latina y del Caribe, solo quiere ser una OEA sin los Estados Unidos y Canadá, y no sería más que otro foro regional sin verdadera utilidad ni razón de ser, ni mucha posibilidad de tener resultados concretos a futuro. Según sus promotores y partidarios, sin embargo, la razón de ser de esa nueva organización es precisamente la de relanzar iniciativas diplomáticas pasadas, que permitan reunir a todos los países de América latina y del Caribe, y crear espacios autónomos de diálogo y cooperación entre los Estados de la región sin la presencia de EE.UU. y de Canadá.

Lo cierto es que la Celac  no está oficialmente en contra de nadie ni busca reemplazar a nadie. No tiene una sede fija, ni necesita una estructura burocrática fija. Funciona con una Presidencia pro tempore que, junto con otros dos países, conforman una troika: Venezuela asumió la primera presidencia de la Celac, seguido de Chile el año pasado, y viene ahora el turno de Cuba.

Aunque no tienen necesariamente mucho en común, resulta sin embargo que esos tres países comparten en este momento algo en común que podría ser una ventana de oportunidad para que la Celac contribuya al proceso de paz en Colombia.

Resulta en efecto que esos tres países – Cuba como observador, Venezuela y Chile como acompañantes –, se encuentran actualmente comprometidos con las negociaciones de paz en Colombia, y esa particularidad coyuntural podría ser aprovechada para que la Celac ayude a supervisar la implementación de futuros acuerdos de paz en Colombia.

Pensar en la implementación de acuerdos de paz que, en este momento, son del orden de la especulación o por lo menos de lo hipotético, podría pasar por algo muy prematuro, pero nada impide que puedan anticiparse un poco. Efectivamente, existe un argumento subyacente detrás de esa propuesta.

Como es bien conocido, implementar un acuerdo de paz resulta casi siempre aun más complicado que negociarlo. Una de esas dificultades proviene de que una vez firmada la paz, las partes suelen aprovechar la fase de implementación de los acuerdos para intentar de recuperar lo que no pudieron obtener a través de las negociaciones: reinterpretan los acuerdos a su favor, frenan la implementación de medidas que aceptaron con mucha reticencia, dejan que algunos spoilers descarrilen el proceso, etc.

De allí que en muchos procesos de paz, la llamada comunidad internacional haya sido llamada a supervisar la implementación de los acuerdos, es decir, para asegurarse de que lo que se firmó sea aplicado y que una vez restablecida, se pueda consolidar la paz. Muchos jugaron ese papel de supervisor neutral o por lo menos imparcial, aunque con resultados mixtos: Naciones unidas (Camboya, El Salvador, Timor, Haití), organizaciones regionales (OEA, Cedeao, UE), Ongs (San Egidio, Centro Carter), etc.

En ese tipo de situaciones, lo ideal es que las organizaciones o los actores encargados de supervisar la implementación de los acuerdos hayan participado o acompañado las negociaciones de paz y tengan la legitimidad y la capacidad logística y financiera suficiente para enviar observadores (policías o militares) o expertos.

Generalmente, un solo país no tiene esa capacidad. Para superar esa dificultad, se suele entonces recurrir a organizaciones multilaterales, pero que solo intervienen una vez firmado el acuerdo de paz, sin haber participado en las negociaciones, y por lo tanto, sin tener un conocimiento profundo de la letra y el espíritu de los acuerdos firmados.

Para evitar que los que firmaron la paz aprovechen esa situación y cuestionen o regateen lo que acordaron anteriormente, puede entonces resultar muy útil acudir a un supervisor que haya seguido de cerca las negociaciones.

En Colombia, en principio, tanto las Naciones unidas como la OEA hubieran podido asumir ese papel. Sin embargo, como el gobierno y las FARC decidieron de común acuerdo recurrir a otros actores como garantes y acompañantes, tanto las Naciones unidas y la OEA se quedaron un poco fuera de esa etapa inicial.

En Colombia, más bien, tres de los cuatro países que están acompañando o son garantes del actual proceso de paz son miembros de la Celac, y resulta además que, coincidentemente, esos países son también los que ejercieron, o van a ejercer, la presidencia de esa organización.

De allí la idea que la Celac se involucre a futuro en la tercera etapa del proceso de paz, es decir, la fase de implementación de los acuerdos que se podrían firmar. Pensar en la Celac como posible organización encargada de la futura supervisión de los acuerdos de paz en Colombia presentaría ventajas adicionales: permitiría solicitar el apoyo de otros países de la región que podrían estar interesados en el proceso de paz, por ejemplo Brasil o Argentina; países que además tienen experiencia en ese tipo de misiones de observación, y que reforzarían la legitimidad y capacidad logística y financiera de la Organización para asumir ese papel.

Chile, Venezuela y Cuba seguirían comprometidos con el proceso de paz. Otros países de la región podrían sumarse, donde la Celac tendría un papel concreto que jugar - se podría inclusive pensar en una misión conjunta con otras organizaciones – y tanto el gobierno colombiano como las FARC tendrían algunas garantías adicionales de que lo que se firmé sea aplicado y respetado.

* Frédéric Massé, director del Centro de Investigaciones y Proyectos Especiales (CIPE) de la Universidad Externado de Colombia.

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