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Ellas 19 Jun 2013 - 12:06 pm

Ellas

La lengua de las mujeres

He estado tolerando durante muchos años un comportamiento femenino que, a mi juicio y, con seguridad, de todos mis congéneres, ha abusado de su impunidad y ya viene siendo hora que alguien lo denuncie.

Por: Martín Tournier
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Los hechos que seguidamente voy a denunciar, se cometen a diario por celular, en los cafés y en los pasillos de oficina, en todos los lugares del mundo, en cualquier momento y en cuestión de segundos. ?

La cosa va más o menos así: Una mujer se encuentra con otra mujer (también puede ser otro hombre, las cosas están tan graves, que hasta esto sucede). El encuentro arranca siempre de la misma manera:?

-¿Y cómo te fue con fulano? ?

Y comienza el despiece: que el fulano lo tenía chiquito. Que ni siquiera lo sintió cuando entró. Que le dio por poner Steve Wonder y se puso a bailar mientras se quitaba la ropa. Que luego de que se vino, se puso a hacer flexiones de pecho, que porque no quería perder la energía. Que no alcanzó a entrar cuando ya había acabado, ¡el muy precoz! Que ni siquiera se le paró. Que qué torcido. Que qué vanidoso… ?

Hombres del mundo, escuchadme con atención: los conozco a ustedes tanto en su intimidad como el número de amantes que han tenido. Ellas me lo han contado todo; ¡y no estaban ebrias! Lo cuentan por gusto, por sádicas, por irresponsables. Lo cuentan, además, con la peor de las intenciones: subrayar lo más vergonzoso, aquello que no quieren que se vuelva a repetir pero que se convierte en una gran anécdota de sábanas. ?

Sí señores. Hay días, cuando camino por mi oficina o asisto a una fiesta entre colegas, que me da franca pena mirarlos a los ojos. ¿Por qué me siento culpable? No lo sé. Quizás porque debería huir cada vez que ellas comienzan con ese cómico ritual lapidatorio. Y sin embargo me quedo. Y las escucho. Y por eso sé que al señor de la esquina, que se la pasa ufanándose de sus atributos, difícilmente se le para en una noche de copas. Sé muy bien quién la tiene tan grande que hace doler, y quien la tiene tan chica que hace reír. ?

Mujeres, sus lenguas incontroladas se han pasado de la raya. Andan sueltas por el mundo revelando detalles que debían quedar sepultos, como un baúl de vergüenzas, debajo del colchón. No puedo seguir tolerando que las tragedias de los hombres –y me incluyo– circulen como si se tratara del embarazo de Shakira, de boca en boca ad eternum. Por lo tanto, queridas lectoras, les pido públicamente que tomen ejemplo de nuestro género: los hombres no vamos por la vida caricaturizando sus vaginas; no describimos con detalles los olores que a veces nos impresionan ni mucho menos los sonidos y los atascos que a veces nos procuran. Nuestra capacidad de comunicación sexual se reduce a tres variables dicotómicas: follaba rico o no; tenía buenas tetas o no; tenía buen culo o no. ?

El resto queda custodiado por nuestro honor y el inmaculado respeto que a diario les profesamos. Mujeres del mundo, sigan nuestro ejemplo, salvaguarden nuestras vergüenzas y cierren, por favor, el pico.

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