Pobres repollitas

Son el terror de los niños, que les huyen como al Coco.

Pobres repollitas, tan poco queridas. Creo que el error está en el método de cocción: si se sobrecocinan en agua hirviendo, empiezan a despedir un mal olor bastante fuerte y es natural que muchos lo rechacen. Además, si quedan a punto perderán su lindo color verde esmeralda y –lo que es peor– se arruinarán muchos de sus nutrientes.

Para evitarlo, aprendí un método muy efectivo y les contaré la historia. La primera vez que visité el mercado de La Boquería, en Barcelona, hace ya muchos años, encontré en un puesto unos espárragos frescos, verdes y hermosos. Entonces, se los entregué al dependiente de un toldilllo de comidas para que me los preparara allí mismo y quedé atónito cuando vi que los tomó, les cortó la base del tallo y los arrojó a un caldero con aceite hondo. Me pareció un maltrato con semejante belleza de ingrediente.

Sin embargo, luego los puso en mi plato y me los pasó sin más que sal marina y aceite de oliva, y vaya sorpresa cuando los probé: exquisitos. Entonces comprendí que estaba frente a una técnica diferente, la misma que voy a recomendar para preparar estas ricas repollitas al estilo de la provincia china de Szechuan, y que les quedarán de maravilla como un sorprendente acompañamiento.

Ingredientes 

600 gramos de repollitas

2 cucharaditas de ajo finamente picado

3 cucharaditas de jengibre finamente picado

2 cucharadas de cilantro finamente picado

Ají seco al gusto

Sal

Aceite vegetal

Preparación 

Lave bien las repollitas y séquelas. Con un cuchillo haga un corte en cruz en la base del tallo. Fríalas en aceite a temperatura media alta hasta que doren un poco (el aceite no debe estar demasiado caliente pues en ese caso no cocinarán). Déjelas escurrir sobre papel absorvente. Aparte, en un wok a temperatura alta sofría el ajo hasta que dore, añada el jengibre y el ají, y saltee un poco más. Agregue las repollitas y el cilantro, y sazone con sal.

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