Pobres repollitas

Son el terror de los niños, que les huyen como al Coco.

Óscar Pérez

Pobres repollitas, tan poco queridas. Creo que el error está en el método de cocción: si se sobrecocinan en agua hirviendo, empiezan a despedir un mal olor bastante fuerte y es natural que muchos lo rechacen. Además, si quedan a punto perderán su lindo color verde esmeralda y –lo que es peor– se arruinarán muchos de sus nutrientes.

Para evitarlo, aprendí un método muy efectivo y les contaré la historia. La primera vez que visité el mercado de La Boquería, en Barcelona, hace ya muchos años, encontré en un puesto unos espárragos frescos, verdes y hermosos. Entonces, se los entregué al dependiente de un toldilllo de comidas para que me los preparara allí mismo y quedé atónito cuando vi que los tomó, les cortó la base del tallo y los arrojó a un caldero con aceite hondo. Me pareció un maltrato con semejante belleza de ingrediente.

Sin embargo, luego los puso en mi plato y me los pasó sin más que sal marina y aceite de oliva, y vaya sorpresa cuando los probé: exquisitos. Entonces comprendí que estaba frente a una técnica diferente, la misma que voy a recomendar para preparar estas ricas repollitas al estilo de la provincia china de Szechuan, y que les quedarán de maravilla como un sorprendente acompañamiento.

Ingredientes 

600 gramos de repollitas

2 cucharaditas de ajo finamente picado

3 cucharaditas de jengibre finamente picado

2 cucharadas de cilantro finamente picado

Ají seco al gusto

Sal

Aceite vegetal

Preparación 

Lave bien las repollitas y séquelas. Con un cuchillo haga un corte en cruz en la base del tallo. Fríalas en aceite a temperatura media alta hasta que doren un poco (el aceite no debe estar demasiado caliente pues en ese caso no cocinarán). Déjelas escurrir sobre papel absorvente. Aparte, en un wok a temperatura alta sofría el ajo hasta que dore, añada el jengibre y el ají, y saltee un poco más. Agregue las repollitas y el cilantro, y sazone con sal.

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