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El fin de un calvario

El miércoles 2 de julio será recordado por 12 colombianos como el día que se acabó el infierno que les tocó vivir sin haber muerto todavía.

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Entre ellos, siete hombres del Ejército y cuatro de la Policía, los cuales fueron privados de su libertad en algunas de las más feroces arremetidas de la guerrilla contra la Fuerza Pública, emprendidas a finales de la década de los 90.

De esos once, cinco fueron capturados por las Farc el 3 de agosto de 1998, durante la emboscada a la base militar y antinarcóticos de Miraflores (Guaviare). Esos fueron el capitán Juan Carlos Bermeo, los sargentos Erasmo Romero, Armando Flórez Pantoja y John Jairo Durán, y el cabo Julio César Buitrago.

El sargento primero José Ricardo Marulanda, así como los cabos José Miguel Arteaga y William Pérez, fueron plagiados el 3 de marzo de 1998, luego del asalto a una brigada móvil en El Billar, zona rural de Cartagena del Chairá (Caquetá). Del grupo de rescatados fueron los únicos que alcanzaron a cumplir 10 años en cautiverio.

Los tres restantes fueron secuestrados en tres episodios por separado. El teniente Raimundo Malagón, en la emboscada a la base de La Uribe (Meta) el 4 de agosto de 1998. El teniente Vaney Rodríguez, en la toma a Mitú (Vaupés) el primero de noviembre de 1998. Y el intendente de la Policía Armando Castellanos, en La Arada (Tolima) el 16 de noviembre de 1999.

 

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