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El Gol Caracol presentó por todo lo alto el equipo con el que cubrirá el Mundial de 2026, con Javier Hernández Bonnet a la cabeza junto a Carlos Morales, Rodolfo De Paoli, Alexis García, “Pepe” Garzón y Julián Capera, la nueva cara de la señal.
En entrevista, Bonnet habló del reto de liderar la marca, analizó a Colombia —que enfrentará a Uzbekistán, Congo y Portugal— y recordó el episodio del apodo “Refisal”.
¡GOL CARACOL Y SU EQUIPO PARA EL MUNDIAL 2026 🏆!
— Gol Caracol (@GolCaracol) April 20, 2026
Javier Hernández Bonnet y Julián Capera, en los comentarios 🗣️; el argentino Rodolfo de Paoli y Alexis 'el Maestro' García como técnicos invitados 🫡 y Carlos Morales y José 'Pepe' Garzón, en los relatos🎙️; serán nuestros… pic.twitter.com/dc1Yv7pVLD
¿Cómo ve a Colombia para el Mundial?
Con optimismo. Sabemos que la sociedad en todas partes se compone de quienes creen, quienes le apuestan a la ley de la atracción y quienes desde que se levantan están derrotados.
No me ilusiono con que vaya a disputar un título del mundo, pero creo que sí puede equilibrar lo que logramos en el Mundial de 2014. Llegar a cuartos de final, por ejemplo, para mí sería un objetivo maravilloso. Y si llegamos a la semifinal, pues un premio mayor que será inolvidable, porque nosotros seremos muy buenos jugadores, pero no tenemos la cantidad de jugadores que se requieren para una Copa del Mundo, mucho más ahora con más equipos y menos tiempo de descanso entre partido y partido.
En redes hay personas que dicen que los partidos de Colombia se ven por el Gol Caracol, los demás en otros canales. ¿Cómo lograr que la gente se conecte de esa forma y qué responsabilidad tiene manejar una marca como esta?
Ese es un reto duro, porque nosotros no somos el éxito del Gol Caracol. Si queremos buscar una explicación del éxito del Gol Caracol nos tenemos que remontar a años atrás. Cuando a William Vinasco le dio por desafiar a la radio colombiana, porque antes la gente veía el partido en la televisión, lógicamente, pero le bajaba el volumen y le aumentaba el audio a la radio.
William se atrevió a romper ese “fucú” que existía y que en la radio no se podía, en la televisión no se podría hablar como en radio. No se podría gritar, no se podría tener apuntes jocosos, porque la radio —y esto se explica muy bien con el origen de la televisión— en la radio la tenía todo el mundo. La televisión no. La televisión viene en el 54 a Colombia y quienes se apoderan de ese privilegio son los que tenían capacidad económica para comprar un televisor.
A mí me tocó ver partidos y peleas de boxeo a la vuelta de mi casa, en la única casa que tenía televisión, que era la casa de doña Virgelina de Román. Y nos prendíamos desde afuera de la ventana, ella gentilmente nos abría las puertas de la ventana, que eran las ventanas grandotas, casi media pared. Y ponía el televisor lo más cerquita posible para que los muchachos de afuera pudiéramos apreciar la televisión.
Entonces, cuando empieza un movimiento ya de cierta manera crediticio, donde las grandes compañías ofrecían televisores por cuotas, comienza a crecer esa audiencia, producto de que ya otras clases sociales tenían acceso al televisor. Y ahí es donde se da ese cortocircuito: quiero ver televisión, ya tengo dónde ver televisión, pero quiero que lo que está ocurriendo me lo cuenten con alegría. Y ahí es donde entra William.
Y reta a la radio, hace que ya no se apague más el audio del televisor y pone en jaque a la radio. Entonces, digo que básicamente uno lo que tiene que entender es que el Gol Caracol es un producto que ha sufrido una metamorfosis en el tiempo. Un producto que lo fundaron William y Adolfo —digo lo fundaron porque fueron los que le pusieron el sello— y nosotros lo que hemos tratado es de cuidar ese estilo.
Hemos sido muy celosos en cuidarlo, en que el narrador nuestro tenga un relato sin comprometerse con opiniones. Porque las transmisiones, a nuestro juicio, deben tener a alguien amable, y admitimos que el amable es el narrador. Cuando el narrador empieza a comentar, entonces comienza a dividir opiniones. Ya es suficiente con que los comentaristas dividamos opiniones.
Que el comentarista, que nos toca decir si fue penalti o no fue penalti, dejemos a unos contentos y a otros rabiosos. Pero cuando el narrador está en su línea —y esa es la característica del Gol Caracol— entonces podemos tener la seguridad de que hay una persona que es el foco directo, la columna vertebral.
¿Cómo define la fama? ¿Cómo la ha vivido?
Luché mucho por un reconocimiento. La fama la veo como algo que es normal en alguien que busca una figuración pública. Me pongo en el lugar del futbolista, me pongo en el lugar del ciclista.
La fama te lleva a determinada condición de esclavitud. No en vano Osvaldo Zubeldía, un técnico que vino y revolucionó también el fútbol colombiano, les decía a sus jugadores: hay que escoger entre ser libre o ser popular. Y entonces, cuando es parte del día a día de la gente en general, porque tiene el privilegio de estar en un medio, entonces está obligado a un comportamiento decente, amable, a no estar involucrado en escándalos y a hacer de la fama un multiplicador de amistades. Esa es la realidad.
La fama es algo tan perpetuo o tan efímero dependiendo de cómo se comporte uno. Soy de los que le insisto a la gente que trabaja en el medio, y que se molesta cuando no los identifican, que nadie tiene la obligación de conocerlo a uno.
Ese tema de “usted no sabe quién soy yo” es tal vez el veneno más grande que tienen los que llegan a la fama, porque los supera el personaje, y cuando te supera el personaje dejas de ser importante para la gente.
En su libro lo menciona, pero hay gente que de pronto no lo conoce, y es este episodio del apodo de “Refisal”. Cuéntenos cómo se enfrentó a esas críticas.
Lo primero que tengo que decir es que hay un tratado científico sobre el comportamiento de las masas cuando se trata de acceder a canales de opinión, como son las redes sociales. Ese tratado, de casualidad, lo escuché en una Copa América.
Terminé un partido, fui al hotel, me senté en la salita que tenía el hotel mientras estudiaba datos para el siguiente partido y encontré a un entrevistador muy famoso de CNN hablando con un psicólogo, Bernardo Stamateas. Es un experto graduado en Londres sobre temas que tienen que ver con la violencia en las redes sociales.
Y él tiene algo muy particular: dice que a usted, por conocido que sea, puede ser la supervedette del mundo, lo quiere el 33 % de la gente, lo odia el 33 % de la gente y no lo conoce el 33 % de la gente.
Entonces, a partir de ahí empecé a entender que por lindo, por bonito, por bueno que haya hecho mi trabajo, siempre voy a tener contradictorias. Ese fue el primer paso para empezar a lidiar con algo que fue una premeditación, que fue prefabricado, que incluso hubo alteraciones de contexto para tratar de ridiculizarme.
Todo eso vino de una enemistad con alguien que tenía que ver con un medio de comunicación y que tenía el poder de manejar las llamadas bodegas. Tuvimos diferencias, y esas diferencias las llevó al plano personal, pero no digo tanto buscándome a mí, buscando más desprestigiar al Gol Caracol.
Siempre digo que las veces que he escuchado todas las maleficencias que hay alrededor de productos exitosos, como Coca-Cola, tienen que ver con la propaganda negra con un interés oculto. Aquí había gente con un interés oculto, porque nadie dio la cara sobre el tema; solo hubo identificación a través de inteligencia oficial con investigadores.
Había el afán de hacerle daño al Gol Caracol haciéndome daño a mí. Y se equivocaron, porque el crecimiento del Gol Caracol, ahora que estamos enfrentados con nuestros competidores, ha sido muy consistente, muy sólido.
Y lo que ha demostrado es que si hace un trabajo serio, no tiene ningún tipo de inconveniente. La gente se puede embolatar uno o dos minutos con algo que publiquen en contra de uno, pero no todos se quedan con esa misma idea. Simplemente lo toman como un recreo.
Y entre esos quiero incluir a mi hija menor, porque ocurrió con mi hija menor. Mientras estaba preocupado de que no afectara a mi familia, porque me preparé para que no me afectara a mí, mi hija menor llegó una vez a la casa y me dice: “Papi, voy a jugar la final del campeonato femenino intercolegiado. Y cambiamos de camisetas y todos decidimos poner el apodo que queríamos, y yo puse uno”. Y cuando va y me muestra la camiseta, había colocado número nueve: “Refisal”. Entonces dije yo: “¿Cómo? ¿Y eso por qué?”. Y dice: “Porque a mí eso es lo que me causa risa”.
Entonces empecé también a entender que uno se preocupa más por el efecto que pueda producir en la familia que por lo que le pueda producir a uno mismo. Estamos en un mundo donde la propaganda negra, el daño reputacional, es la única manera en que los fracasados pueden luchar contra los exitosos.
¿Cómo describe su carrera periodística?
Como un milagro. Es un milagro, porque en el camino de estos más de 50 años de periodismo compartí con gente de un nivel altísimo, con niveles de excelencia, pero que no tuvieron la pasión que tuve. Salieron del camino muy fácil, porque cuando caían no tenían el valor de levantarse.
Bien decía Cassius Clay, o Muhammad Alí después, que el problema no es caer, el problema es quedarse en el piso. Y siempre me levanté, de todas las dificultades me levanté, que han sido muchas, porque la gente ve ahora el trofeo, pero no sabe cuál fue el recorrido, el camino para llegar a conseguir ese trofeo. Y no es de rosas, es de espinas.
Entonces, cuando digo: “Dios, ¿por qué me tenés acá?”, es porque evidentemente ha hecho un milagro en mí. Me ha dado la oportunidad de estar en el lugar que correspondía, en el momento que correspondía.
Algunos pueden hablar de suerte. Lo único que digo sobre la suerte es que es la oportunidad más la preparación. Si te pasa el bus y no estás preparado, no haces nada. Si te pasa el bus y estás preparado, y te montas en ese bus, vas a llegar lejos.
Y he llegado lejos porque he tenido la combinación de muchos factores, entre ellos buenos profesores, maestros excelentes como Jorge Eliécer Campuzano y jefes que han entendido y valorado la dedicación que tengo, porque soy un apasionado.
Si quieren, en una sola palabra definir por qué estoy aquí, es porque la pasión siempre me acompaña.
¿Qué opina del periodismo actual?
Veo en el periodismo actual mucho facilismo, y ese es un problema grave. Nosotros construíamos la llegada al lugar que buscábamos desde el respeto, no desafiando a los que están, no calificándolos de viejos o cosas similares. Nosotros siempre profesábamos un gran respeto y esperábamos que se nos diera una oportunidad para aprovecharla.
A nosotros nos tocó desplazar una generación que en su momento era muy importante. Y a nosotros no nos han podido desplazar porque no tuvieron la misma dedicación que tuvimos los que hoy estamos, los que ya estamos cerrando un siglo.
Entonces veo que hablan, opinan, pero cuando llegan no tienen las bases para mantenerse, porque el problema no es llegar, el problema es cuando llegas, cómo haces para mantenerte.
Porque tienes que redoblar los esfuerzos, tienes que dormir menos horas, tienes que estar más atento que a los horarios, a las tareas. Y eso es lo que les cuesta a las generaciones que vienen detrás de nosotros.

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