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Erick Spoelstra dejó en un costado de la mesa el desgastado rotulador rojo con el que acababa de marcar el VHS que reproducía ante sus ojos. Debía llevar horas encerrado en esa pequeña oficina que le asignaron, a un costado de la cancha en el viejo Miami Arena, después de que Miami Heat lo contrató para ser el editor y analista de video por allá en 1995. El silencio y la abrumadora soledad de ese espacio también eran testigos del mismo video tape que los ojos de Spoelstra veían repetirse una y otra vez. Pausa y para atrás, una vez más, hasta cortar el instante que necesitaba, la jugada que llevaba horas analizando, el movimiento clave para ganar el partido del día siguiente.
Años después, Erick Spoelstra saldría de ese cuártico, ganaría la NBA dos veces, dirigiría a uno de los mejores jugadores de la historia, llegaría a seis finales de la liga y se convertiría en uno de los entrenadores de baloncesto más revolucionarios del mundo. Pero, antes, en la oficina olvidada en la que lo instalaron, cuando el equipo ni siquiera tenía analista de video, Spoelstra empezó su carrera como entrenador de Miami Heat, aunque todavía no lo sabía, repitiendo en video tape miles de jugadas durante muchos años.
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Su experiencia como analista de video lo convirtió en un aventajado del baloncesto. El entrenador de Miami Heat, hoy en día, es uno de los más respetados de la NBA. Y tiene una habilidad especial para ver lo que a los demás se les escapa, porque ya entiende como rutina el análisis minucioso de cualquier detalle, defecto de su rival o virtud de sus dirigidos que pueda marcar la diferencia.
El espaldarazo a sus ideas, cuando Miami le dio la dirección del equipo, más de una década después de su llegada a South Beach, llegó de forma definitiva después de que lideró los dos campeonatos del equipo que tenía como protagonistas a LeBron James, Dwyane Wade y Chris Bosh en 2012 y 2013.
Fue su mentor, el mítico Pat Riley, quien había llevado a Miami como entrenador a su primer anillo en 2006, el que, como presidente del equipo, decidió mantener a toda costa a Spoelstra, a pesar de que el Rey LeBron le pidió a Riley que volviera al banquillo y despidiera al entrenador.
Pero el presidente no escuchó a la estrella y se dejó guiar por su instinto. Erick Spoelstra sacó la era de LeBron James adelante, creó a uno de los mejores equipos de los tiempos contemporáneos y se ganó el derecho a quedarse en la dirección técnica de los Heat. Hoy, 15 años después de haber llegado al cargo, es toda una institución en Miami.
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El método Spoelstra
Erick Spoelstra fue uno de los pioneros en la utilización del “big data” como método de entrenamiento en el deporte mundial. Los días enteros que pasó clavado a la pantalla, cortando y pegando videos en su computadora, lo curtieron en la labor de la minería de datos.
Era un trabajo contrarreloj con herramientas limitadas, la tecnología de los 90 no es la misma que tenemos ahora. Y Spoelstra, de un día para otro, tenía que tener listas las cintas que Pat Riley, por aquel entonces entrenador de los Heat, le iba a mostrar a sus dirigidos. Todo era peor cuando el equipo salía de Miami, porque los videos tenían que quedar entregados en la madrugada antes de que saliera el camión de entrega de correos. De la oficina, Erick Spoelstra salía con montañas de videocasetes hacia su carro, que permanecía inundado de las cajas de VHS que él tenía que llevar al aeropuerto.
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En 2001, después de casi siete años de ser el coordinador de videos, lo pasaron a la división de scouting, el seguimiento a la plantilla y la búsqueda de próximas estrellas. Ahí, el futuro entrenador de Miami, impulsó un revolucionario método de análisis de datos, crucial en el advenimiento del Heat como una de las franquicias más exitosas del nuevo milenio en la NBA.

En su nuevo cargo, Spoelstra empezó a acercarse a la dirección técnica. Su visión, sus conceptos de un nuevo tipo de baloncesto, más participativo, con rotaciones de pelota que reemplazaran la fuerza y el físico, llamaron la atención de Pat Riley, que lo acercó al banquillo como asistente en la temporada 2005-2006, la misma del primer título de Miami Heat.
Ser entrenador, sin embargo, no era nada nuevo para el aprendiz de Riley, pues antes de llegar como editor de videos a Miami Heat, el joven Erick Spoelstra venía de Alemania, donde había ejercido el doble cargo de jugador y entrenador. Lejos, en Europa, entendió que su futuro estaría ligado a los banquillos.
El sueño cumplido de Erick Spoelstra
Su papá, Jon Spoelstra, que hoy en día goza de su retiro, fue un ejecutivo de marketing en la NBA muy reconocido. Trabajó en franquicias como los Bravos de Buffalo, los Blazers de Portland, los Nuggets de Denver o los Nets de New Jersey y obsesionó a su hijo Erick, desde que era muy pequeño, con el baloncesto.
El sueño del niño se convirtió en ser basquetbolista profesional. Empezó en el colegio, en el Jesuit High School, antes de dar el salto a la Universidad de Portland, donde todavía es el líder histórico en diferentes registros, promediando 9.2 puntos y 4.4 asistencias por juego.
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Sin embargo, a pesar de sus buenos números en el baloncesto universitario, el camino hacia la NBA nunca se le abrió. Y eso, sumado a los problemas de espalda que empezó a arrastrar desde esa época, lo hicieron tomar la decisión de partir hacia Alemania, donde el equipo Tus Herten, de segunda división, le ofreció un contrato.
En Europa brilló, pero sobre todo porque empezó a relacionarse de forma muy cercana con el entrenador del equipo. Tanto, que a veces era él quien dirigía. Su talento descubierto, el de un ser nato para liderar, lo convencieron de que tenía que devolverse a Estados Unidos para ser entrenador, más allá de que, en todos los lugares en los que buscó trabajo, le cerraron las puertas.
Fue su padre, tan conocido en la NBA, el que movió palancas y le encontró trabajo como editor de video en Miami Heat, un cargo prácticamente inventado que marcó el ascenso definitivo de Erick Spoelstra, cobijado por su padrino Pat Riley.

Erick Spoelstra desarrolló un sello personal. En sus equipos, cada pieza es fundamental. Un jugador puede pasar de no jugar ni un minuto en un partido, para jugar casi 40 en el siguiente. El arquitecto del Miami Heat, se mueve según el rival, estudia las fichas que necesita para cada juego, pero no negocia el compromiso de todos los jugadores con el proyecto. El que rinde lo mínimo, no rota el balón, no corre como los otros y no se sacrifica por sus compañeros, no sirve.
Eso marcó la diferencia para LeBron James, que llegó desde Cleveland criticado por no cumplir las expectativas que tenía puestas sobre él y se fue de Miami con rótulos de leyenda. Esos preceptos, las ideas innegociables de Spoelstra, enamoraron a Jimmy Butler, un jugador errante que vagó por varios equipos de la NBA hasta llegar a su lugar en el mundo, Miami.
Erick Spoelstra, por sus ojos de video tape, se convirtió en uno de los entrenadores más importantes del baloncesto y en una leyenda del Heat, al que comanda en la séptima final de la NBA de su historia, de las cuales seis han sido obra del aventajado estratega.
Antes de la final contra los Nuggets de Denver, todos apostaban por una barrida. Como lo supusieron también en la serie contra los Bucks de Milwaukee y Giannis Antetokounmpo o contra los Celtics de Boston. Pero Miami siempre se opuso al favoritismo y ganó contra todo pronóstico.
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En la final contra los Nuggets perdieron estrepitosamente el primer partido, después de venir de una serie desgastante e infartarte contra los Celtics. Todos los daban por muertos y Spoelstra cambió el libreto. Entendió que Nikola Jokic era incontrolable y lo dejó desatado ante el aro, pero le cortó todos los circuitos de pase. Atacó con una defensa férrea a Jamal Murray y anuló a Denver en su casa, algo que parecía inimaginable. El resultado, antes de que la final llegue a Miami, un empate 1-1 en la serie que nadie esperaba. Algo que solo vio Erick Spoelstra, el estratega que tiene soñando a Miami con su cuarto anillo de la NBA.
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