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Yarledy Ortiz comenzó a enseñar cuando tenía 16 años. Desde entonces, la docencia se convirtió en una vocación a la que ha dedicado más de 31 años de vida y que, con el tiempo, también vinculó con otras de sus grandes pasiones: la labor social y el amor por los animales.
Su experiencia como educadora y el respeto que siente por todas las formas de vida terminaron encontrándose en el aula. Fue allí, junto con sus estudiantes, donde nació una iniciativa que trascendió las clases y se convirtió en una forma de ayudar a los seres más vulnerables de Chinchiná, Caldas. Se trata de la Fundación Cleopatra, amor sin límites, un proyecto que lleva más de seis años demostrando el poder transformador de la educación cuando se conecta con las necesidades y las problemáticas reales del entorno.
Cleopatra, la perrita que enseñó a un grupo de estudiantes a mirar distinto
En 2020, cuando el mundo enfrentaba la pandemia por el COVID-19, las clases dejaron de ocurrir dentro de los salones y las pantallas se convirtieron en el principal punto de encuentro entre docentes y estudiantes. Gracias a esto, Yarledy comenzó a conocer una parte de la vida de sus alumnos que hasta entonces había permanecido fuera del aula: sus animales de compañía.
La docente del área de Ciencias Sociales de la Institución Educativa Santa Teresita, un colegio con más de 100 años de historia en Chinchiná, Caldas, recuerda que durante las clases virtuales los estudiantes solían mostrar a sus perros y gatos frente a la cámara. Contaban de dónde habían llegado, cómo los habían encontrado y, en algunos casos, las circunstancias difíciles que habían atravesado antes de convertirse en parte de sus familias.
En medio de esas clases también estaba Cleopatra, una perrita de raza Bernés de la Montaña y la fiel compañera de Yarledy. Sin proponérselo, la presencia de la mascota empezó a abrir conversaciones entre los niños sobre la empatía, el respeto y el cuidado de los animales. “Cleopatra fue mi vínculo con ellos y también mi apoyo para que las clases fueran más divertidas. Era una estudiante más de esa clase y ellos se encontraban con ella en todas las sesiones. Su presencia empezó a generar sensibilidad y respeto por los animales”, recuerda Yarledy.
Pero ese vínculo tendría un punto de inflexión unos meses después. Cleopatra murió en diciembre de 2020. Su partida afectó a Yarledy y también a los estudiantes que durante el confinamiento habían llegado a quererla a través de la pantalla. La muerte de la perrita abrió una pregunta que cambiaría el rumbo de lo que se hacia en clase: si Cleopatra había tenido una familia que la cuidó, la protegió y le brindó atención hasta el final de su vida, ¿qué ocurría con los animales que no tienen esa misma suerte?
La pregunta poco a poco comenzó a convertirse en propuestas. Los estudiantes querían hacer algo más allá de las pantallas y las aulas de clase, querían pasar de la reflexión a la acción y desarrollar iniciativas que contribuyeran a enfrentar problemáticas como el abandono, el maltrato y la sobrepoblación de animales. En los proyectos de aula comenzaron a surgir ideas sobre qué podían hacer y cómo podían aportar desde sus propias posibilidades.
Fue así como, con el acompañamiento de Yarledy, sus estudiantes y sus familias, nació la Fundación Cleopatra, amor sin límites, una iniciativa que tomó el nombre de aquella perrita que, incluso después de la muerte, había cambiado la manera en que todos ellos miraban a los animales y su bienestar.
Del aula al rescate de animales
Uno de los estudiantes, Samuel David Valencia, quien en ese momento cursaba quinto de primaria y actualmente está en décimo, propuso que podían recolectar materiales reciclables y convertirlos en recursos para ayudar a los animales más vulnerables.
Esta propuesta tenía dos objetivos. Por un lado, los estudiantes podían aprender sobre la separación y el aprovechamiento de materiales que normalmente terminaban convertidos en basura y, por otro, los recursos obtenidos de su comercialización podían destinarse para ayudar a perros y gatos en situación de vulnerabilidad.
Al principio, el reciclaje se hacía desde las casas de los estudiantes y poco después llegó a comercios del municipio. Algunos negocios decidieron apoyar el proyecto y se fue formando toda una red. Los estudiantes recogían y clasificaban los materiales. Después los comercializaban y destinaban el dinero a diferentes necesidades como pagar cirugías de esterilización, comprar concentrado y otros elementos de uso continuo para refugios de Chinchiná.
Según explica Yarledy, en ese momento existía un refugio manejado como albergue municipal, además de personas que, de manera independiente, se dedicaban al rescate animal en el municipio. El proyecto también comenzó a involucrarse en casos de perros y gatos atropellados o enfermos cuyos responsables no contaban con los recursos económicos para asumir sus tratamientos.
El trabajo se hacía semana tras semana. Los estudiantes se reunían los jueves para desarrollar las actividades y mantener en marcha la iniciativa. Sin embargo, en 2023, el reciclaje dentro de la institución tuvo que detenerse porque la administración del colegio de ese momento determinó que esa actividad correspondía al área de Ciencias Naturales. La decisión significó un golpe para el proyecto, pero no su final.
“El proyecto no murió. Continuó y lo seguimos haciendo. Seguimos trabajando en la sensibilización en los barrios y realizando brigadas de esterilización para animales en condición de vulnerabilidad, casos de atropellamiento o enfermedad. También movilizamos hogares de paso y tenemos un grupo de rescate en el que participan personas de todas las edades y de diferentes instituciones”, cuenta Yarledy.
La iniciativa también ha permitido que algunos estudiantes reciban en sus casas animales que necesitan un hogar de paso. A esto se suman actividades de difusión para encontrar familias y un grupo encargado de elaborar carteles cuando se reportan animales desaparecidos. El proyecto, además, se ha articulado con otros miembros de la comunidad educativa como familias y adultos que acompañan a los menores. Yarledy explica que, debido a que los estudiantes son menores de edad, sus padres participan en algunos procesos que requieren seguimiento y control.
La apuesta dejó de ser únicamente un proyecto de aula para convertirse en una iniciativa en la que participan estudiantes, familias, comercios y personas interesadas en el bienestar animal.
Educar para transformar: el propósito que mantiene viva la iniciativa
Para Yarledy, una de las mayores transformaciones de Cleopatra, amor sin límites está en demostrar que la educación no termina cuando acaba una clase. Más allá de aprender matemáticas, historia o ciencias sociales, los estudiantes han encontrado en este proyecto herramientas para ser agentes de cambio en la vida real.
Los primeros estudiantes que participaron en la iniciativa tenían alrededor de nueve y diez años. Hoy, algunos de ellos son jóvenes que cursan los últimos grados de bachillerato y que han crecido llevando esos aprendizajes a su vida cotidiana. “Todo se lleva a la acción, no queda en una teoría. No solamente se crea el aprendizaje en el estudiante, sino que se transmite a los padres y hasta a los abuelos”, explica la docente.
Ese aprendizaje, además, ha empezado a transformar algunos pensamientos arraigados dentro de las familias. Yarledy cuenta que hay abuelos que crecieron con la idea de que los animales debían permanecer fuera de la casa, en el patio o simplemente cumplir una función determinada. Ahora son sus nietos quienes cuestionan esas ideas y les muestran otras maneras de relacionarse con ellos.
“Hay abuelos que vienen de una cultura de ‘el animal es del patio’, ‘el animal es ahí afuera’, y ese pensamiento se empieza a transformar porque su nieto le empieza a decir: ‘No, abuelo, ya no es así’. El nieto puede educar a su abuelo y puede educar a sus padres con estos nuevos valores”, señala.
En este caso, los estudiantes no solo aprenden a identificar una situación de abandono, maltrato o vulnerabilidad, sino que también descubren qué pueden hacer frente a ella. Ese aprendizaje se hace evidente cuando la profesora recibe llamadas de sus estudiantes para contarle que encontraron un animal en dificultades. "Me parece hermosísimo cuando ellos me llaman y me dicen: ‘Profe, rescaté un animal. Había un animal en tal parte y aquí lo tengo. Por favor, ayúdeme a publicarlo por todas partes para encontrar la familia’”, cuenta.
Esos momentos demuestran que el objetivo del proyecto va más allá de sensibilizar. Lo importante es que los estudiantes se reconozcan como personas capaces de actuar y de generar un cambio real. “Que ellos también se sientan protagonistas y sepan que pueden cambiar la vida de un ser vulnerable, para mí lo paga todo. Es donde uno dice: el objetivo se ha logrado”, afirma.
El trabajo de la docente también ha trascendido. En 2023, durante la conmemoración del Día de la Mujer, la Asamblea Departamental de Caldas reconoció el esfuerzo de Yarledy y le entregó la Medalla de Honor al Mérito por su trabajo con el proyecto de aula Cleopatra, amor sin límites.
Sin embargo, ella asegura que el reconocimiento no fue únicamente para ella. La medalla representa el trabajo de todas las personas que han hecho parte del proceso. “Esa medalla es para cada niña, niño, joven, madre, padre, docente, amigo, vecino y miembro de la comunidad que, a través de su apoyo desinteresado y sin esperar nada a cambio, ha puesto su granito de arena para ser parte de la solución para estas almitas que han vivido la indiferencia, pero que en este equipo han encontrado amor y respeto”.
Así continúa el trabajo de Cleopatra, amor sin límites, en Chinchiná
El año pasado, Cleopatra, amor sin límites volvió a llevar su trabajo más allá de las aulas y promovió una movilización en Chinchiná para pedir que las celebraciones navideñas organizadas por la administración municipal no incluyeran pólvora. A través de manifestaciones pacíficas, Yarledy y quienes se sumaron a la causa buscaron llamar la atención sobre los efectos que la pirotecnia puede tener en los animales. Según relata la docente, la movilización logró que la decisión de utilizar pólvora fuera replanteada y que las celebraciones se realizaran sin estos elementos.
En la actualidad, el proyecto enfrenta nuevos desafíos. La Institución Educativa Santa Teresita fue una de las más afectadas por el terremoto del pasado 10 de agosto, que dejó impactos en varios lugares de Colombia, entre ellos el departamento de Caldas. Parte de la planta física quedó inutilizada y los estudiantes de bachillerato tuvieron que ser reubicados temporalmente en otra institución. Como consecuencia, las jornadas académicas pasaron a distribuirse entre la mañana y la tarde, lo que redujo el tiempo disponible para desarrollar algunas de las actividades.
Aun así, Yarledy prefiere entender estas circunstancias como una oportunidad para reorganizar el trabajo. Actualmente, estudiantes de octavo realizan encuestas en diferentes barrios con el propósito de identificar las principales problemáticas ambientales y aquellas relacionadas con los animales. La información recogida les permitirá conocer las necesidades de cada sector y, a partir de ellas, definir dónde y cómo pueden concentrar sus esfuerzos.
Otro de los procesos que avanza en este momento es la conformación de la Veeduría de Protección Animal de Chinchiná, una iniciativa de control social orientada a hacer seguimiento a los asuntos relacionados con el bienestar y la protección de los animales en el municipio. Para Yarledy, este espacio puede convertirse en una nueva herramienta para fortalecer el trabajo que vienen realizando desde hace años. “Estamos muy esperanzados con el tema de la veeduría porque creemos que, a través de ella, podemos ayudar mucho”.
Mientras tanto, la docente mantiene entre sus planes recuperar algunas de las actividades que en años anteriores les permitieron reunir recursos para apoyar a animales en condición de vulnerabilidad. El reciclaje, que fue una de las primeras acciones de Cleopatra, amor sin límites, permanece entre sus proyectos, aunque por ahora está en pausa mientras adelanta su tesis doctoral. Su intención es retomarlo una vez pueda disponer nuevamente del tiempo necesario.
Después de más de seis años de trabajo, Yarledy entiende que el principal legado de Cleopatra, amor sin límites no está únicamente en las ayudas que han conseguido para los animales, sino en lo que el proceso ha logrado sembrar en sus estudiantes y en la comunidad.
“Yo creo que la educación no puede estar circunscrita a unas paredes de un salón. La educación tiene que ser transformadora en la realidad de nuestros espacios. ¿Y qué mejor que transformarse en el bienestar de los más indefensos, que son los animales? El ser humano se debe medir frente a los más indefensos, a los más vulnerables. Y si le enseñamos a esas generaciones, seguramente vamos a tener personas que se van a desempeñar en diferentes cargos dentro de 10 años o más y van a ser muy buenos promotores del respeto y del amor por los animales y por el ambiente”, concluye.
Quienes quieran conocer más sobre Cleopatra, amor sin límites o sumarse de alguna manera a su trabajo pueden comunicarse con la iniciativa a través de sus redes sociales o al número +57 310 4094479.
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