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Hablar de salud no debería limitarse a la atención de una enfermedad. Para Antonio Hernández, presidente de la región Andina para Haleon, compañía líder mundial en salud del consumidor que está presente en Colombia con marcas como Dolex, Advil, Sensodyne, Centrum y Voltaren, uno de los principales retos del país está en fortalecer la manera en que las personas gestionan su salud diariamente, con mayor énfasis en la prevención, la educación y el autocuidado.
“Uno de los temas más importantes es cómo aumentamos la productividad. Y, obviamente, para aumentar la productividad tenemos que hablar de un tema muy importante, que es el bienestar y la salud diaria”, señaló Hernández durante una entrevista. En su concepto, avanzar hacia una visión más preventiva de la salud puede contribuir también a mejorar la productividad y el desarrollo del país.
En este escenario cobra relevancia la llamada alfabetización en salud, entendida como la capacidad de las personas para acceder, comprender y utilizar información relacionada con su bienestar y tomar decisiones sobre su salud. Más que transmitir conocimientos, este enfoque busca que los ciudadanos puedan asumir un papel más activo y autónomo en el cuidado de su salud, desde la prevención hasta la decisión de cuándo acudir a un profesional.
La salud diaria tiene además un impacto que trasciende el ámbito individual. Influye en la manera en que las personas viven, trabajan y participan en la sociedad. Por eso, fortalecer la alfabetización en salud también supone crear condiciones para que los ciudadanos puedan desenvolverse de manera más saludable, informada y autónoma. De acuerdo con Hernández, un mayor nivel de conocimiento puede contribuir, además, a una mejor utilización de los recursos destinados a la atención en salud.
El desafío, sin embargo, no recae únicamente en los ciudadanos. Se requiere un ecosistema en el que autoridades, profesionales de la salud, farmacéuticos, empresas y ciudadanos asuman responsabilidades diferentes, pero complementarias, para fortalecer la capacidad de las personas de participar activamente en las decisiones relacionadas con su salud.
“Ahí incluimos a los farmacistas, incluimos a las fisioterapeutas, incluimos a los odontólogos. Claramente, todos podemos generar un impacto. El punto, y la palabra clave para mí, es articulación”, explicó.
Un reto con impacto económico
La importancia de fortalecer la alfabetización en salud también aparece en el Health Inclusivity Index, desarrollado por Economist Impact con apoyo de Haleon. Según el informe incluido en el documento, reducir en 25 % la baja alfabetización en salud podría representar ahorros anuales de USD 303.000 millones en los 40 países analizados.
El informe señala además que, en los países estudiados, los costos anuales de salud por persona con baja alfabetización son 2,8 veces superiores a los de quienes presentan un nivel alto. El documento relaciona esta diferencia con un mayor uso de medicamentos con receta, consultas médicas y servicios de urgencias.
Para Colombia, se estima que invertir en alfabetización sanitaria podría generar ganancias anuales por COP 9,4 billones. También indica que el costo individual de la salud para las personas con baja alfabetización alcanza los COP 4,6 millones, frente a 1,7 millones entre quienes tienen un nivel alto.
Las brechas tampoco son iguales para toda la población. El informe señala diferencias en los niveles de alfabetización en salud entre personas pertenecientes al régimen subsidiado y aquellas del régimen contributivo, lo que evidencia la relación entre las condiciones socioeconómicas y la capacidad de acceder, comprender y utilizar información sobre salud.

De la información a la acción
Uno de los desafíos consiste en garantizar que la información disponible sea comprensible y confiable. Esto adquiere especial relevancia en un contexto en el que la inteligencia artificial facilita cada vez más el acceso a contenidos sobre síntomas, enfermedades y tratamientos.
Hernández considera que la innovación tecnológica ya hace parte de la realidad cotidiana y que, en el caso de la salud, el elemento fundamental debe ser la confiabilidad de las fuentes consultadas. “Lo importante es acudir a fuentes confiables, fuentes que realmente tengan una credibilidad”, afirmó.
El sector privado también puede participar en este proceso mediante la generación de contenidos educativos. En el caso de Haleon, la compañía cuenta con el Haleon Pain Management Institute, una plataforma que reúne información científica y contenidos relacionados con el manejo del dolor y su impacto en la vida cotidiana. Hernández destacó que el dolor no debe entenderse únicamente desde una dimensión física, pues también puede tener efectos emocionales y psicológicos.
El informe internacional plantea cinco líneas de acción para avanzar en alfabetización en salud: integrar este enfoque en políticas de salud, educación, trabajo y tecnología; transformar las organizaciones sanitarias para facilitar la comprensión de la información; desarrollar contenidos junto con las comunidades; combatir la desinformación, y fortalecer la medición de las brechas existentes.
El planteamiento parte de un cambio de enfoque: la alfabetización en salud no debería considerarse únicamente una responsabilidad individual, sino una tarea compartida entre gobiernos, sistemas de salud, sector privado y sociedad civil. Cada actor tiene un papel distinto, pero todos contribuyen a que las personas cuenten con las herramientas necesarias para comprender la información, participar en las decisiones sobre su salud y ejercer un mayor control sobre su bienestar.
Para Hernández, este cambio debe tener como punto de partida el autocuidado. “La prioridad número uno, trabajar en función del autocuidado. Elevar el nivel de conciencia con autocuidado es no solamente una responsabilidad personal, sino también una responsabilidad colectiva”, sostuvo.
En esa perspectiva, mejorar la capacidad de las personas para informarse, reconocer cuándo acudir a un profesional y gestionar adecuadamente su salud cotidiana se convierte en una pieza más de un desafío mayor: avanzar hacia un modelo que dé mayor espacio a la prevención y que permita enfrentar las necesidades de una población y un sistema de salud que requerirán cada vez más recursos.