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Si usted ha pasado estos días frente a Gran Estación, en la calle 26, probablemente se haya encontrado con una imagen difícil de pasar por alto: donde antes había árboles frondosos y de gran tamaño, ahora quedan troncos cortados y espacios vacíos.
La tala de más de siete árboles en este sector de Bogotá llamó la atención de habitantes y transeúntes, que cuestionaron la intervención y pidieron explicaciones sobre las razones que llevaron a retirar estos individuos arbóreos. La escena resulta aún más llamativa en un lugar que durante años se caracterizó precisamente por sus zonas verdes y árboles de diferentes tamaños y especies.
¿Qué pasó con estos árboles, por qué fueron retirados y qué dicen las autoridades sobre la intervención? Estas son las preguntas que quedan abiertas después de una tala que cambió, en pocos días, el paisaje de este punto de la ciudad.
Una problemática inicial
Según la Secretaría Distrital de Ambiente, en el separador de la calle 24A, entre las carreras 54 y 60, en el sector de Gran Estación, fueron evaluados 82 árboles luego de que la comunidad reportara algunos ejemplares secos y se tuvieran en cuenta antecedentes de volcamiento en la zona que habían generado afectaciones a personas. De acuerdo con la evaluación técnica, 77 árboles fueron autorizados para tala, mientras que los cinco restantes recibieron tratamientos integrales para su conservación.
La Secretaría explicó que entre los árboles evaluados había ejemplares secos y sobremaduros, además de individuos con inclinaciones marcadas y presencia de gomosis. Estos factores fueron analizados junto con la especie, las condiciones físicas y sanitarias de cada árbol y las características del lugar, como el suelo y la exposición a los vientos. A partir de esta valoración se determinó el nivel de riesgo de volcamiento o caída de ramas y el manejo requerido en cada caso.
Sin embargo, la decisión ha generado cuestionamientos entre habitantes del sector, quienes advierten sobre los efectos que puede tener la eliminación de árboles en el ambiente urbano. Una de sus principales preocupaciones es que, incluso cuando un ejemplar presenta algún grado de deterioro, los árboles cumplen funciones que van más allá de aportar sombra o vegetación al paisaje.
La discusión cobra especial relevancia en un contexto en el que las ciudades enfrentan altas temperaturas, estrés hídrico y la necesidad de fortalecer su cobertura vegetal. Un árbol urbano, especialmente cuando ha alcanzado la madurez, cumple funciones ambientales que hacen parte del equilibrio de estos espacios. Así lo explica Melizza Ordóñez, directora de Ingeniería Ambiental de Uniagraria, quien señala que estos individuos pueden:
- Regular la temperatura: la sombra y la evapotranspiración pueden contribuir a reducir la temperatura del entorno entre 2 y 8 °C.
- Mejorar la calidad del aire: sus estructuras vegetales pueden capturar contaminantes como dióxidos de nitrógeno y azufre y material particulado.
- Almacenar carbono: los árboles capturan y almacenan CO₂ durante su crecimiento, contribuyendo a la regulación del carbono atmosférico.
- Gestionar el agua lluvia: interceptan parte de la precipitación, disminuyen la escorrentía y pueden contribuir a reducir el riesgo de inundaciones.
- Sostener biodiversidad urbana: sus ramas, troncos, flores y frutos sirven como refugio y fuente de alimento para aves, insectos y otras especies.
“Y hay un punto clave en todo esto: entre más viejo es el árbol, más eficientes y robustas son todas estas funciones”, aseguró Ordóñez.
Esto plantea una discusión adicional frente a la intervención de Gran Estación: ¿qué criterios se tienen en cuenta para determinar que el riesgo asociado a un árbol justifica su tala y cómo se compensa la pérdida de las funciones ambientales que cumplía?
Según explicó la Secretaría Distrital de Ambiente a El Espectador, la tala no es la primera alternativa. Antes de autorizarla, la entidad evalúa si el árbol puede conservarse en el sitio o si, cuando sus condiciones lo permiten, puede ser trasladado.
Por ejemplo, antes de autorizar una tala, la entidad evalúa alternativas como la conservación en el lugar, mediante podas, fertilización y otros tratamientos, o el traslado del ejemplar cuando sus condiciones lo permiten. La tala se considera cuando estas opciones no son viables y existe un riesgo que hace necesario retirar el árbol.
Para tomar la decisión, se revisan de manera individual las condiciones físicas y sanitarias del ejemplar, la especie, el estado de sus raíces, tronco y ramas, su inclinación y posibles afectaciones como la gomosis. También se analiza el lugar donde está sembrado y el riesgo que una eventual caída podría representar para personas, viviendas, vías o infraestructura. Por eso, ni el tamaño ni la edad del árbol determinan por sí solos su tala.
En el caso de Gran Estación, la Secretaría señaló que los 82 árboles fueron evaluados individualmente: 77 recibieron autorización de tala y los cinco restantes fueron destinados a tratamientos integrales para su conservación. La ejecución de las intervenciones autorizadas está a cargo del Jardín Botánico de Bogotá y se realiza de manera gradual desde 2025. Por ello, los 77 corresponden al número de árboles cuya tala fue autorizada, no necesariamente al número de ejemplares que ya fueron retirados.
¿Qué especies de árboles se talaron?
De los 77 árboles cuya tala fue autorizada, 73 corresponden a especies exóticas y cuatro a especies nativas. Entre las especies identificadas hay eucaliptos, acacia sabanera, sauce, cajeto, liquidámbar, arrayán, arrayán blanco y guayacán de Manizales.
Según la información suministrada por la Secretaría, los ejemplares tienen alrededor de 30 años. Esto se relaciona con las plantaciones realizadas durante el desarrollo de la urbanización Salitre, a mediados de la década de 1990.
Ninguno de los árboles cuya tala fue autorizada está catalogado como árbol patrimonial o de interés especial, ni cuenta con una protección particular de acuerdo con la información entregada por la entidad.
La especie con mayor número de ejemplares autorizados para tala es el eucalipto plateado (Eucalyptus cinerea), con 35 individuos. Le sigue el eucalipto común (Eucalyptus camaldulensis), con 20 árboles, y el sauce (Salix humboldtiana), con 13.
También fueron intervenidos dos ejemplares de acacia sabanera (Paraserianthes lophanta) y uno de cada una de las siguientes especies: cajeto (Cytharexylon montanum), liquidámbar (Liquidambar styraciflua), arrayán (Myrcianthes leucoxyla), arrayán blanco (Luma apiculata) y guayacán de Manizales (Lafoensia acuminata).
La discusión no termina con los 77 árboles cuya tala fue autorizada. Desde la comunidad también se reconoce que algunos ejemplares presentaban condiciones de riesgo, pero la preocupación está ahora en los 40 árboles que permanecen en pie. Por eso, la solicitud es que la Secretaría Distrital de Ambiente vuelva a evaluarlos antes de autorizar nuevas talas y determine cuáles pueden conservarse.
La preocupación de los habitantes no se limita a evitar nuevas talas. También buscan conocer qué especies serán utilizadas para compensar los árboles retirados y qué características tendrán los nuevos individuos, especialmente frente a su porte y aporte ambiental.
¿Habrá compensación por los árboles talados?
Sí. Como medida de compensación por los 77 árboles, el Jardín Botánico de Bogotá deberá plantar 147 nuevos árboles. La entidad definirá las especies y los lugares de plantación, siguiendo los criterios técnicos establecidos en el Manual de Silvicultura.
Según la Secretaría Distrital de Ambiente, se buscará priorizar especies nativas que sean adecuadas para las condiciones de los sitios donde serán plantadas. Sin embargo, todavía no se han definido las especies ni los lugares específicos. Por eso, queda pendiente conocer cómo será esta reposición y en qué medida los nuevos árboles podrán recuperar algunas de las funciones ambientales que cumplían los ejemplares retirados.
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Ccdaw(0kmc6)•Hace 13 horasDesde Peñalosa, la ciudad cada vez mas desprotegida. Los puntos de calor se multiplican, y los alcaldes siguen la instrucción. El peor enemigo de los Bogotanos ha sido Peñalosa.
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Alejandro(83663)•Hace 14 horasSi existe un plan para la tala, ¿por qué no incluye la reposición? No hay tampoco tiempo definido para la reposición? PArece que no hay mucha planeación.