El mundo de las estrellas

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Los del Ñam: "El arte es nuestro refugio"

Para Erwin García y Cristhian Caína la cocina es sinónimo de amor y felicidad. Cuando las luces se apagan, Los del Ñam son libres, metódicos, soñadores y sobre todo artistas.

Por Martha P. Beltrán O.
Para Los del Ñam la cocina es sinónimo de amor y felicidad. Cuando las luces se apagan, Erwin García y Cristhian Caína son libres, metódicos, soñadores y sobre todo artistas.
Fotografía por: Cortesía Crimson

Para Erwin y Cris no hay un secreto para brillar. Simplemente todo lo que hacen tiene ese sello de felicidad que hace enamorar a los 17 millones de seguidores que tienen en redes sociales, a las per­sonas que se encuentran en luga­res tan remotos con Japón o Tur­quía y aquellos que sienten en su corazón que una receta suya les salvó la vida.

La pandemia, como al mundo entero, los cambió de manera definitiva. “Cris tuvo una ope­ración de corazón porque tenía taquicardia en enero de 2020 y el doctor le dijo, ‘usted no por nada en el mundo se puede enfermar de covid. Nosotros nueve meses no salimos nunca, ni un día, estuvimos encerrados todo ese tiempo. Por eso la única diversión y misión que teníamos era crear contenido”, cuenta Edwin.

Para los dos ha resultado todo un pre­mio y una agradable sorpresa el hecho de encontrar tantas perso­nas que les manifestaron que sus videos les salvaron la vida y tam­bién los rescataron de otros luga­res. “Hay gente que dice ‘yo ni siquiera hago sus recetas, solo me gusta verlos porque yo no tengo tiempo de cocinar, pero amo ver­los porque me hacen reír tanto’”, dice Cris.

Los del Ñam atrapados por la alegría

Ante la cámara, en los 45 o 60 segundos que duran sus videos, Erwin García y Cristhian Caína siempre se ven felices, pero cuando las luces se apagan tam­bién lo siguen siendo.

“Erwin y yo amamos el arte. Cuando no estamos grabando cada quien está leyendo. Nos gustan literaturas diferentes”. Mientras Erwin prefiere la de motivación, espiritual, a Cris­thian le gusta leer obras fan­tásticas y de teatro. “Me gusta a veces leer de medicina, rarí­simo; compro libros de médicos famosos y empiezo a leer sobre salud”, cuenta Cris con una son­risa.

A Los del Ñam les encanta viajar, pero no paran de trabajar: “grabamos un montón, nos gusta compartirle a la gente que come­mos, qué nos pasa, cuáles son los problemas en un viaje”.

Locos por el arte

Erwin y Cris, locos por el arte

Aman el teatro “con todas las fuerzas de nuestro corazón”, dice Cris. Las puestas en escena les llenan el alma. “El arte es nues­tro refugio”. Cris es bailarín urbano y fue a competencias y a Erwin, comu­nicador social y actor, siempre le ha gustado cantar. De hecho, lo hizo en un grupo musical hace mucho tiempo. Los musicales les encantan con locura. “Hemos ido a muchísimos musicales en muchos lugares del mundo, en México, en Madrid, en Nueva York siempre vamos a Broad­way, porque soñamos algún día tener un musical así, de cocina, de música, de nosotros cantar, bai­lar y llevar historias a los niños. Tenemos un público de niños increíble”.

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No sabían que a los pequeños les apasiona la cocina y han sido felices con sus muestras de cariño. “Queremos crear cosas para ellos, cosas fuera de redes sociales, porque sentimos que a veces las redes sociales comple­tamente abarcan un mundo, pero queremos traspasar el mundo y llegar más a tocar corazones, más cerca de las personas. Cuando se apaga la cámara, también segui­mos cocinando. Cocinar es nues­tra manera de amar”.

“Creemos mucho en ese poder de manifestar, y la ley de atrac­ción”, cuenta Erwin, quien junto a Cris ha visto varios de sus deseos, plasmados en su Vision Board, hacerse realidad: vivir en Nueva York (“queríamos vivir en la ciudad y una empresa nos con­trató para estudiar inglés y ser sus embajadores”), viajar a Francia, hacer un show de televisión, e ir a Disney (“eso fue hace dos años, y el año pasado Disney nos escribió para que fuéramos los ‘foodies’ de Mickey. Fuimos en exclusiva a World Disney World a probar todos los menús de todos los res­taurantes”).

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Un amor real

Erwin y Cristhian llevan uni­dos 9 años, juntos casi 24/7. Cris enfatiza el punto, y cómo en la cocina entrega su ‘ingrediente secreto’: “creo que hemos logrado anular ese deseo de encontrar perfección en otra persona por­que eso es un ideal que uno tiene en su mente… Lo mejor ha sido encontrar una persona que tiene un deseo grande de dejarse atra­par por la felicidad.

No estamos todo el tiempo buscando donde está la felicidad, sino que deja­mos que realmente nos sorprenda en momentos especiales y muy sencillos de la vida. No pedimos mucho del otro más que amor real en todas las condiciones y la felicidad los sorprende: al final del día, después de 16 horas de trabajo, ella está por encima del cansancio, del dolor de cuello o de espalda, y están juntos com­partiendo también ese momento. “Cuando termina y se apaga la cámara seguimos siendo felices. Creemos que parte de la felicidad es hacer lo que nos gusta, lo que nos apasiona y eso que nos llena a cada uno, también nos llena a los dos, entonces hace que seamos felices”, complementa Erwin.

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Ejemplo de familia

Se acuestan tarde, después de medianoche, y se levantan tem­prano. Pero tratan de descansar. “El domingo es el regalo”, dice Erwin, y enseguida Cris lo com­plementa: “Sí, para ver a los ami­gos, para estar en familia, para cocinar a los amigos. Nuestros descansos son cocinar”. No van a fiestas, y su círculo cercano sabe que tienen un cuaderno donde apuntan las fechas de cumplea­ños y el plato favorito, de dulce y de sal, para sorprender a esa per­sona en su día especial.

“Es una forma de dar amor infinito y lo aprendimos de nuestras abuelas y de nuestras mamás. Soy vene­zolano, también soy colombiano, tengo aquí ya 11 años en Colom­bia, y mi mamá, en un momento de la vida, tuvo que vender comida para levantar a sus 5 hijos. Yo de 5 o 6 años tenía mi conciencia de que había que ayudar a la mamá, a vender o a empacar o a agarrar bolsas y la abuela de Cris vendía arepas en la esquina donde vivía en Castilla, y también de peque­ñito ayudaba a moler el maíz, a buscar los vegetales, a hacer compras, a llevar cosas; entonces para nosotros la cocina es parte de nuestro ecosistema, de nues­tra vida y no podemos estar sin la cocina”.

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Son inquietos. Cuando algo se les ocurre, y eso sucede todo el tiempo, tienen que escribirlo o grabarlo. “Quisiéramos tener más vida, más manos, más horas, para poder hacer todo lo que que­remos, pero nosotros sabemos que vamos a hacer cosas grandes, nosotros venimos a este mundo a hacer cosas muy grandes”.

Tie­nen planes ambiciosos. “Nos encantaría hacer un musical para familia, con letras, canciones, música, y con un mensaje muy especial para los niños específi­camente, y que la gente y la fami­lia se pueda divertir un montón, o sea pasar de esto de hacer recetas a un musical gigante, especial.”

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Por Martha P. Beltrán O.

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