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Arroz Supremo le cuenta

El reto de producir arroz en Colombia con mayor eficiencia y calidad

La adopción de buenas prácticas agrícolas, el uso eficiente del agua y la trazabilidad están entre los principales retos del sector arrocero. Con Terraviva, su línea Super Premium, Arroz Supremo apuesta por un modelo que busca producir mejor y competir más allá del precio.

Arroz Supremo
Foto: Cortesía

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Una hectárea de arroz puede contar dos historias distintas: la de un cultivo que depende de mantener el suelo inundado y la de otro que busca aprovechar mejor el agua sin renunciar a la productividad. La diferencia está en las decisiones que se toman desde la siembra y en la manera de entender el negocio agrícola. En Colombia, esa discusión cobra relevancia ante los desafíos climáticos y la necesidad de fortalecer la competitividad del sector.

El agua es uno de los recursos que más preocupan a los productores. Buena parte de los cultivos del país permanece inundada, mientras que en los Llanos el abastecimiento depende de las lluvias. "Es necesario revisar prácticas tradicionales y explorar alternativas que permitan utilizar el recurso de manera más eficiente", explicó Daniel Ruiz Worth, gerente de Sueños y Estrategias de la Unión de Arroceros S.A.S., compañía detrás de la marca Arroz Supremo.

Para el directivo, parte de la transformación consiste en dejar de aplicar fertilizantes por costumbre y empezar por analizar las condiciones de cada lote. Las semillas certificadas, el registro de las labores agrícolas y el uso de información para tomar decisiones hacen parte de ese cambio.

Terraviva: del lote al molino

En Arroz Supremo, esa visión se materializa en Terraviva, una línea lanzada en 2025, durante la celebración de los 60 años de la compañía. El programa trabaja con cultivos certificados en Buenas Prácticas Agrícolas (BPA), un estándar del Instituto Colombiano Agropecuario (ICA) que contempla el ambiente, los trabajadores y la inocuidad de los alimentos.

La certificación acompaña todo el ciclo: desde el análisis de suelo y la semilla antes de sembrar, pasando por la planificación del riego y la protección de las fuentes hídricas, hasta la capacitación y la protección de los trabajadores en las fincas.

A eso se suma un compromiso propio de la compañía: garantizar la trazabilidad desde el lote hasta el molino y mantener separadas las líneas de producción para evitar mezclas con arroz de otros cultivos.

Todo esto supone costos adicionales. Según Ruiz Worth, las principales barreras para los agricultores son la inversión económica y el desconocimiento de los procesos de certificación. Por eso, la empresa acompaña técnicamente a los productores y reconoce la inversión que realizan

Arroz Supremo
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Un arroz que sabe más a arroz

Terraviva combina las prácticas certificadas con una selección específica del grano: procede de la meseta de Ibagué, utiliza una sola variedad, escogida por su rendimiento en la preparación, y se clasifica para ofrecer un producto de grano entero.

Esa variedad única influye en la cocción y en el sabor, resume Ruiz Worth, quien destaca sus matices sutiles, a diferencia del aroma intenso de las variedades aromáticas. La apuesta es reunir origen, selección del grano y condiciones de producción para construir una referencia Super Premium.

Competir más allá del precio

Ese posicionamiento tiene también una dimensión comercial. El sector se prepara para la eliminación total de los aranceles al arroz estadounidense, prevista en el Tratado de Libre Comercio (TLC) con Estados Unidos. Para el directivo, la industria colombiana debe competir más allá del precio. La calidad y los atributos del producto podrían abrir oportunidades en Estados Unidos, Canadá y Europa, además de ampliar su presencia en Colombia.

Para lograrlo, la compañía espera aumentar progresivamente las hectáreas vinculadas al programa, sin perder lo que lo diferencia.

Cómo reconocer un arroz sostenible

La diferencia entre un arroz convencional y uno sostenible no siempre es evidente a simple vista. Por eso, en Arroz Supremo recomiendan verificar qué entidad respalda las afirmaciones ambientales y revisar el origen y la trazabilidad del alimento, en lugar de confiar solo en mensajes comerciales. El reto no consiste solo en producir arroz con un menor impacto ambiental, sino en hacer que esa transformación se traduzca en una actividad más rentable y con posibilidades de llegar a nuevos mercados.

Aquí puede encontrar más información.

 

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