
Hay un instante en el que el caballo parece desafiar la gravedad. Sus cuatro patas abandonan el suelo y, por una milésima de segundo, su cuerpo queda suspendido en el aire. Mientras tanto, abajo de su panza, hay una barra de madera. Las extremidades delanteras se recogen para superar el obstáculo y las traseras hacen lo propio mientras el animal prepara el aterrizaje.
Sobre su lomo, el jinete acompaña cada movimiento: el galope del animal hace que sus glúteos se levanten ligeramente sobre la silla. Luego, flexiona las rodillas y sigue con todo su cuerpo el andar del caballo. No puede anticiparse demasiado ni quedarse atrás. En el salto ecuestre, caballo y jinete deben moverse como uno solo.
Para Alejandro Gutiérrez, esa conexión es precisamente una de las razones que lo mantienen en este deporte. El joven bogotano de 16 años ha encontrado en su relación con los caballos algunos de los momentos más memorables de su carrera. Uno de ellos ocurrió en el WEC Ocala Winter 2026, disputado en Estados Unidos, donde se quedó con el primer lugar en una prueba de 1.35 metros. Allí, junto a su yegua, experimentó una conexión que todavía recuerda como una de las mejores de su trayectoria.
“En esa pista, la conexión con mi yegua fue absoluta; sentí que la comunicación era tan fluida que el animal estaba saltando de manera impecable, con una técnica que superaba cualquier registro previo que hubiera logrado”. Para él, aquel recorrido fue la confirmación de que la confianza construida entre ambos podría traducirse en resultados dentro de la pista.
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Ahora, esa misma confianza será fundamental para afrontar uno de los desafíos más importantes de su corta carrera deportiva. Gutiérrez es el representante de Colombia en la prueba de salto de obstáculos de los IV Juegos Olímpicos de la Juventud Dakar 2026, que se disputan desde ayer hasta el 6 de noviembre en Senegal. La cita reunirá a 24 jinetes en esta modalidad, que tendrá como escenario el Centro Ecuestre de Diamniadio.
Para la competencia, a cada deportista se le asignará un caballo. En el caso del colombiano, será Villeroy Van Het Harteveld Z, con el que afronta las rondas clasificatorias, que comenzaron ayer. Ahí, Gutiérrez terminó con un tiempo de 87 segundos y una penalización, ubicándose en la quinta casilla. La siguiente clasificatoria se desarrollará el jueves 5 de noviembre a partir de las 5:00 a.m. (hora de Colombia). La final se disputará el viernes 6.
El camino de Gutiérrez hacia Dakar comenzó a tomar forma con su actuación en el FEI Jumping Challenge de 2025. Sus resultados y regularidad en esa competencia le permitieron asegurar la plaza para Colombia en los Juegos Olímpicos de la Juventud. Desde entonces, su preparación ha estado enfocada en llegar en las mejores condiciones posibles a la cita internacional, bajo la dirección del entrenador Pablo José Barrios.
“La preparación para un evento de la magnitud de los Juegos Olímpicos no permite improvisaciones. Mi proceso actual se fundamenta en un plan de trabajo y entrenamiento exhaustivo que, afortunadamente, ha arrojado resultados extremadamente eficientes hasta el momento. La clave de este rendimiento ha sido la consistencia”.
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Gutiérrez, además, quiere dar el golpe y lograr una medalla para Colombia. “Mi objetivo va más allá de la simple participación; busco dar lo mejor de mí, representar a mi país con el mayor honor posible y absorber toda la experiencia que un entorno de alta competencia ofrece”. También entiende que una experiencia de esta magnitud implica aprender a desenvolverse en un escenario internacional de alta exigencia.
Sabe que tendrá enfrente a algunos de los mejores jinetes jóvenes del mundo y que Dakar será, hasta ahora, el reto más exigente de su trayectoria, la cual inició desde que nació. El joven jinete es hijo de Carlos Gutiérrez y María Teresa Alcocer y creció en una familia en la que el mundo ecuestre siempre estuvo presente. Su padre, veterinario de profesión, fue quien transmitió esa cercanía a sus tres hijos: Mariana, Carlos Felipe y Alejandro.
El joven bogotano empezó a montar cuando tenía apenas tres años. Sus primeros acercamientos ocurrieron en los brazos de su padre, sobre caballos de vaquería o criollos. En ese momento, la equitación era una actividad familiar, una forma de compartir y crecer alrededor de los animales. “Mi relación con el salto ecuestre no es simplemente una elección deportiva; es un legado vital que se ha entrelazado con mi historia personal desde que tengo uso de razón”.
El camino hacia la competencia llegó por otra influencia familiar: su hermana. Ella fue quien le mostró una faceta más exigente de la disciplina y lo acercó al salto ecuestre. “Fue pionera en nuestra familia al tomar la disciplina con una seriedad absoluta, y fue quien me brindó la guía fundamental para introducirme al salto ecuestre”. Dejó atrás la equitación recreativa para comenzar a entender el deporte desde la preparación, la técnica y la competencia.
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El siguiente paso llegó en 2021, cuando participó en el campeonato nacional preinfantil. Tenía entonces 11 años y empezó a comprobar que aquella afición de la infancia podía convertirse en una carrera deportiva. Su resultado fue especialmente significativo. “Lograr un lugar en el podio fue una experiencia que cambió mi perspectiva. No fue solo por el reconocimiento; fue el momento preciso en el que, mediante la validación de los jueces y la competencia contra otros pares, comprendí que poseía el talento y la templanza para escalar a un nivel de exigencia mucho mayor”.
A partir de entonces, cada competencia se convirtió en una oportunidad para aprender. Ahora, Gutiérrez buscará convertir años de aprendizaje, disciplina y confianza en una actuación que le permita luchar por una medalla para Colombia. Sabe que en la pista cada movimiento cuenta y que el resultado depende tanto de su capacidad como de la respuesta de su caballo. “Lo que me mueve a seguir compitiendo es esa búsqueda constante de la perfección en la comunicación, el desafío de superar mis límites y la inmensa gratitud por compartir este camino con seres tan extraordinarios como los caballos”.

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