4 Jan 2014 - 9:00 p. m.

El fetiche de las rubias

Desde hace más de 11 mil años, las mujeres monas, de piel blanca y ojos claros se han robado la atención de los hombres.

Mariana Suárez Rueda

Mientras Anita Loos sufría intentando acomodar su pesada maleta en el portaequipajes del tren que salía de Nueva York rumbo a Los Ángeles, los hombres que viajaban en el vagón se tropezaban entre ellos para recogerle a su vecina el libro que se le había caído, ayudarle a guardar la cartera y ofrecerle alguna bebida. Y todo, pensó Loos, porque era mona.

Esta caricaturesca escena se convertiría en la inspiración de su novela más famosa: Los caballeros las prefieren rubias (1925). Un divertido libro que fue adaptado como musical —lo protagonizó Marilyn Monroe, una de las mujeres más deseadas de los años 50— y, posteriormente, como película. Una publicación que trató de ahondar en uno de los fetiches masculinos más comunes.

Y es que desde hace generaciones las rubias han sido objeto de deseo. Mujeres como Scarlett Johansson, Anna Kournikova, Charlize Theron, Naomi Watts, María Sharapova, Cristina Aguilera, Cameron Díaz, y, en Colombia, Ana Sofía Henao y Natalia París mantienen la tendencia y parecen evidenciar con sus atributos las razones de la fascinación que produce en algunos un pelo de color amarillo, dorado o casi blanco.

Los ojos claros y la piel blanca complementan el look. De hecho, el neurólogo indio Vilayanur S. Ramachandran, profesor de la Universidad de California, asegura que las rubias gustan más por esa palidez que las caracteriza y que permite notar con facilidad cómo se encuentran de salud, su edad aproximada y, en muchos casos, incluso los intereses sexuales.

Asimismo se cree que ese gusto por las monas está relacionado con la imagen infantil e inocente que transmiten y que para ciertos hombres resulta excitante, pues la asocian con una necesidad de protección. Al respecto, José Manuel González, director del Centro de Psicología y Sexología (Cepsisex), explica que varias investigaciones importantes han demostrado que “las mujeres de cabello claro tienen menos testosterona que las de cabello oscuro. Esto quiere decir que las primeras representan mayor feminidad, ternura y alegría. Son menos agresivas y sus facciones más infantiles, semejantes, muchas veces, a las de una Barbie, lo cual resulta bastante atractivo para el género masculino”.

Según González, esta característica estimula el deseo por resguardarlas y mantenerlas a salvo de cualquier eventualidad, peligro o sufrimiento. “Usualmente a ellos les gusta sentirse como los príncipes que salvan a la princesa del dragón y posiblemente por esta razón se ha creado el mito de que las rubias son brutas y se han construido percepciones culturales y también prejuicios que con los años terminaron fortaleciéndose”.

El antropólogo Desmond Morris coincide en que la feminidad es un factor clave para comprender la fascinación que producen las rubias, especialmente en países como los latinoamericanos, donde no son tan comunes. Y asegura que son bastantes los hombres para quienes la suavidad y delicadeza de la que parece gozar este tipo de pelo se convierte en un estímulo durante el sexo.

Otra de las explicaciones de esta atracción por las rubias está relacionada con la evolución. En algunos libros de historia reza que después de la última glaciación, hace más de 11.000 años, se produjo una mutación genética que originó cabellos más claros que, de acuerdo con el antropólogo canadiense Peter Frost, despertaron el interés masculino.

En ese entonces la cantidad de mujeres era mucho mayor, debido a las extenuantes caminatas y a las peligrosas jornadas de caza que contribuían a que la expectativa de vida de los hombres terminara siendo más corta. Morenas y monas se disputaron la atención de los varones del grupo y estas últimas, para Frost, resultaron ganando y teniendo más hijos que heredaron su color de pelo, palidez y ojos claros. Niños y niñas que poblaron el continente europeo y lo convirtieron, especialmente en donde hoy se encuentran los países escandinavos, en un paraíso para los amantes de las rubias.

Al continente americano también llegó parte de esta herencia con los conquistadores, y, a pesar del mestizaje, las rubias abundan en naciones como Estados Unidos, algunas regiones de Brasil, Chile y Uruguay, además de un par de islas del Caribe habitadas por un significativo número de europeos, como Aruba, Turcas y Caicos y Santa Lucía.

Fabián Sanabria, director del Instituto Colombiano de Antropología e Historia, tiene una opinión diferente. De acuerdo con él, la explicación es principalmente sociológica. “Entre los siglos XVIII y XIX, cuando se construye en Occidente una concepción del mundo heterosexual, monogámico y permanente, el modelo burgués que prima es fundamentalmente el europeo, que luego se traslada a Estados Unidos y que promueve una visión más blanca, más rubia, más nórdica, por decirlo de alguna manera”.

Por razones económicas, agrega Sanabria, es evidente entonces una hegemonía del norte con respecto al sur, “percibido como exótico, folclórico, moreno, mestizo”. Desde ese momento, sentencia, ha primado en el imaginario la idea de que lo rubio, lo blanco y lo burgués es mejor. “Obviamente, esto corresponde a una dominación cultural que se tiene incorporada y que contribuyó a que se haya puesto de moda teñirse el pelo”. En el caso de las colombianas, cuenta González, para un número significativo de mujeres es un anhelo convertirse en monas, porque creen que así atraen más a los hombres y van a poder conseguir quien las proteja.

Aunque la fascinación y el deseo por las monas están lejos de desaparecer, las morenas parecen ganar cada vez más terreno. Por lo menos así lo muestra un sondeo realizado por la página de citas eDarling a casi 200 usuarios solteros, entre 30 y 40 años. Las conclusiones, publicadas en el periódico ecuatoriano El Comercio, llaman bastante la atención.

Las rubias, que enloquecieron a Hollywood en la década de los 60, ocuparon el cuarto lugar entre las preferencias masculinas; las siguieron las mujeres de pelo castaño, el segundo puesto fue para las pelirrojas y las morenas se quedaron con el trono. De acuerdo con los encuestados, son las más atractivas, inteligentes, fieles, divertidas y activas sexualmente. Sin duda, una cuestión de gustos que hace más interesante el juego de la seducción.

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