13 Apr 2020 - 6:58 p. m.

Opinión: Y sigue la alharaca de la prensa, por Fernando Vallejo

En la séptima crónica del coronavirus el escritor critica titulares de prensa, conteo de enfermos y hasta el uso de respiradores artificiales.

Fernando Vallejo * / Exclusivo para El Espectador

Oigan este par de cretinadas de titulares de la prensa colombiana de hoy lunes 13 de abril, representativos de un montón: "67 nuevos casos y 9 muertos más por coronavirus". "Se confirman 17 nuevos casos por COVID-19 en el país". ¡Y dele con los casos! Donde dice "casos" están significando "contagiados", confusión que no corrige el Instituto Nacional de Salud porque copia o plagia en el lenguaje y en el acomodo de las cifras a la Organización Mundial de la Salud, que en inglés dice "cases" en vez de decir "people infected".

¿Y cómo supo el Instituto Colombiano de Salud que solo fueron 67 los nuevos infectados en Colombia por el coronavirus en el día de ayer? Sospecho que fueron decenas de miles o cientos de miles. Para hablar con más propiedad y asustar menos a la humanidad (que no se va a morir del coronavirus sino del miedo), la OMS y el Instituto Nacional de Salud en vez de "infectados" podrían decir "portadores sanos del COVID-19". De estos portadores sanos algunos han tenido o tienen los síntomas de una gripa, de las que hay una epidemia en Colombia y en el mundo por año. ¿Y los enfermos que están en los hospitales conectados a los respiradores artificiales se ponen también entre los infectados o portadores sanos? No. Ahí no. Los ponemos en renglón aparte, entre los enfermos, bien sea que estén hospitalizados o en sus casas.

Y dos aclaraciones antes de continuar: la mayoría de los muertos en esta epidemia, si no es que todos, no son muertos por coronavirus sino muertos con coronavirus. Una señora colombiana de 98 años que murió anteayer, no murió por el coronavirus como dijeron el Instituto Nacional de Salud y la prensa alharacosa, sino de vieja. No hay que confundir las preposiciones con y por. Son distintas. Si a la pobre señora en vez del COVD-19 de que la contagiaron la hubieran contagiado de uno de los coronavirus o de los rinovirus de la gripa estacional del año pasado, también se habría muerto. Y que cómo lo sé, me preguntarán. Porque Matusalenes, amigos míos, no existen sino en la Biblia. Se hubiera muerto y punto, ahí para el asunto. Y que me desmienta Dios desde arriba si miento. (Aquí puede leer: Carta de Fernando Vallejo a la directora del Instituto Nacional de Salud).

Segundo punto, los respiradores artificiales. Uno de los pretextos para imponer la cuarentena en Italia, Francia, España, los Estados Unidos, Colombia, etcétera, era el de preparar los sistemas de salud para el estallido de la epidemia que se veía venir, y ante todo, con prioridad absoluta, proveer de respiradores artificiales a los hospitales porque se iban a necesitar miles y miles y miles. Trump puso a la General Motors a fabricar respiradores artificiales en vez de carros. Pues bien, los Centros para el Control y la Prevención de las Enfermedades de los Estados Unidos, el principal instituto de salud de ese país, informó hace poco que el 80 por ciento de los enfermos con coronavirus que conectan a los respiradores artificiales en los hospitales de Nueva York se mueren a los dos días de que los conectan: los respiradores los están matando. O rematando. Aquí en Colombia, que somos del primer mundo, no faltan los respiradores artificiales, lo que falta es enfermos, gracias a Dios y a Duque. Podemos saltar charcos y alcantarillas como Bolsonaro sin que nos pase nada.

Cuando uno se infecta de un virus respiratorio (digamos del de esta miserable gripa del COVID-19) nuestro sistema inmunológico reacciona produciendo anticuerpos, que se lanzan a atacar a los virus invasores como en una Guerra de las Galaxias. Si la carga viral del primer encuentro con el enemigo es grande, uno se jode. Por ejemplo en un asilo de ancianos, o en una pocilga de gente pobre hacinada, o en un barco de un crucero de millonarios. ¿Saben por qué? Porque los virus de unos se suman a los virus de los otros. Pero si es pequeña, que es lo usual, como cuando uno va en el Transmilenio, en dos o tres días, que es lo que requiere el sistema inmunitario para montar la producción de proyectiles en grande, uno queda inmunizado. Como quien dice vacunado.

¡Para qué pierden el tiempo entonces haciendo una vacuna contra el COVID-19, si para cuando la tengan él ya desapareció! Y Colombia entera para entonces, por la producción natural de anticuerpos de los colombianos aunada al fenómeno de la herd immunity o "inmunidad del rebaño" (y es que somos un rebaño, aunque carnívoro), estará pero supervacunada. No explico otra vez la herd immunity porque ya la expliqué en otros artículos y cartas públicas aparecidas en este tolerante periódico, y después van a decir que me repito. Yo nunca me repito. Yo soy como el río, que siendo el mismo cambio en mi camino hacia el mar, "la mar de la Muerte" del poema de Jorge Manrique. Bueno, no más yo y yo y yo, que ustedes han de estar hartos de Uribe y Claudia López.

Colombianos: no le tengan miedo al coronavirus que ustedes ya están vacunados, supercoronavirizados. No les va a pasar nada, salten charcos y alcantarillas. ¿Cuántos portadores sanos del virus habrá en Colombia al día de hoy, sin contarlos a ustedes y a mí para que no enredemos las cuentas? Yo digo que diez millones. ¡Qué va diez! Veinte. Nos vacunó la naturaleza que es sabia y eficaz, no como Minsalud que no pasa de un burócrata mamón de la teta pública.

Señores empresarios: Únanse a mí para que obliguemos a este gobierno a levantar ya la cuarentena. Y de paso tumbamos a Duque. Perdón, dije mal, a Uribe. A Uribe tampoco. A Uribe Duque. O al revés. Con tanto burócrata, que pasan y se van como los alcantarillosos ríos, ya no los distingo.

* Autor de La tautología darwinista y otros ensayos de biología, obra publicada por la UNAM de México y el sello Taurus de España.

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