8 Dec 2010 - 4:29 a. m.

'Quiero ver a mis niños por última vez'

Desde el pasado domingo busca entre los escombros a sus dos hijos de 5 y 8 años.

Maryluz Avendaño

El pasado domingo 5 de diciembre, Joaquín Rojo se encontraba de servicio en el municipio de Yarumal, ubicado tres horas al norte de Medellín. Mientras requisaba vehículos en la troncal a la Costa, con el fin de detectar a los traficantes de droga que tratan de sacar el alcaloide  de municipios cercanos y del Bajo Cauca, recibió una llamada de su hermano, quien también es policía, informándole la tragedia. De inmediato, Joaquín se trasladó al barrio la Gabriela. Llegó al lugar que frecuentaban todos los fines de semana sus dos pequeños hijos, Andrés, de 5 años y Jaider, de 8. “A ellos les gustaba mucho venir aquí a visitar a mi mamá porque se venían para el parquecito a jugar con los primos”, relata con su voz cansada y sus ojos llenos de lágrimas.

En La Gabriela estaba la morada de su mamá, su hermana y sus dos sobrinos: Juan José, de 7 años, y Camilo, de 13, quienes se encontraban en el parque con los hijos de Joaquin Rojo a la hora del derrumbe.

Junto a los organismos de rescate, el subintendente ha permanecido desde la tarde del domingo. Son ya tres días sin dormir, sin descansar. Aferrado a una pala intenta ganarles a los escombros para recuperar los cuerpos de sus pequeños hijos y sus sobrinos. “Aquí no da sueño, no da hambre, no da nada. Sólo tengo ganas de  sacarlos de ahí”. Por momentos el llanto le gana la partida y le resta fuerzas. Se apoya en un árbol, clava su mirada al piso para sacar su dolor. A pesar de que en 10 años de servicio le ha tocado estar en tragedias similares, ayudando a las personas en momentos difíciles,  nunca pensó que le iba a tocar a él. “Mi familia me mira y a mí me toca demostrar fortaleza,  sentir lo que no siento”.

Ayer en la mañana lo visitaron  el presidente Juan Manuel Santos y el director nacional de la Policía, Óscar Naranjo. Al recibir su solidaridad su fortaleza se quebró, lloró como un niño indefenso ante la magnitud de la emergencia. Se arrodilló en el piso implorando misericordia. Unos pocos minutos después estaba de nuevo arañando la tierra con la pala, observando a unos metros la retroexcavadora. “A mí me queda mi esposa, mi hija y mi hermana. Sólo quiero poder ver a mis niños por última vez y sepultarlos como Dios manda”.

El martes en la tarde, en la parroquia principal del parque del municipio de Bello, Nuestra señora del Rosario, se realizaron las exequias de los primeras 13 cuerpos rescatados, cinco de ellos de la familia Madrigal.

A esa hora ya habían sido hallados 37 cuerpos de la zona de la emergencia, 14 de ellos menores de edad.

Por varias horas los rescatistas debieron suspender las labores, pues el mal tiempo en la zona no les permitió avanzar.

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