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Más de $18.500 millones costaría recuperar las estaciones, buses y demás infraestructura de Transmilenio comprometida en actos vandálicos en las manifestaciones de los últimos días. Al respecto, el alcalde encargado de Bogotá, Alejandro Gómez, manifestó que esto “no puede ser entendido como una forma de protesta, ni admitido como un daño menor. Esto tiene una severa afectación a la ciudadanía”.
Gómez se sumó al argumento de que los más afectados por esta situación son los más vulnerables, aquellos que no tienen carro, moto o que no tienen para pagar un taxi, de allí que se vean en la obligación de avanzar en las reparaciones del sistema para garantizar este servicio público esencial.
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Puntualmente se necesitarán cerca de $12.000 millones para reparar las estaciones de Transmilenio (el balance muestra que, de las 139, 53 están sin operación y 8 están operando parcialmente) casi $4.000 millones para taquillas, $317 millones para equipos, $339 millones para buses de servicio troncal y alimentación (de los 2.357 que hay en la ciudad, 660 han sido vandalizados y 10 destruidos), además de $1.896 millones para buses del SITP (de los 6.200 que hay, 407 han sido vandalizados y 26 fueron destruidos).
La estrategia es que al menos 20 de las estaciones que han resultado afectadas puedan ser recuperadas en los próximos días. Sin embargo, la gravedad del asunto es tal que se estima que la reparación completa de todo el sistema demoraría cerca de seis meses.
No obstante, desde la Alcaldía Mayor de Bogotá se hizo un llamado para que entre todos (refiriéndose a la ciudadanía) se proteja lo que se está recuperando.
“Sabemos que Transmilenio tiene muchos problemas, por eso estamos avanzando en el sistema metro. Pero es entre todos que podremos proteger Transmilenio. Debemos entender que es un sistema de todos y no de unos solos, y que la protesta, que respetamos, no puede convertirse en algo de destrucción”, concluyó el alcalde encargado, quien agregó que ha entregado información para que los entes de investigación avancen en las pesquisas para identificar a los responsables. Sin embargo, se plantea la posibilidad de que estos hechos no sean esporádicos, sino metódicos.
El Espectador también habló con Sebastián Quiroga, quien es vocero de Ciudad en Movimiento, que, como lo describe en su cuenta de Twitter, es una organización nacional de ciudades que trabaja por el Derecho a la ciudad, la paz y la vida digna en Colombia.
El análisis que hace de la situación lo lleva a pensar que es un desacierto poner en la discusión los daños materiales, cuando el Estado está gastando mucha plata en armamento, munición y demás elementos en el marco de las manifestaciones. “El centro de la discusión debería ser otro”, asegura, al agregar que tanto el gobierno como los medios de comunicación tradicionales han hecho “un realce al vandalismo, cuando deberían apostarle a tener una mirada más equilibrada”.
Contrario a la hipótesis del Distrito, de que los actos vandálicos contra Transmilenio son metódicos, Quiroga asegura que los mismos son reflejo del descontento que por años ha acumulado la gente en contra de las condiciones en la que el sistema presta el servicio. No obstante, es claro al decir que desde ninguna organización ciudadana se está orientando a atacar a la infraestructura, y se suma a la premisa de que esta movilización desborda la representatividad que tiene el Comité Nacional de Paro.
Su análisis también apunta a que se deben hacer ajustes para que la movilización sea menos destructiva, “ese es el esfuerzo en el que estamos las organizaciones”, pero considera que las racionalidades de los manifestantes muchas veces los llevan a actuar por resentimiento, o rencor, sin pensar en que ese daño que están haciendo, al final del día, se puede escalar y hasta empeorar la calidad de la misma población que se ha visto afectada.
