19 Aug 2017 - 3:58 a. m.

¿Trata a su mascota como a un hijo?

Sentarla a la mesa, disfrazarla, celebrarle el cumpleaños, llamarse “la mamá” o “el papá” de un perro o un gato, puede afectar a los animales.

La Red Zoocial

“Soy la mamá de Paco”, se presenta Claudia cuando sale a pasear a su mascota y se encuentra con un grupo de personas que madrugan a hacer lo mismo. Todos se congregan alrededor de animales vestidos con gorros, impermeables, sacos y hasta una especie de medias que cubren sus patas. La frase se repite: “soy el papá de” o “la mamá humana de”. Claudia agrega: “Paco va a cumplir dos años y quiero celebrarle su cumpleaños”… Un error gravísimo, de acuerdo con una investigación de la Facultad de Veterinaria de la Universidad del Nordeste (UNNE), en Argentina, que critica este tipo de conductas hacia los animales.

Dicen los que realizaron el estudio que proyectar las características humanas en los perros o los gatos ha hecho que muchas de las mascotas hoy sean inmanejables. Cada vez más animales presentan conductas como agresividad, miedo o ansiedad, todo derivado de la sobreprotección de sus dueños. Los veterinarios y expertos en conducta animal están de acuerdo: una relación en la que se humaniza a la mascota, lejos de resultar equilibrada y saludable, despierta en el animal diversas alteraciones.

Las mascotas se han convertido para muchas personas en el eje de sus vidas. Incluso hay programas en Europa en los que las personas buscan el amor a través de sus perros o gatos. Los humanos deciden iniciar una relación sólo si hay afinidad entre sus animales. Pero estudiosos del comportamiento canino dicen que no es justo poner sobre el animal la responsabilidad de elegir una pareja o transmitirle sentimientos tan naturales en las personas como la venganza.

A los gatos, por ejemplo, se les amputan las uñas, una herramienta fundamental para alimentarse y sobrevivir. Ellos trepan y cazan con ellas. Eso los deja a merced de los peligros cuando salen a la calle. Es muy común encontrar gatos golpeados y maltratados en las calles. Ninguno tiene uñas.

Los psicólogos incluso están estudiando el fenómeno del amor desbordado hacia las mascotas. Sus dueños “son individuos con carencias afectivas que se proyectan en el animal. Aquí hay un exceso de soledad o dificultad para mantener relaciones sociales”, explican. Pero también hay moda: la mascota se vuelve un accesorio más. Por eso hoy las encontramos mini, sin pelo, fit… es decir, lo más humanas posibles.

Busque el punto medio. Por el bien de su mascota, mímela, cuídela y hágala un miembro más de la familia, pero no la trate como a un hijo, porque el animal se confunde y no entiende quién manda. Los perros necesitan un líder —sí, usted— y si no asume su papel, ellos se autoproclaman como tal. Así se pierde el equilibrio entre lo que pueden y no pueden hacer. Si le habla como a un bebé, el perro nunca obedecerá sus órdenes.

No lo acueste en su cama, no lo siente a su mesa, no lo lleve al baño. Sáquelo al parque, déjelo jugar con otros canes, déjelo ser lo más animal posible... verá que su perro es más feliz. Y no es que no les pase a los gatos. La diferencia es que como los felinos son animales tan independientes no es tan fácil humanizarlos. Los perros viven con nosotros; los gatos nos dejan vivir con ellos.

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