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El Zoológico del Bronx anunció en un comunicado la muerte de Happy, una elefanta de 55 años. Sus cuidadores decidieron practicarle eutanasia “después de un período de atención en hospicio durante el cual el personal veterinario y de cuidado animal manejó las condiciones de salud progresivas y relacionadas con su edad”. Según la institución, “la difícil decisión se tomó tras evaluaciones continuas de la condición y calidad de vida. Murió pacíficamente rodeada de sus guardianes, curadores y veterinarios que la han cuidado; algunos durante más de 30 años. Sus antiguas y profundas relaciones fueron invaluables para su cuidado durante toda su vida”.
Happy no es un animal cualquiera. En 2005 se convirtió en el primer elefante que superó una prueba de autorreconocimiento en el espejo, considerada por los científicos como una señal de autoconciencia y una capacidad cognitiva muy avanzada. Básicamente, Happy tocó con su trompa una equis marcada en su cabeza mientras se miraba en un espejo. Hasta ese momento, solo bebés humanos, simios y delfines habían superado pruebas más o menos similares.
Años después, en 2018, Happy volvió a saltar a los titulares de los medios. La organización animalista Nonhuman Rights Project presentó una acción de habeas corpus en nombre de Happy. El argumento que sostenían era que la elefanta era un ser autónomo, inteligente y consciente de sí mismo, por lo que debía ser reconocida como una “persona jurídica” para efectos de su derecho a la libertad corporal y ser trasladada a un santuario de elefantes.
El caso logró llegar incluso hasta el máximo tribunal del estado de Nueva York, algo sin precedentes para un animal. En 2022, la corte falló por 5 votos contra 2 que Happy no podía ser considerada una persona legal y que el recurso de habeas corpus no se aplica a animales no humanos. Sin embargo, dos magistrados emitieron fuertes votos disidentes que defendían la necesidad de repensar la relación entre el derecho y animales con capacidades cognitivas complejas. El fallo puso fin a un proceso considerado histórico: fue el primer caso conocido en el mundo angloparlante en el que la petición de reconocer derechos jurídicos básicos a un animal no humano llegó a ser analizada por un tribunal de tan alto nivel.
Según han rastreado medios como The New York Times, se cree que Happy nació en estado salvaje en Tailandia alrededor de 1971. Cuando era una cría fue capturada junto con otros seis elefantes y llevada a Estados Unidos. Todos recibieron nombres inspirados en los siete enanitos de Blancanieves; de ahí surgió el nombre “Happy”. Tras pasar por instalaciones privadas, llegó al zoológico del Bronx en 1977. Durante buena parte de su vida compartió espacio con otros elefantes, especialmente con Grumpy, que había sido capturada junto a ella. Sin embargo, una serie de muertes y conflictos entre animales fue reduciendo el grupo.
Grumpy murió en 2002 tras resultar herida en una introducción con otras elefantas del zoológico. Más tarde murió Sammy, otra de sus compañeras. Desde entonces, Happy pasó largos períodos viviendo separada de otros elefantes, una situación que generó críticas de organizaciones animalistas, dado que los elefantes son animales altamente sociales. El zoológico siempre sostuvo que estaba bien cuidada y que trasladarla podría ser perjudicial para ella. En el comunicado donde anunció la muerte de Happy, también se refirió a Patty, otro elefante de 57 años de edad que, según la institución, está bien. “Cualquier decisión futura con respecto al cuidado y gestión de Patty continuará tomándose en base a sus necesidades de bienestar individuales y en alineación con la Asociación de Zoológicos y Acuarios”.
“El legado de Happy vivirá en los corazones de todos los que tuvieron el privilegio de conocerla. Ella fue una embajadora increíble para su especie, inspirando a millones de visitantes a preocuparse por los elefantes asiáticos y su conservación”, finalizó la institución.
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