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En un plato de comida está la receta para conservar la Amazonia

Luego de viajar por río, aire y tierra, hace poco se reunieron en Leticia representantes de comunidades de la Amazonia. Llegaron desde varios países de la región, como Perú, Brasil, Ecuador y Surinam, con un propósito: ver el Atlas que ayudaron a construir y que condensa la riqueza de la alimentación amazónica. ¿Por qué proteger su comida también es una forma de salvar la selva? El Espectador estuvo con ellos.

Catalina Sanabria Devia

02 de agosto de 2026 - 09:00 a. m.
Cientos de alimentos que se encuentran y se siembran en la selva son sustento para las comunidades que habitan la Amazonia.
Foto: Jose Luis Osorio

Hace un par de semanas, Maria Francisca Silva de Oliveira salió en bote de su comunidad de São Raimundo, en la Amazonia brasileña. Hizo un recorrido en ferri de casi 30 horas hasta Manaos, tomó un vuelo hacia Tabatinga y, desde allí, se trasladó a la ciudad vecina: Leticia. Otros representantes indígenas, campesinos y afrodescendientes viajaron desde las planicies inundables de Bolivia o volaron desde Surinam hasta Curazao, pasando por Bogotá, para arribar a la capital del departamento de Amazonas, en Colombia.

Los líderes llegaron desde 14 comunidades de la Amazonia para conocer el resultado de un trabajo que inició hace más de un año: un Atlas que detalla la riqueza histórica y cultural que se esconde detrás de un plato de comida amazónico. Todos los participantes, que venían de Ecuador, Perú, Bolivia, Brasil, Guyana, Surinam y otras partes de Colombia, se reunieron en Acapú, reserva natural de la sociedad civil a 14 kilómetros del casco urbano de Leticia.

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Conversaron en un recinto abierto: una gran estructura de madera en cuyo centro la fogata casi siempre se mantuvo encendida. Los lideres presentaron sus mapas y contaron historias de sus comunidades; hubo noches de cine en las que se proyectaron documentales sobre sus territorios y, entre todos, se preparó “patarashca”, un plato tradicional de la región.

Espacio de conversación en la reserva natural Acapú, en Leticia.
Foto: María Andrea Parra

La idea del Atlas del Alimento Amazónico, como se denomina el proyecto recién lanzado, se empezó a cocinar hace más de un año con el propósito de contar la Amazonia no desde sus problemas, como la deforestación y la pérdida de biodiversidad, sino desde lo que continúa vivo gracias al cuidado de sus habitantes.

“El alimento nos pareció la puerta de entrada más honesta a esa vida cotidiana porque hablar de comida es hablar de relaciones entre la gente, la flora, la fauna y el agua; entre memoria y futuro; entre autonomía y dependencia”, explican desde la organización Amazon Conservation Team (ACT), que diseñó y desarrolló el proyecto.

Pinchos de mojojoy en la comunidad de Chumpí, en Ecuador.
Foto: Sebastián Bright Ceballos

Por eso, los equipos de investigación de esa organización viajaron entre cuatro y cinco días a las comunidades de Yurayaco y Morroco, en Colombia; Siekoya Remolino y Chumpí, en Ecuador; Nueva Esperanza y Quiteni, en Perú; Santa María y Altagracia, en Bolivia; São Raimundo y Arapucu, en Brasil; Toka y Moraikobai, en Guyana, y Pikin Slee y Kwamalasamutu, en Surinam. “Nos abrieron las puertas. Nos compartieron su comida y sus historias, nos contaron sobre sus territorios”, detalla ACT.

Padre e hija pescando en el lago Arapucu, en Brasil.
Foto: Aline Fidelix

Aunque comparten el mismo bioma, estas comunidades habitan paisajes distintos, desde el Escudo Guayanés, donde están los cimarrones de Pikin Slee, hasta las planicies inundables, con los campesinos de Altagracia o los quilombolas de Arapucu. Otras viven en el piedemonte andino-amazónico, como la comunidad de Yurayaco, del pueblo Inga, en Caquetá.

Cuando estuvieron en esos territorios, de febrero a julio de 2025, los investigadores guiaron las conversaciones a partir de una pregunta: ¿qué nace aquí para alimentar? Las comunidades hicieron una lista de entre 150 y 350 de sus alimentos, de los cuales eligieron, cada una, los 10 más representativos. También dibujaron mapas colectivos con tintes naturales, como el del ñame morado y el achiote, e hicieron calendarios ecológicos de sus alimentos. Luego, compartieron sus relatos, cocinaron junto a los equipos de ACT y les enseñaron algunas de sus recetas.

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En São Raimundo (Brasil), el consumo de tartaruga asada a la brasa es tradicional. Se sirve en ocasiones especiales para reforzar los lazos comunitarios.
Foto: Aline Fidelix

Fueron meses de trabajo en los que participaron antropólogos, sociólogos, biólogos, ingenieros forestales, diseñadores, comunicadores y fotógrafos, entre otros. La información que recopilaron se materializó en el Atlas del Alimento Amazónico, compuesto por un libro, videos documentales, un pódcast y un juego de mesa pedagógico. Todos, excepto por la herramienta lúdica, están disponibles en línea para quien desee consultarlos.

El proyecto fue diseñado y desarrollado por ACT, y encargado por el Programa Paisajes Sostenibles de la Amazonia (ASL), programa financiado por el Fondo para el Medio Ambiente Mundial (GEF) y liderado por el Banco Mundial.

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Sopa tradicional con pescado en la comunidad de Siekoya Remolino (Ecuador).
Foto: Sebastián Bright Ceballos

“Hemos sido parte de un mismo proceso, pero esta es la primera vez que nos vemos y nos conocemos todos”, resaltó ACT durante el encuentro en Leticia. Desde una maloca del pueblo bora, la organización les explicó a los integrantes de las comunidades que habían viajado hasta allá el motivo por el cual llamó “Atlas” a este repositorio del alimento amazónico.

En la mitología griega, el dios Zeus dio al titán Atlas el mandato de sostener sobre sus hombros la bóveda celeste o, según versiones más recientes, el mundo. “Algunos de ustedes tendrán que cargar 60 kilos de libros para devolver a sus comunidades, pero más importante es cargar el compromiso de transmitir ese conocimiento de la Amazonia a los jóvenes, de celebrar el alimento, y la mejor forma de celebrarlo es reproduciéndolo, cultivándolo, cosechándolo y compartiéndolo”, dijo el equipo.

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“Algunos de ustedes tendrán que cargar 60 kilos de libros para devolver a sus comunidades, pero más importante es cargar el compromiso de transmitir ese conocimiento”.

En efecto, el último día del encuentro, tras cenar “patarashca”, los representantes empezaron el largo recorrido de vuelta. Llevaron consigo decenas de los libros del Atlas para que puedan ser leídos en sus territorios. “Les haremos conocer a nuestras comunidades que no somos diferentes a otros pueblos porque cultivamos lo mismo. Tenemos muchos alimentos en común”, aseguró Ivana Imanareico, de la comunidad campesina de Altagracia, de Bolivia.

Amasijos en la comunidad campesina de Altagracia, en Bolivia.
Foto: Sebastián Bright Ceballos

El objetivo, según Kory Barras, representante del Banco Mundial y de ASL, es “honrar el conocimiento”, que el Atlas se siga nutriendo y sea “el comienzo de muchos más esfuerzos regionales”.

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La yuca, “el hilo que atraviesa las cocinas amazónicas”

En el encuentro regional, Maike Jaachpi se conmovió por el parecido de la comida de Leticia con la de su comunidad, Kwamalasamutu, de Surinam. Notó que en la Amazonia colombiana también se consume tapioca, tal como lo hacen su papá y otros indígenas wai wai de su país. Ellos lo llaman “gomma” y es, básicamente, el almidón puro que se extrae de la yuca. “Lo que he visto aquí me ha hecho sentir cerca de la familia de mi padre”, expresó en neerlandés.

En Kwamalasamutu, en Surinam, preparan "agua de casabe", una sopa a base de yuca a la que se le puede agregar pescado o carne de monte.
Foto: Jose Luis Osorio

La yuca es un alimento de vital importancia en la Amazonia y ha estado presente en todas las comunidades que visitó el equipo de ACT. Dependiendo del territorio, se le suele llamar de distintas maneras, como mandioca, macaxeira, cassava, kasab o rumu. Es, en palabras sencillas, “el hilo que atraviesa todas las cocinas amazónicas”.

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Existen, eso sí, diferencias notorias en las tecnologías y los utensilios de cada territorio y en la forma en que preparan la yuca. Los investigadores encontraron que, mientras en las comunidades de Perú es común hacer masato con la yuca, en Brasil se transforma en fariña, un tipo de harina granulada.

Preparación de fariña en Arapucu (Brasil).
Foto: Aline Fidelix

Carmen Rodríguez, representante de Morroco, el pueblo curripaco en Guainía, explicó que en su comunidad utilizan un cesto tradicional, denominado “catumare”, para sumergir la yuca y fermentarla durante tres días. Así obtienen el “murucúi”, una masa que luego rallan, prensan y tuestan como harina para elaborar, entre otras cosas, casabe, un pan redondo y plano. Se trata de un proceso de gran “sofisticación tecnológica”, según Amazon Conservation Team, pues permite eliminar la toxicidad de la yuca amarga y volverla apta para su consumo.

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El casabe, elaborado a base de yuca, es un pan redondo y plano.
Foto: María Andrea Parra

“La yuca (Manihot esculenta) nace de una historia profunda entre los pueblos amazónicos, sus saberes y el bosque. Originaria de la cuenca amazónica, ha sido observada, seleccionada y transformada durante siglos, hasta convertirse en uno de los alimentos más importantes de la región. En ella vive una memoria agrícola antigua, paciente y minuciosa”, se lee en el libro del Atlas.

Pero además de esta raíz tuberosa, las palmas de asaí, de moriche, de chontaduro y el pescado son importantes fuentes de alimento que tienen en común estas 14 comunidades amazónicas. Algunas también basan su dieta en la caza de animales como la boruga, roedor de tamaño mediano y de hábitos nocturnos. Esa “carne de monte” se consume en los territorios de Quiteni (Perú), Chumpí (Ecuador), São Raimundo (Brasil), Moraikobai (Guyana) y Yurayaco (Colombia).

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Después de la caza, un hombre alista una boruga para ser cocinada.
Foto: Sebastián Bright Ceballos

La relación con la selva

Carmen, de la comunidad de Morroco, nunca había salido de su territorio, pero con casi cinco meses de embarazo viajó desde la Estrella Fluvial de Inírida hasta Leticia para el encuentro. Entre sonrisas, y tras comer helado de asaí, explicó la importancia que, como en muchas otras comunidades, tienen sus sistemas de cultivo.

A partir de la yuca se elabora una gran variedad de platillos tradicionales amazónicos.
Foto: Jose Luis Osorio

“El conuco (como denominan en Morroco a las parcelas donde siembran) es nuestro supermercado. Así como los blancos salen a comprar pan y arroz, del conuco obtenemos el casabe y el mañoco (ambos provenientes de la yuca). Tenemos diferentes cultivos: de ñame, batata, piña y algunos de ají. Hay gran variedad. Es primordial para nosotros”, dijo.

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En el caso de la comunidad de Carmen, cada mes los hombres van al “monte virgen” a despejar campos para las también llamadas chagras, mientras que las mujeres se encargan de su mantenimiento. “Tenemos un mes específico en el que sembramos, no lo hacemos cualquier día”. Los curripacos saben que cuando empieza a haber un vuelo masivo de mariposas, hacia finales de abril, se avecinan las lluvias más intensas. Por eso, las mejores cosechas se dan entre febrero y junio.

A cientos de kilómetros de distancia, a orillas del río Sipaliwini (Surinam), el pueblo trio de la comunidad de Kwamalasamutu también usa de guía a los insectos para producir sus alimentos. “En tiempos remotos, nuestros ancestros no sabían sobre los meses. Solían trabajar y sembrar con base en la luna o el sol y un pequeño insecto en el bosque, una cigarra, hacía un sonido muy fuerte y les avisaba que debían empezar a preparar las chagras”, apuntó Maike.

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Por su parte, Sandra Payaguaje, representante de Siekoya Remolino (Ecuador), del pueblo indígena siekopai, contó que en las chagras de su comunidad también se siembran plantas medicinales y para el uso en rituales. Pero más allá de ser solo un sistema de cultivo tradicional, el tsío, como ellos lo nombran, significa “compartir entre todos” y es la forma en que los siekopais conectan espiritualmente con la tierra. Las mujeres son sus guardianas.

Sandra Payaguaje, representante de Siekoya Remolino de Ecuador (izquierda) y Carmen Rodríguez, de la comunidad de Morroco, de Colombia (derecha).
Foto: Catalina Sanabria Devia

En un contexto en el que la alimentación global depende cada vez más de ciertos cultivos dominantes, como el arroz, el Atlas del Alimento Amazónico busca mantener y fortalecer dichos saberes como una herramienta para conservar la Amazonia. Para ACT, entender esa diversidad alimentaria construida durante siglos “es también una forma de conservación, no solo como protección del entorno, sino como continuidad de la vida”.

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Líderes de las comunidades indígenas, campesinas y afrodescendientes de la Amazonia, al cierre del encuentro en Leticia.
Foto: Catalina Sanabria Devia

*Este artículo es publicado gracias a una alianza entre El Espectador e InfoAmazonia, con el apoyo de Amazon Conservation Team.

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Por Catalina Sanabria Devia

Periodista con enfoque en temas ambientales. En El Espectador escribe, principalmente, sobre la Amazonia. También le interesan los asuntos de género y construcción de paz. Ha colaborado en medios como Rutas del Conflicto y Mongabay Latam. Ganadora del Premio Nacional de Periodismo Simón Bolívar (2022).@catalina_sanabrlsanabria@elespectador.com
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