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Hay imágenes que no necesitan muchas explicaciones. A veces, basta con darles una simple mirada para que nos ayuden a dimensionar lo que sucede en algunos puntos de la Tierra. Las que acompañan este artículo hacen parte de ese grupo. Algunas son satelitales; otras son fotografías tomadas en sobrevuelos hechos en el Parque Nacional Natural Río Puré, un lugar que no suele captar mucha atención cuando se habla de la Amazonía.
Está al suroriente de Colombia, en el límite con Brasil. Además de ser un lugar especial por su biodiversidad, fue declarado como Parque Nacional Natural en 2002 porque es el hogar de los Yuri y Passé, los pueblos indígenas no contactados que decidieron aislarse de manera voluntaria.
Pero, como lo muestran los mapas y las imágenes de estas páginas, el PNN Río Puré no está pasando por un buen momento.
“El panorama de destrucción y degradación es brutal”, resumen desde la Alianza Amazónica para la Reducción de los Impactos de la Minería de Oro (AARIMO).
“Brutal” es un adjetivo que, tal vez, se quede pequeño para lo que está sucediendo en ese río que en Brasil adquiere el nombre de Purué: mientras ustedes están leyendo este texto, hay, al menos, 41 “dragones” distribuidos en él intentando extraer oro. Son infraestructuras de más de 30 metros de longitud y tan altas como una casa de dos o tres pisos, que la Sociedad Zoológica de Frankfurt identificó en las últimas imágenes satelitales de la constelación PlanetScop que chequearon el 29 de julio.
“Podemos decir con certeza que esos 41 dragones están operando en este momento. Se ven con toda claridad y, a diferencia de otros años, se ven cada vez más cerca del territorio de los Yuri y Passé”, lamenta Ricardo Erazo Tapia, investigador de la Sociedad Zoológica de Frankfurt, que recopiló esa información en un trabajo conjunto con PNN.
De acuerdo con sus cálculos, cada una de esas balsas logra extraer hasta 3 kilos de oro al mes. A ojo de buen cubero, eso quiere decir que se podrían estar sacando de ese punto del Parque Nacional Natural Río Puré unos 120 kilogramos de oro en un mes.
En un mercado internacional en el que el oro alcanzó este año precios récord, parece que a quienes financian esas balsas poco les importa que las bombardeen de vez en cuando, como sucedió en un trabajo conjunto entre las fuerzas armadas colombianas y brasileras a finales de noviembre de 2025. Si detallan esta gráfica, verán que el 24 de febrero de este año un kilo de oro pasó a valer USD 168.252 (dólares) cuando en 2022 estuvo alrededor de los USD 60.000.
Por eso, dice Erazo Tapia, a los dos o tres días de que destruyen seis o siete dragones (14 en el caso del operativo de noviembre), regresan a trabajar. “Es una estructura muy organizada”.
De hecho, en las imágenes satelitales y las fotografías aéreas que han analizado en la Sociedad Zoológica de Frankfurt, han observado que en la línea limítrofe con Brasil hay una especie de “astillero” a donde llegan los mineros. Allí, cuenta Erazo Tapia, aparcan botes, hay dragas y, al parecer, hacen mejoras a sus balsas y a sus motores.
Luego, regresan al río Puré a seguir buscando oro y a seguir tumbando selva.
El informe que publicó hace unos días el Monitoring of the Andes Amazon Program —del cual hace parte AARIMO, Amazon Conservation Team y la Fundación para la Conservación y el Desarrollo Sostenible— es preciso en ese aspecto: han documentado 506 hectáreas deforestadas por la actividad minera ilegal en el Parque Natural Nacional Río Puré entre junio de 2024 y mayo de 2026″.
Eso quiere decir más de cuatro veces el tamaño del Parque Simón Bolívar de Bogotá, que acoge, en una porción pequeña, a todos los visitantes del festival Estéreo Picnic o el Festival Cordillera.
¡Que alguien salve al Puré!
Marisol Castro tiene un cargo difícil de memorizar: es la profesional de Prevención, vigilancia y control de la Dirección Territorial Amazonía de Parques Nacionales Naturales. En estos últimos años ha visto cómo la situación en ese punto fronterizo del río Puré se ha puesto más compleja.
Recuerda que en 2020 aún existía la sede operativa “Puerto Franco” de PNN, que estaba situada en el límite con Brasil. Sin embargo, ese año las dificultades de orden público obligaron a los funcionarios del Parque a salir del territorio y a la sede la incineraron.
“El equipo fue amenazado y tuvo que ser replegado a una sede administrativa de Leticia. Ya no podemos estar en campo”, dice Castro en una llamada.
Desde la capital del departamento del Amazonas hacen monitoreo y vigilancia con varias de las ONG que tienen sus ojos puestos sobre la zona, a través de sobrevuelos y de imágenes satelitales. También mandan requerimientos a todas las instituciones del Estado que deben estar pendientes de proteger los Parques Nacionales Naturales y a los indígenas Yuri y Passé. “A todas les hemos remitido requerimientos porque la situación es grave”, reitera Castro.
En el tiempo que le han seguido la pista al avance de la explotación ilegal de oro en el río Puré, ella ha visto tres cosas particulares: una, es el incremento de las balsas mineras. Otra, es la transformación de esas balsas mineras en enormes “dragones” que tienen prácticas más agresivas para extraer oro. Ahora cuentan con tecnología hidráulica. Y la tercera es, precisamente, que ya no sólo se está haciendo extracción en el río sino que están removiendo la cobertura vegetal en las orillas y en los meandros.
Las siguientes gráficas detallan cómo ha sido la deforestación ribereña y los mapas elaborados por MapBiomas Colombia ayudan a dimensionar la preocupación de Castro.
Karen Huertas, integrante del grupo de MapBiomas, cuenta que en el proceso para analizar lo que está sucediendo en esa área, notaron que en 2016 ya había unas huellas que sugerían el inicio de actividad minera, aunque eran muy incipientes. En el 2020, cuando el grupo de PNN tuvo que abandonar la zona, empezaron a ver indicios claros en las imágenes satelitales. Pero en el 2024 y en el 2025, la situación fue a otro precio.
“Es clarísimo cómo antes de esos dos años el margen del río estaba intacto. Ahora, en cambio, hay puntos donde detectamos que se perdieron 53 hectáreas de bosque, 37 o 29”, asegura.
Según el reporte de Monitoring of the Andes Amazon Program (MAAP), hay cuatro zonas críticas donde la minería ilegal ha afectado la ribera del río. Aunque los dos operativos de la fuerza pública colombiana y brasilera que hubo en 2025 menguaron un poco el avance de la deforestación, en 2026 ha aumentado a “un ritmo alarmante comparado con los meses del año anterior”.
Mayo fue el mes con la cifra más alta: se perdieron 177 hectáreas de bosque, es decir, dos veces el tamaño del Centro Histórico de La Candelaria, en Bogotá.
El otro problema que tiene con los pelos de punta a quienes están observando desde el aire la pérdida de una porción del PNN Río Puré es un viejo conocido de Colombia: el mercurio. Entre ellos está Juan David Varela, coordinador del laboratorio socio-jurídico, Fundación Gaia Amazonas, que ve cómo se incumple la sentencia T-106 de la Corte Constitucional, que protegió los derechos de los Jaguares de Yuruparí por los “alarmantes niveles de contaminación de mercurio”.
“Además de alterar el cauce de los ríos, remover sedimentos y afectar la calidad del agua, la contaminación por mercurio pone en riesgo los hábitats acuáticos y el sistema hidrobiológico en general (...) Las lluvias lo arrastran a fuentes de agua cercanas, afectando no solo al pueblo Yuri y Passé, sino también a los territorios indígenas colindantes”, señalan desde la Sociedad Zoológica de Frankfurt.
Ese metal, prohibido en Colombia, pero usado para separar y concentrar las pepitas de oro en el Puré, suele terminar en los organismos de los peces que pueden ser parte de la dieta de varias comunidades. “Eso no solo está comprometiendo la salud de las generaciones actuales, sino de las futuras. Estamos enfrentando un riesgo de que se extingan comunidades únicas en el mundo”, añaden desde AARIMO.
Para frenar esta tragedia se necesitan estrategias de largo plazo y no solo operativos de un día, coinciden todas las organizaciones. Deben contar con el apoyo de Brasil, pues todo parece indicar, dice el reporte de MAAP, que los “insumos, las dragas e infraestructura minera son suministradas por empresarios de municipios vecinos, especialmente Japurá (el centro urbano más próximo a esta zona), Maraã y Jutaí”.
Luego el oro viaja por los ríos Puré-Purué, Japurá y Tefé, hasta llegar a Manaos, la ciudad más importante de la Amazonía brasileña.
*Este artículo es publicado gracias a una alianza entre El Espectador e InfoAmazonia, con el apoyo de Amazon Conservation Team.
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