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Zonas Libres de Combustibles Fósiles: la puerta hacia la transición a energía limpia

Las zonas vetadas para la extracción de combustibles fósiles podrían convertirse en una figura clave para la transición energética. Cecilia Requena y Juan Pablo Osornio reflexionan en esta columna de opinión sobre el rol de este tipo de declaraciones.

Cecilia Requena* y Juan Pablo Osornio

24 de abril de 2026 - 06:00 p. m.
Opinión
Foto: El Espectador

En los próximos días, delegaciones de decenas de gobiernos se reunirán en Colombia para la Primera Conferencia sobre la Transición para Abandonar los Combustibles Fósiles. Junto con las hojas de ruta publicadas en noviembre en la cumbre climática de la ONU en Brasil, que instan a los países a eliminar gradualmente los combustibles fósiles y detener la deforestación para 2030, se está generando voluntad política para salvar nuestros recursos naturales más importantes.

Ahora, necesitamos decisiones prácticas sobre dónde y cómo funcionará esto: lugares específicos donde se trace la línea contra la extracción de nuevos combustibles fósiles. Eso es lo que ofrecen las Zonas Libres de Combustibles Fósiles.

¿Qué es una Zona Libre de Combustibles Fósiles?

Una zona libre de combustibles fósiles es un área definida, delimitada por su importancia ecológica, de biodiversidad o cultural, donde la exploración, la extracción y el desarrollo de hidrocarburos están permanentemente prohibidos.

Pensemos en las selvas tropicales, las áreas clave para la biodiversidad, los territorios de los pueblos indígenas y los ecosistemas marinos críticos. Proteger estas zonas transforma el compromiso global abstracto de abandonar los combustibles fósiles en algo tangible: un mapa, una barrera, una garantía legal.

Lo que está en juego es enorme. Las investigaciones demuestran que bloques de petróleo y gas ya se superponen con aproximadamente 179 millones de hectáreas de bosques tropicales húmedos, lo que representa cerca del 21 % de la cubierta forestal del Amazonas, de la cuenca del Congo y del sudeste asiático. A nivel mundial, casi el 27 % de los recursos petroleros convencionales se encuentran bajo áreas socioambientales de máxima prioridad.

Solo en 2024, el 85 % de los nuevos descubrimientos de petróleo se realizaron en el mar, amenazando con frecuencia a importantes ecosistemas marinos.

Colombia: un modelo para el mundo

Ningún país ilustra mejor esta posibilidad que Colombia, país anfitrión de esta conferencia (junto con los Países Bajos). En septiembre pasado, Colombia anunció una prohibición histórica de la extracción de combustibles fósiles y minerales en toda su región amazónica: la primera Zona Libre de Fósiles de esta envergadura en el mundo.

(En contexto, puede leer: La ministra Irene Vélez dijo que Colombia declaró la Amazonia como reserva libre de petróleo, pero eso no ha sucedido)

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La decisión de Colombia se produjo tras publicar nuestro informe que revelaba que el desarrollo de reservas no explotadas bajo la selva del país generaría miles de millones de dólares en activos varados, sin apenas contribuir a la seguridad energética nacional. Sin embargo, pondría en peligro el 20% de la selva amazónica intacta y los territorios de casi el 70% de las comunidades indígenas y locales cuyas tierras están superpuestas por concesiones de combustibles fósiles.

En la mayor parte de la Amazonía colombiana, el costo de la extracción supera al de la conservación. Otros países también están tomando medidas en esta dirección. México cuenta con 100 millones de hectáreas de Zonas de Salvaguarda similares; Guatemala puso fin a la extracción de petróleo en la Reserva de la Biosfera Maya, y parlamentarios de toda la cuenca amazónica han presentado legislación para extender la prohibición a toda la región.

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El argumento económico para dejar los combustibles fósiles bajo tierra

El fin de la era fósil —un período de disminución de la demanda mundial a medida que se expanden las energías renovables— implica que las reservas no convencionales y fronterizas en bosques remotos son cada vez menos competitivas. Requieren una inversión pública masiva en infraestructura, incluyendo carreteras que, a su vez, se convierten en vías para la tala ilegal, la minería a pequeña escala y la invasión agrícola.

El riesgo de activos varados es real y creciente. En 2025, el despliegue de energía eólica y solar superó toda la nueva demanda de electricidad, y más de una cuarta parte de los vehículos vendidos fueron eléctricos.

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Para los países con bosques también existe una justificación económica emergente para la protección: los bosques intactos generan empleos e ingresos provenientes de la gestión de áreas protegidas, de los servicios de las cuencas hidrográficas y del turismo sostenible, al tiempo que apoyan la agricultura familiar de la que depende la mayoría de las economías rurales.

Más de 33 millones de personas trabajan directamente en el sector forestal y existen más de 1.600 millones de pequeños productores agroforestales.

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Zonas libres de combustibles fósiles en mercados energéticos volátiles

Los países en desarrollo con reservas de combustibles fósiles sufren grandes presiones para explotarlas: sus calificaciones crediticias, su estabilidad monetaria, sus servicios sociales y su seguridad energética están ligadas a una frontera fósil en constante expansión, especialmente dada la actual volatilidad de los mercados energéticos.

El conflicto en Irán ha intensificado esa volatilidad, disparando los precios del petróleo y ejerciendo una presión inmediata sobre los países productores de hidrocarburos para expandir su producción nacional. Esta presión hace más urgente aún la necesidad de instaurar zonas libres de combustibles fósiles con suficiente respaldo y apoyo financiero internacional.

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Mecanismos financieros innovadores, como el Fondo para Bosques Tropicales para Siempre (Tropical Forests Forever Facility), un fondo presentado en la COP30 que proporcionará pagos a largo plazo a los países que protejan sus bosques tropicales, pueden modificar el cálculo económico lo suficiente como para que las zonas libres de combustibles fósiles en bosques de alta integridad sean políticamente viables.

Las industrias que lideran la transición energética, aquellas que desarrollan energías renovables e hidrógeno verde, instituciones financieras sostenibles y empresas tecnológicas con compromisos de cero emisiones netas en su cadena de suministros, también tienen un interés directo en ver realizadas zonas libres de combustibles fósiles.

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Los bosques intactos son fundamentales para la seguridad hídrica de la agricultura y la generación de energía y actúan como sumideros de carbono. Además, los riesgos reputacionales y legales de las inversiones en zonas de combustibles fósiles están aumentando. Actualmente, 11 bancos han aplicado diversos niveles de restricciones financieras al sector del petróleo y el gas en la Amazonía.

Algunas de estas políticas son contundentes; otras se acercan al greenwashing, pero estos compromisos demuestran en general que los bancos reconocen los crecientes riesgos de financiar dichos proyectos.

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¿Qué debería ocurrir? Nuestra esperanza para la conferencia en Colombia es que, como mínimo, las zonas libres de combustibles fósiles se consoliden como parte de una visión internacional compartida para la transición energética. En el mejor de los casos, una coalición de países se comprometería a incluir dichas zonas en sus planes nacionales de transición justa y adoptaría un marco común con principios para identificar nuevas zonas y directrices de implementación para otros países.

Declarar zonas libres de combustibles fósiles representa una vía de acceso práctica para aquellos países que desean avanzar en la transición energética y que necesitan un punto de partida concreto y geográficamente definido.

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Además, representa una oportunidad también para avanzar la hoja de ruta contra la deforestación, traduciendo el compromiso global de detener la pérdida de bosques en acciones específicas que contrarrestan una causa importante de la deforestación. La cuestión ya no es si la extracción de combustibles fósiles cesará, sino si ese final será controlado o caótico, poniendo en peligro los ecosistemas más críticos del planeta.

Las zonas libres de combustibles fósiles ofrecen la esperanza de prevenir daños irreversibles a los bosques, los ecosistemas marinos y las comunidades indígenas que representan la mejor garantía que nos queda a la humanidad contra el colapso climático, un territorio tras otro.

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*Senadora boliviana, Parlamentarios por un Futuro Libre de Combustibles Fósiles.

**Director de Vinculación y Políticas Públicas, Earth Insight

***Este artículo es publicado gracias a una alianza entre El Espectador e InfoAmazonia, con el apoyo de Amazon Conservation Team.

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