18 Nov 2020 - 4:31 p. m.

Ambición decidida: lo que Colombia necesita para enfrentar el cambio climático

Isabel Cavelier Adarve*

La ambición de Colombia ha sido, hasta la fecha, tibia. Las políticas de gobierno han sido contradictorias y la vulnerabilidad del país es muy alta. El costo de nuestra inacción, que ya estamos viviendo, aumentará exponencialmente en años venideros.

*Co-fundadora de Transforma y asesora senior en Mission2020.

A menos de 24 horas de quedar San Andrés y Providencia arrasados por el huracán Iota, el gobierno colombiano aseguró en el debate de control político, convocado por congresistas, que mantendrá una “ambición prudente” en su contribución para enfrentar el cambio climático. Ante tal falta de empatía con la magnitud de la tragedia, pareciera que los habitantes del archipiélago tendrán que resignarse a tener una “paciencia prudente” para enfrentar los embates de huracanes cada vez más fuertes y frecuentes como consecuencia de la crisis climática que vivimos. ¡Qué ironía!

Con recordatorios dolorosos como la catástrofe que se vive en el Caribe y las inundaciones causadas por fuertes lluvias en el Chocó, que merecen nuestra solidaridad y generosidad absoluta, es incuestionable que Colombia debe aumentar de manera decidida su ambición climática. Por el país y por lo que eso implica en términos de los esfuerzos globales colectivos de los que dependemos para alcanzar las metas de cambio climático.

La verdad es esta: la ambición de Colombia ha sido, hasta la fecha, tibia. Las políticas de gobierno han sido, hasta la fecha, contradictorias, cuando menos (¿fracking, más termoeléctricas?). La vulnerabilidad del país es muy alta. Y el costo de nuestra inacción, que ya estamos viviendo, aumentará exponencialmente en años venideros.

El Acuerdo de París sobre cambio climático llama a que todos los países vuelvan a la mesa en 2020 con compromisos más ambiciosos que los anteriores. Y la ciencia es clara: el mundo debe iniciar el descenso definitivo de las emisiones globales este año; debe reducirlas a la mitad para 2030, restaurar los ecosistemas y llegar a una economía de cero emisiones netas a más tardar a mediados de siglo, para mantenernos dentro de los límites menos inseguros (porque buena parte de las catástrofes ya están ocurriendo hoy) de no aumentar la temperatura global por encima de 1.5°C.

Colombia, hasta ahora, mantiene un compromiso tímido de reducir sus emisiones en un 20% a 2030, respecto de una trayectoria de crecimiento de emisiones proyectada como “business as usual” (es decir la trayectoria que seguiríamos si no tomáramos ninguna medida para reducir las emisiones). Esta meta “relativa” (del tipo: “seguiré aumentando mis emisiones, pero las aumentaré un poco menos de lo que estaba proyectado”) fue adoptada en 2015, e incluye también otras metas relacionadas con la adaptación a los impactos del cambio climático y las fuentes de financiación para alcanzarlas.

Hoy, a la luz de la nueva ciencia, de los avances tecnológicos, y de la tendencia irreversible a nivel global hacia la descarbonización acelerada, el gobierno de Colombia debe demostrarnos a nosotros, sus ciudadanos, que se tomaron todas y cada una de las medidas necesarias para que no tengamos que sufrir de manera repetida e intensificada lo que hoy sufren nuestros connacionales del archipiélago que con tanto ahínco hemos defendido como parte de nuestro territorio.

Señor Presidente, señor Ministro de Ambiente y Desarrollo Sostenible, Señor Ministro de Hacienda: si Colombia quiere figurar entre los países razonables en el próximo aniversario del Acuerdo de París, el 12 de diciembre, es  fundamental ser consistente con el liderazgo regional que predican, y lo que es más importante, si somos honestos frente a nuestra propia vulnerabilidad y vamos a aprovechar la oportunidad que representa para nuestra economía el camino de la descarbonización, lo mínimo es que la nueva meta de Colombia esté plenamente alineada con la ciencia y con nuestro propio compromiso de carbono neutralidad a 2050.

La meta debe ser una reducción de al menos el 55% respecto de la línea proyectada, y debe ser expresada en términos absolutos (no relativos): debemos llegar a no más de 155 millones de toneladas de CO2 equivalente en 2030. Esto, además de redoblar los esfuerzos para adaptarnos, alinear todo nuestro ejercicio presupuestal con estas metas, y todos los esfuerzos de recuperación, implica un compromiso inequívoco y de ambición decidida de acabar con la deforestación.

¡Esto es lo mínimo! El siguiente paso urgente será tener un plan serio para alcanzar estas metas, y alinear nuestra política de Estado - no de gobierno sujeta a los albures de quién esté de turno - con nuestro propio bienestar, competitividad, y futuro deseable. Un futuro de desarrollo sostenible y regenerativo. Un futuro sin fósiles. Un futuro con bosques. Con agua. Con aire limpio. Con salud. Con trabajos justos y equidad. Con niños que salen a jugar tranquilos, sanos y en paz. El futuro - y el presente - que todos podemos soñar juntos.

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