22 Feb 2021 - 2:00 a. m.

Así “cantan” los bocachicos del Magdalena cuando llega la hora de la reproducción

Todavía no conocemos mucho acerca de los sonidos que hacen los peces. Una investigación arroja pistas sobre una de las especies más emblemáticas del río Magdalena: el bocachico. Si el macho no canta cuando está listo para reproducirse, las hembras no sueltan sus huevos y no hay descendencia.

Mi sobrino, de dos años, lleva los últimos meses aprendiéndose los nombres de una decena de animales. En su libro favorito, además de señalarlos, imita el sonido que hace cada uno luego de decir cómo se llaman; excepto cuando aparecen los peces. A esos solo los nombra.

Hasta hace unos días yo tampoco relacionaba los peces con algún sonido. Lo más cercano era, tal vez, el ruido que hacen las burbujas al salir de su boca en los dibujos animados. Lo común, seguro, es pensar que son animales mudos, que no emiten algún sonido en particular. Sin embargo, en una videollamada con una científica que lleva años trabajando con peces y pescadores en el río Magdalena, escuché por primera vez a un bocachico “cantar”.

Como en muchos animales, la comunicación por medio del sonido también tiene un papel fundamental en algunos peces: ayuda a defender territorios, advierte de amenazas o depredadores, o llama la atención de una posible pareja. Pese a que no tienen orejas, estos animales sí tienen un oído medio e interno que les permite comunicarse entre sí. De hecho, se estima que un tercio del total de especies de peces en el mundo tiene la capacidad de emitir algún tipo de señal acústica (como gruñidos, ronquidos o golpes). Pero en Colombia es muy poco lo que se ha estudiado al respecto.

Silvia López, doctora en Biología de la Universidad de Antioquia y experta en conservación y gestión de pesquerías de agua dulce, es una de las pocas personas en el país que ha decidido investigar sobre la hidroacústica en peces de río. “Desde hace décadas el conocimiento tradicional de los pescadores artesanales en Colombia ha reconocido la existencia de los cantos de peces en las cuencas más importantes del país. Los pescadores del Magdalena, por ejemplo, han notado el llamado de los bocachicos y otros peces migratorios, pero nunca nos habíamos puesto a estudiarlos y caracterizarlos”, explica.

Por eso, junto con el Grupo de Ictiología de la U. de Antioquia (GUIA) y la ONG The Nature Conservancy (TNC) se pusieron en la tarea de recorrer varios puntos de la macrocuenca Magdalena-Cauca (sectores del río Sinú y Nechí, Puerto Berrío, Puerto Triunfo, Caucasia, Montería y Barrancabermeja) siguiendo el canto de los bocachicos. Con ayuda de un hidrófono —micrófono acuático que nos permite escuchar mucho mejor bajo el agua— analizaron y describieron el canto del bocachico. Su frecuencia, intensidad, periodicidad, etc.

Uno de los hallazgos más fascinantes de su investigación, publicada en la edición más reciente de la revista científica Biota Colombia, fue identificar que el canto de los bocachicos (machos) era una señal de alerta que avisaba que estaban listos para reproducirse. “Evidenciamos que los sonidos hacen parte del cortejo y que es necesario que haya canto para que las hembras expulsen los huevos al tiempo que los machos liberan sus espermatozoides en el agua. Es tan fundamental que si no hay sonidos, no hay desove; es decir, no se dará una fertilización exitosa en el agua”, explica la bióloga.

Este hallazgo tiene grandes implicaciones también para la conservación de la especie. Aunque el bocachico es uno de los peces icónicos del Magdalena (no hay caseta a orillas de río en la que no lo ofrezcan para el consumo de locales y visitantes), sus capturas han bajado drásticamente en los últimos años. ¿Los motivos? La contaminación del agua, la desarticulación del río con las ciénagas (adonde llegan los huevos fecundados, convertidos en larvas, y se alimentan hasta madurar y salir al río a reiniciar el ciclo migratorio y reproductivo), la presencia de hidroeléctricas y la contaminación sonora. “Si esta última es muy alta”, asegura López, “se puede tener una pérdida del éxito reproductivo”.

Sin embargo, saber que los bocachicos “cantan” en el momento de la reproducción también es una señal muy importante para identificar las áreas clave de desove y asegurar el mantenimiento de la especie. “Si conoces los momentos y lugares donde ocurre la reproducción, puedes optimizarla, evitando que haya cierto tipo de prácticas en esas zonas durante los períodos reproductivos”, explica la experta. “Podrían aplicarse medidas como la restricción del uso de motores en esas zonas durante las épocas de reproducción, trabajar de la mano con los pescadores para permitir que se reproduzcan y no se pesque en esos lugares durante esos días, evitar el vertimiento de residuos contaminantes en esas áreas del río, etc.”.

Hacerlo, asegura, no solo garantiza que el río pueda cumplir con su función de “incubadora” y lleve a los embriones flotando hasta las ciénagas para que reinicie el ciclo de vida, sino que también trae beneficios para los restaurantes, bolsillos, economías y familias de la cuenca. “Especies como el bocachico aportan hasta el 93 % de las capturas de los pescadores durante la subienda, son los que sostienen y dinamizan la economía de estos pueblos”, concluye López.

Comparte:
X