30 Aug 2018 - 1:47 a. m.

Así es como el popó de las ballenas podría ayudar a protegerlas

Los hallazgos sobre la importancia de la materia fecal de estos animales en el mantenimiento de la buena salud de los océanos se han convertido en uno de los principales argumentos de los conservacionistas para evitar su caza.

-Redacción Medio Ambiente

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“La comunidad científica está empezando a entender el nuevo valor de las ballenas: su rol en el mantenimiento de océanos con buena salud y productivos”. Sue Fisher es consultora de vida silvestre marina del Animal Welfare Institute (Pensilvania, Estados Unidos) y con esas palabras intentó resumir al portal Scientific American los hallazgos sobre un asunto que desde hace varias décadas ha inquietado a los biólogos marinos: ¿Cuál es la función de las heces de estos enormes mamíferos? 

En los últimos años ese interrogante ha empezado a ser resuelto y, poco a poco, se ha convertido en un argumento clave para conservar a estos animales. “Estamos empezando a ver a los gobiernos usar esta razón para justificar medidas para proteger a las ballenas”, dijo Fisher. (Lea Colombia busca eliminar las pruebas cosméticas en animales)

En pocas palabras, lo que algunos estudios sugieren es que la materia fecal de estos animales es clave para la salud de los mares. Proporciona nutrientes esenciales en la cadena alimenticia y, además, contribuye al ciclo del carbono del océano.

Joe Roman, por ejemplo, es biólogo de la Universidad de Vermont y es una de las personas que ha más ha contribuido a robustecer esas investigacines. En 2010 publicó junto a James J. McCarthy, de la Universidad de Harvard, un estudio en la revista Plos One que sugería que el popó de las ballenas generaba unas 23 mil toneladas metricas de nitrógeno en el Golfo de Maine, en el noreste de Norteamérica. (Lea La polución nos hace más tontos)

“Es bien conocido que microbios, zooplancton y peces son fuentes importantes de nitrógeno reciclado en aguas costeras. Sin embargo los mamíferos marinos han sido extensamente ignorados o descartados en este ciclo”, apuntaban los investigadores en el artículo. “Incluso con poblaciones reducidas, los mamíferos marinos proporcionan un importante servicio ecosistémico”

Tal y como lo registra Scientific American, ese nitrógeno tiene una importancia fundamental: “fertiliza” el mar, pues contribuye al sostenimiento del fitoplancton, unas plantas microscópicas que alimentan el plancton animal, una de las fuentes primordiales de nutrientes para los peces.

Así mismo, al estimular el crecimiento de esas plantas diminutas, el excremento de las ballenas también ayuda a frenar el cambio climático. ¿La razón? El fitoplancton elimina el carbono de la atmósfera y, al morir, lo transporta a lo más profundo del océano.

Estas evidencias, justamente, han cambiado paulatinamente la visión del principal organismo en asuntos balleneros: la Comisión Ballenera Internacional (IWC, por sus siglas en inglés). Si bien estos animales han sido una fuente de riqueza importante para algunos países, esta entidad ha empezado a incluir los argumentos científicos entre sus razones para permitir o no la continuidad de la caza.

De hecho, en 2016 aprobó una resolución que reconocía el papel central de estos mamíferos (y de los delfines) en los ecosistemas oceánicos. Desde entonces, el debate no ha dejado de generar polémica y será uno de los puntos centrales en la próxima reunión de la IWC, que se llevará a cabo en septiembre en Brasil.

La reunión, sin embargo, promete ser acalorada. Entre los 88 países miembros hay posiciones encontradas. Mientras que Chile está alentando a los otros gobiernos a integrar ese valor ecosistémico de las ballenas a la hora de tomar decisiones locales, Japón ha insistido en reanudar la caza comercial. Es difícil predecir cómo votarán los representantes de las otras naciones cuando el tema esté sobre la mesa, pero para científicos como Roman, hay, en el fondo, un punto muy valiosos: que los argumentos científicos tengan cada vez más peso.

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